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    La conferencia de prensa del nieto 130 recuperado, en la sede de Abuelas de Plaza de Mayo

    Matías también es Javier: el nieto 130 recuperó su identidad en Argentina

    © Sputnik / Francisco Lucotti
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    Fue abandonado cuando tenía cuatro meses, en el momento en el que su mamá embarazada fue secuestrada por los militares. Ella buscaba al padre del niño, también hasta la fecha desaparecido. Fue dado en adopción y 42 años más tarde se reunió con su tío, que lo esperaba.

    A veces la esperanza tiene forma, se manifiesta en una acción, en un símbolo, en algo tangible. Para Roberto Mijalchuk, era una línea de teléfono, la forma de contacto que dejó cuando denunció la desaparición de su hermana Elena, junto a su chiquito Javier. Más de 40 años después ese teléfono sonó para darle la noticia de que Javier estaba vivo, que ahora se llamaba Matías, que quería conocerlo.

    En diciembre de 1977, Elena Mijalchuk, embarazada de tres meses, buscaba desesperada a su marido, Juan Manuel Darroux, que había desaparecido unos días antes. Recibió una carta el día de Navidad en la que la citaban para recibir más información sobre el paradero del padre de su hijo recién nacido. Fue a la cita con Javier. Fue una emboscada.

    De ella ni de su marido se conoce el rastro y sus casos son particulares porque no se les conocía vínculos con la militancia. Roberto sospecha que serían unas de las miles de personas que murieron en los 'vuelos de la muerte': torturados primero en el sótano de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) y arrojados todavía vivos pero fuertemente sedados desde aviones al Río de la Plata.

    Más información: "Nunca se sabe cuándo se va a encontrar el próximo nieto de desaparecidos"

    A Javier lo encontró una señora abandonado en la calle minutos después de que se llevaran a su madre. Fue dado en adopción de forma legal, por lo que, desde los 20 años, siempre supo que sus padres no eran los biológicos, además de conocer los detalles de su expediente. Cuenta que recién a sus 30 años cayó en la cuenta que debía verificar su identidad, si no por él mismo, por aquellos que pudieran estar buscándolo.

    La idea de poder ser hijo de desaparecidos giró en su cabeza por largo tiempo antes de acercarse finalmente a una de las sedes de Abuelas de Plaza de Mayo. Gracias al Banco de Datos Genéticos de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi), en 2016 se pudo corroborar que su ADN concordaba con aquel bebé buscado desde 1977.

    "Quiero agradecer a mi tío, que durante 40 años nunca bajó los brazos ni perdió la esperanza de encontrarnos con vida, manteniendo durante todo este período el mismo número de teléfono  y esperando ese llamado que, finalmente, tras tanta angustia, un día llegó. La alegría siempre es parcial ya que el hecho de encontrarme implica que él nunca más va a volver a ver a su hermana", dijo Javier Matías Darroux Mijalchuk en la conferencia de prensa ofrecida en la sede de Abuelas de Plaza de Mayo.

    Etiquetas:
    derechos humanos, nieto, adopción, desaparecidos, Abuelas de Plaza de Mayo
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