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    Los científicos de la Universidad de Purdue elaboraron un modelo visual de la consecuencias de una sola tos para los pasajeros de un avión. 

    La pandemia del coronavirus paralizó los viajes aéreos de manera sin precedentes. Según los datos de la Administración Federal de Aviación de EEUU (FAA), los viajes en avión han disminuido en un 95% con respecto a los niveles normales.

    En el mundo pospandemia resulta esencial la seguridad higiénica dentro de las cabinas de pasajeros que siempre han supuesto un riesgo de transmisión de todo tipo de gérmenes, gracias a la proximidad, a las numerosas superficies multitáctiles y a la falta de aire fresco.

    Sin embargo, tras el reinicio de los contactos aéreos entre los países, los pasajeros todavía no pueden sentirse lo suficientemente confiados, según la nueva visualización de los científicos. 

    El gráfico en movimiento muestra las secuelas de una sola tos en un avión, con diminutas gotas invisibles que se dispersan por toda la cabina y que posiblemente infectan a un gran número de compañeros de viaje.

    En el estudio los científicos suponían las probabilidades de contraer el SARS como sustituto de otros virus peligrosos que podrían surgir.

    Los investigadores encontraron que los pasajeros sentados con un paciente de SARS en una sección de siete filas de un Boeing 767 tendrían una posibilidad entre tres de enfermarse en un vuelo de cinco horas. En un vuelo más corto de un 737, el riesgo era de una entre cinco. 

    El estudio de Purdue asumió que el virus podría permanecer en el aire por largos períodos, lo cual es diferente de lo que ocurre típicamente con el nuevo coronavirus.

    ¿Qué pueden hacer los fabricantes de los aviones?

    La lucha contra las enfermedades y la preparación para el desastre no eran las principales prioridades de la industria aeronáutica a medida que los viajes aéreos mundiales tuvieron mucha demanda.

    "Cuando puedes vender fácilmente tus aviones, intentas aplazar los problemas al futuro", señaló Qingyan Chen, profesor de ingeniería de la Universidad de Purdue. "Hoy hemos descubierto que el futuro es en realidad el año 2020", agregó.

    Los investigadores descubrieron que cambiar el sistema de ventilación, por ejemplo, haciendo que el flujo de aire hacia la cabina se realice desde cerca del suelo en lugar de desde arriba, reduciría el riesgo a la mitad o más.

    Asimismo, los científicos de la Universidad de Columbia prueban las luces ultravioletas que prometen destruir los virus sin dañar a los humanos. Estas luces serían efectivas en las cabinas de los aviones, aeropuertos, hospitales y escuelas.

    En su laboratorio viven unos 100 ratones sin pelo expuestos a la luz ultravioleta durante 15 meses. Los ratones aparentemente viven bajo las luces durante ocho horas al día y se hacen pruebas oculares y cutáneas cada dos semanas, y después de ocho meses los investigadores no han encontrado ningún daño, "lo que es alentador", afirmó David J. Brenner, director del Centro de Investigación Radiológica de la Universidad de Columbia.

    Por otro lado, Chen señaló que cambiar un avión no es tan fácil. 

    "Definitivamente piensan que es un problema que deben resolver", dijo Chen, al agregar que la tecnología que desarrolla no es infalible. "Es mucho mejor que la actual, pero no es infalible ¿Vale la pena gastar dinero para cambiar todos los sistemas?".

    Según los datos de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo, el 40% de los pasajeros recientes dijeron que podrían esperar por lo menos seis meses después de que el brote se contenga para viajar de nuevo.

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    coronavirus, pandemia de coronavirus, viajes, seguridad, aviones
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