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El caso Nevenka: cuando España vivió el primer #MeToo y se enfrentó a una denuncia por acoso sexual

© Foto : Cortesía de NetflixNevenka Fernández atiende a los periodistas en la entrada al juicio de 2001
Nevenka Fernández atiende a los periodistas en la entrada al juicio de 2001 - Sputnik Mundo, 1920, 04.03.2021
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Un documental recupera la historia de una concejal de Ponferrada que denunció al alcalde de esta ciudad leonesa por acoso y fue juzgada públicamente.
Para abordar la primera condena de acoso sexual en España habría que contemplar algunos parámetros de la época. La magnitud del caso de Nevenka Fernández y su denuncia por acoso sexual a un cargo político no se entiende sin un contexto concreto. Hablamos del año 1999, fin de siglo en un país con la economía disparada y un gobierno de derechas arrasando en las elecciones. El Partido Popular (PP), liderado entonces por José María Aznar, había derrotado al PSOE de la Transición y encaminaba un recorrido victorioso y, hasta entonces, sin escándalos de corrupción.
Las caras de entonces resaltaban por ser esa vieja guardia que mantuvo los hilos durante generaciones: Miguel Ángel Rodríguez, Mariano Rajoy, Rodrigo Rato o algunos líderes locales fuertes como Teófila Martínez en Cádiz o Eduardo Zaplana en la Comunidad Valenciana. A esta coyuntura se le suma el factor socioeconómico, con un crecimiento continuado del Producto Interior Bruto (PIB) que se sostuvo hasta 2007 y que tenía que ver, sobre todo, con la construcción y el sector servicios.
Iba viento en popa, sin miedo a un pinchazo del sistema. El desempleo rozaba mínimos, situándose en torno a los dos millones, e imperaba la solidez del bipartidismo. En Ponferrada, un pueblo de León (al noroeste de España) con unos 60.000 habitantes, Ismael Álvarez, un empresario local, encadenaba las victorias al mando. Concejal desde 1991, en el 95 logra una mayoría relativa que salva con tres tránsfugas. Y en 1999 ofrece entrar como tercera de lista a Nevenka Fernández, la hija de unos amigos familiares de 24 años.
Guapa, lista, espabilada. Esos eran los tres adjetivos que remarcaban los compañeros y opositores. Había estudiado exitosamente la carrera de Derecho. Estaba a punto de acabar un máster. Era aplicada, resuelta. Y refrescaba ese lienzo engominado del ejecutivo. Dudó, pero aceptó: en 2000 se presenta de concejala con el Partido Popular. Va de la mano de Carlos López Riesco, número dos, y Álvarez, que se muestra cercano. Una especie de padrino en un municipio donde era de sobra conocido y gozaba de cierto clientelismo: de él dependían muchas familias, tanto por sus clubes nocturnos como por su manga ancha a la hora de recalificar terrenos.
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Su imagen, no obstante, se expandía a otros lares, más allá de su papel como representante ciudadano. El nombre de Ismael Álvarez, con 49 años y una mujer enferma, saltaba en las charlas como el de un donjuán, un adulador empedernido. Y Nevenka Fernández, encargada de la concejalía de Hacienda, pronto lo corroboraría: en un par de ocasiones tempranas dialogan sobre asuntos personales y nota esa cercanía. Le comenta la situación grave de su esposa y le trae regalos de algunos viajes.
Hasta que muere su mujer, a los pocos meses. El funeral retumba en Ponferrada. Y acerca aún más al alcalde y la concejala. Llega el punto en que Fernández, habiendo dejado una relación con su novio del pueblo, sucumbe a sus palabras e inicia una especie de romance. Pasan noches juntos y algún fin de semana. Consuman sexualmente su proximidad a finales de año. Y el 12 de marzo de 2000 llegan las elecciones generales, en las que José María Aznar revalida su presidencia con mayoría absoluta.
© Foto : Cortesía de NetflixNevenka Fernández en una imagen actual
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Nevenka lleva tiempo incómoda. No le convence el idilio con su superior. Y vuelve al noviazgo previo. Casi como un escudo, confiesa. Ahí comienzan los problemas. Ante su ausencia en la celebración de los comicios, Ismael Álvarez se lo deja claro: le va hacer la vida imposible. Se encadenan las amenazas, presiones, desplantes. La relación es tan tensa que hasta los contrarios se dan cuenta. La concejal se deteriora físicamente y pide la baja por depresión. Se traslada a Madrid y se aleja del ambiente que reina en su tierra.
Aumenta su malestar y termina ofreciendo una comparecencia que pasará a la intrahistoria nacional: en un salón del Ayuntamiento, con varios medios locales, Fernández presenta su dimisión y denuncia el "infierno" y las "vejaciones" del edil. Unas horas antes, relata, sus abogados habían presentado una querella criminal contra Álvarez en el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León. La tormenta interior se hace oficial, así como el juicio. Esa secuencia, que introduce el documental Nevenka, emitido por Netflix para 190 países a partir del 5 de marzo, provocará un torbellino en el partido y en la opinión pública.
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"Tras manifestar repetidamente a Ismael no tener claros mis sentimientos, la relación se acaba. Es a partir de ese momento cuando empieza para mí un infierno. Mi negativa provocó su acoso. Su actitud de presión se tradujo en notas manuscritas, mensajes en el teléfono móvil, cartas, comentarios verbales que prefiero no reproducir literalmente y un desprecio absoluto hacia mi trabajo y mi persona mediante descalificaciones, actos y vejaciones que atentaron contra mi integridad física y psíquica", cuenta, en un alegato que, dos décadas después, suena al primer #MeToo del país.
El relato no acaba así. Algunos vecinos responden con vehemencia. "Nadie es acosado si no pone de su parte", gritan algunos viandantes en manifestaciones de apoyo a Ismael Álvarez que congregaron a miles de personas. La gente lo arropa. Él niega todo. Es más: dice que es Nevenka quien le ha perseguido. El ejecutivo da la espalda a la joven, los debates se polarizan e incluso la Asociación para la Defensa de la Mujer Acosada (Apadema), que había ido con ella al juicio, retira su apoyo al cabo del tiempo.

"Lo único que se va a comunicar es que tanto el equipo jurídico de Apadema como la junta directiva ha decidido retirar la confianza en Nevenka Fernández. Éste es el motivo exclusivo por el que hemos renunciado y no vamos a decir absolutamente nada más", reseñó la portavoz de la asociación en 2002, antes del veredicto.


Ese llegó el 30 de mayo de ese año: Álvarez fue condenado a nueve meses de cárcel, una multa de 6.480 euros y una indemnización a la víctima de 12.000 euros por acoso sexual. Era la primera vez que ocurría algo así. El primer caso de condena por acoso sexual a un político. La resolución judicial exponía que "ante la negativa de Nevenka Fernández a mantener unas relaciones sexuales inicialmente consentidas, insiste —Ismael Álvarez— en la solicitud y, con abuso de superioridad jerárquica, provoca en la víctima una situación objetiva gravemente hostil y humillante". También daba por válida la angustia y depresión de la denunciante y concluye que la narración de los hechos es "verosímil, coherente y verídica".
Álvarez dimitió inmediatamente, sin directrices del partido ni códigos de conducta. Y sin todavía una ley exclusiva contra la violencia de género, firmada en 2004. De hecho, algunas voces afines lo defendieron. La mujer del entonces presidente de Gobierno, Ana Botella, pronunció "un respeto total por el alcalde" porque había tenido "una postura impecable al dimitir antes de que haya una sentencia firme". La actuación del fiscal también fue controvertida. José Luis García Ancos, al que se le apartó del caso, llegó a espetar en el interrogatorio: "¡Usted no es la empleada de Hipercor que le tocan el trasero y tiene que aguantarse porque es el pan de sus hijos!".
Esta recién incorporada a la política gana el pulso jurídico, pero tiene que marcharse de su pueblo. Y de España. Desaparece incluso cuando un escritor como Juan José Millás (que participa en la serie) publica Hay algo que no es como me dicen: El caso de Nevenka Fernández contra la realidad. En el primer episodio del documental, al que ha tenido acceso Spuntik, el autor dice que la concejal era como un pez de color en una pecera: el resto, atraído, la arrinconaba y no podía protestar a pesar del malestar.

"El acoso que sufrió Nevenka le obligó a descender a los infiernos, a renunciar al mundo que siempre había creído suyo sin tener otro para sustituirlo. Lo que ocurrió llevó a la víctima a sentirse culpable", expresó Millás durante la presentación del libro, en 2004.

"Han pasado tres años y nadie de su familia política, el PP, le ha dado muestras de apoyo", agregó, distinguiendo cómo ella se había tenido que marchar de España y el alcalde seguía en su localidad, dando incluso pregones. Lo de Nevenka, apuntaba el escritor y columnista, no es un hecho aislado en España: "El acoso sexual como modo universal y ancestral de violencia es criticado públicamente pero demasiadas veces es consentido en la práctica".
Quizás esa percepción haya cambiado. Las coordenadas de 2000 no encajan en 2021. No solo porque España cuente con un gobierno de coalición de izquierdas (en realidad, bastante reciente y con tiranteces a diario), sino por el revulsivo a estas prácticas desde una esfera social. El movimiento #MeToo, las multitudes del Día de la Mujer (celebrado cada 8 de marzo) y la reivindicación de la sororidad han alterado el panorama. Por eso, Nevenka Fernández da la cara. Dos décadas después. Cansada de que se repitan los casos como el suyo y de que las denunciantes sigan saliendo ocultas, de espaldas, con la voz distorsionada. Aunque recordando aquella lectura del comunicado se emociona, ahora, con las heridas cicatrizadas, lo tiene claro: "Hice algo que tenía que hacer. Si no lo hubiese hecho, me habría muerto".
© Foto : Cortesía de NetflixNevenka Fernández en una imagen del documental
Nevenka Fernández en una imagen del documental - Sputnik Mundo, 1920, 23.02.2021
Nevenka Fernández en una imagen del documental
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