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De Ana Orantes a Rocío Carrasco: cuando la televisión española refleja la violencia machista

© Europa Press / TELECINCO.ESRocío Carrasco, durante la primera entrega de 'Rocío, la verdad para seguir viva'
Rocío Carrasco, durante la primera entrega de 'Rocío, la verdad para seguir viva' - Sputnik Mundo, 1920, 10.04.2021
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Los testimonios en el medio audiovisual de víctimas de agresiones o asesinatos a manos de sus parejas a lo largo de los años han servido para generar conciencia, impulsar leyes e incluso para incrementar las peticiones de ayuda.
"Ya vinieron palizas, cogerme de los pelos, darme contra la pared… Yo no podía respirar, yo no podía hablar, porque yo no sabía hablar, porque era una analfabeta, un bulto. Que yo no valía un duro. Y así, 40 años". Esas fueron las palabras de Ana Orantes en un programa del canal autonómico andaluz. La fecha, 4 de diciembre de 1997. 13 días después, esta mujer nacida en Granada era asesinada en el patio de su casa. Su exmarido, José Parejo, la prendió fuego debajo de un níspero.
El testimonio de Ana Orantes fue un punto y aparte en la historia de la televisión española. Se considera el primero sobre violencia machista en desvelarse públicamente, a ojos de una audiencia impertérrita. La presentadora, Irma Soriano, negaba con incredulidad y desazón. Tiempo después, en un podcast sobre este Orantes, solloza recordando aquel día en que se produjo un momento "tan valiente" y cavilando sobre cómo podría haber evitado el fatal desenlace.
Su muerte se convirtió en un hito. A finales del siglo XX, en España todavía no existía un apartado judicial concreto sobre agresiones machistas. No había juzgados específicos de violencia contra la mujer ni un número de ayuda, el 016. Tampoco se tramitaban denuncias con órdenes de alejamiento. Gracias a aquellas declaraciones de Orantes, se empezó a trabajar para remodelar el Código Penal y se aprobara la Ley Integral contra la Violencia de Género, que llegó en 2004.
Más de dos décadas después, las cámaras vuelven a registrar otro caso de agresiones. Rocío Carrasco, hija de la tonadillera Rocío Jurado y del boxeador Pedro Carrasco, figuras clave de la cultura española, narra a lo largo de varios capítulos su experiencia con Antonio David, expareja y padre David y Rocío, sus hijos. La celebridad, habitual en el papel cuché y en los programas de cotilleo, relata el inicio del idilio, los altercados posteriores y las escenas de malos tratos.
"Entonces ya hay algún episodio de agresión verbal: inútil, no sirves para nada…", dice sobre un momento de vida común, al poco de haber oficializado la relación, "luego pasó a mayores. Recuerdo un tirón del pelo, me tira para abajo. No sé el porqué, de dónde viene (…) Otra vez me agarra y me da en la mesa. Y me culpa de todo".
Afirmaciones que se emiten en prime time —con 3,7 millones de espectadores, un 33% del share— y generan un alud de reacciones. El nombre de la protagonista y del documental, Rocío, contar la verdad para seguir viva, pasan al debate público. Las redes se llenan de mensajes de apoyo, la exclusiva da pie a nuevos programas y tertulias en torno a las revelaciones de Carrasco. Incluso la Ministra de Igualdad, Irene Montero, concede una entrevista en Sálvame, símbolo por antonomasia de la telebasura patria.
"Siempre vamos a estar ahí cuando una mujer se atreve a dar el paso de denunciar una situación de violencia machista", aduce, "sé que hay muchas mujeres siguiendo este programa, muchas mujeres hablando de este tema con sus familias, con sus hermanas, con sus amigas. De media, una mujer que sufre violencia machista tarda en denunciar ocho años y ocho meses. Es una barbaridad. Tienen miedo de no ser creídas. Por eso es tan importante el grito ‘hermana, yo sí te creo’, que se volvía a repetir con Rocío Carrasco”.
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Con el programa se multiplican los respaldos. "Rocío Carrasco es una mujer valiente, una superviviente. Su testimonio tiene un gran valor para visibilizar la violencia de género. No pararemos hasta que la vida sea segura y libre para todas las mujeres", anotaba Adriana Lastra, vicesecretaria general del PSOE, en consonancia con las palabras de otros parlamentarios como Íñigo Errejón o de celebridades como Belén Esteban.
Hasta Rocío Monasterio, diputada de Vox, participa con un par de frases de apoyo que sirven, a la vez, de propaganda sobre su línea ideológica, que niega la violencia de género: "Hoy media España ha entendido lo que es el síndrome de alienación parental. Lo sufren miles de niños, unos víctimas de padre, otros de madre".
Todos coinciden en que el medio ha sido clave: la televisión sirve de amplificador de mensajes. E igual que cualquier personalidad expuesta a los focos es defenestrada o aupada en cuestión de segundos, una denuncia pública de este tipo de actos puede dar el empujón a otras personas en la misma coyuntura. De hecho, entre el 22 y el 28 de marzo, las llamadas en el teléfono de auxilio crecen un 42%, de 1.458 a 2.069, según informó el Ministerio de Igualdad.
Paralelamente, afloran varias discusiones. Algunas se centran en el papel de la cadena, Telecinco, quien ha contado durante décadas en plantilla con Antonio David (expulsado después de la emisión del documental) y mantiene formatos denigrantes para la mujer. Otros, sobre cómo después de 24 años desde Ana Orantes, el debate sigue siendo un tabú. Por qué se silencia o sigue apareciendo con titulares ambiguos, que no aclaran tajantemente de quién ha sido la culpa.
Algunas voces enumeran ejemplos parecidos: la reciente miniserie sobre Nevenka Fernández, la confesión de Demi Lovato sobre violaciones en su juventud, la presión contra Britney Spears, sobre la que acaban de hacer un documental, e incluso las acusaciones de Lady Di o Meghan Markle hacia la familia real inglesa por racismo o clasismo.
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"El problema es que el machismo es estructural", explica Beatriz Revelles a Sputnik. La profesora de la Universidad de Granada, que imparte clases en un máster de Estudios de las Mujeres y Literatura de Género, cree que estos testimonios continúan llamando la atención porque existe todavía un relato parcial. "Salen ahora, con el feminismo en pleno foco mediático exponiendo debates internos y públicos, pero continúan explicando cómo la violencia contra las mujeres no atiende de clases ni contextos", puntualiza, comparando a Ana Orantes, mujer anónima de un pueblo andaluz, y Rocío Carrasco, la hija de una figura del flamenco y antaño conocida en la farándula como Rociíto.
Para Revelles, el patrón es similar. "Lo que se ve siempre es cómo se las aísla, cómo se repite el estigma de 'mala madre' y se duda de sus palabras", añade, señalando cómo, tras esa primera parte, el documental se desvía a reacciones, polémicas y otras tramas alejadas de la matriz que son las agresiones.

"Lo que hace falta es seguimiento experto una vez que esos relatos se han hecho públicos, que esas mujeres se sientan acompañadas", arguye la experta, que valora como positivo el efecto: "El discurso mediático puede tener una influencia. Puede concienciar a los ciudadanos y trasladarlo a los políticos".

No es una baza segura, pero puede acarrear avances. Ana Orantes ayudó a la tipificación del delito, pero no acabó con los asesinatos. Desde el 1 de enero de 2003, día en que se comenzó el registro, hasta ahora, 1.083 mujeres han muerto a manos de hombres, según la Delegación de Gobierno para la Violencia de Género. Con un aumento progresivo de casos y con cinco víctimas en lo que va de 2021. Ninguna había presentado denuncia.
La profesora de Periodismo Ana Bernal-Treviño comentaba en un programa de la SER que "la ley de Violencia de Género de 2004 deja muy claro que los medios no solo deben informar, sino también visibilizar. Los medios tienen un compromiso con la violencia de género". "La ruptura del silencio ayuda a romper la impunidad y a crear conciencias", evaluaba Bernal-Treviño a raíz del documental, que identificaba el caso de Rocío Carrasco como de "violencia institucional".
"No sólo es ejercida por parte de la justicia, que estaba fallando, sino también por parte de otras instituciones. La violencia institucional es algo que se está denunciando hace mucho tiempo por parte de muchas mujeres y a la que se está haciendo oídos sordos", agregaba.
Inés Herreros, fiscal de la Unión Progresista de Fiscales y vocal del Consejo Fiscal y miembro de la Comisión de Igualdad, añadía en el mismo programa de radio que "esto va a ser un antes y un después, como ocurrió con Ana Orantes". De momento, ha puesto de relieve esas agresiones verbales y no verbales en algunas relaciones de pareja, activando la búsqueda de socorro y el debate en diferentes esferas, desde la sobremesa hasta los despachos de Moncloa.
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