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    Las vacunas rusas contra el COVID-19 (202)
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    El 11 de agosto se registró ante el Ministerio de Salud de Rusia la primera vacuna contra el coronavirus del mundo. Las críticas no se hicieron esperar, en particular, por parte de la prensa occidental.

    En esta nota, escrita en exclusivo para Sputnik, el médico Serguéi Tsarenko, profesor de la Facultad de Medicina Fundamental de la Universidad Estatal de Moscú y anestesiólogo en un importante hospital capitalino, comentó lo ocurrido en su artículo para la versión rusa de Sputnik.

    Sputnik, la vacuna rusa contra el coronavirus, primera en ser registrada en el mundo
    © Sputnik / Servicio de Prensa del Ministerio de Sanidad de Rusia
    Nosotros, los médicos, hemos tenido éxito en el tratamiento de pacientes con coronavirus usando anticuerpos monoclonales, esteroides, antivirales. Empezaron a morir menos pacientes, pero aún en casos de formas severas de la infección tenemos que conectarlos a un respirador artificial. Y, luego, entre seis y ocho de cada 10 personas mueren por infecciones adquiridas en el hospital. Estos pacientes se salvarían con nuevos antibióticos, pero llevaría años desarrollarlos.

    Pero hay otra opción: evitar que las personas se infecten con el coronavirus. Es una buena opción en todos los aspectos: la persona se mantiene saludable y no infecta a los demás. Después de todo, cuanto más resistentes sean las personas a la enfermedad, más gruesa es la capa inmune en la sociedad y más pronto llegará el fin de la epidemia.

    De momento, la resistencia a la enfermedad se forma solo si una persona se enferma con ella. Pero también hay una opción más segura: la inmunización. Especialmente porque hay una vacuna efectiva y segura creada por especialistas del Centro Gamaleya. Este instituto es para la comunidad microbiológica lo equivalente a la marca Mercedes Benz para la industria automotriz.

    Conozco a los académicos Alexandr Guinzburg y Denís Logunov —el director y el vicedirector del Centro Gamaleya— desde hace muchos años. Con ellos y su personal desarrollamos nuevas formas de combatir a las bacterias resistentes. Además, los científicos del instituto ya han desarrollado con éxito vacunas contra el ébola y el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS). Y no solo la desarrollaron, sino que han elaborado una forma segura y efectiva para su desarrollo, basada en vectores. Como se acopla una estación orbital a un cohete de transporte, a un adenovirus, inofensivo para los humanos, se acopla un pedacito de coronavirus y se lo lanza en el organismo humano. Después de eso, el cuerpo crea inmunidad tanto al cohete de transporte como a la estación espacial. Para consolidar el éxito, en tres semanas, la misma estación espacial es lanzada en otro cohete de transporte, es decir, otro adenovirus. Y nuevamente se forma la inmunidad. El resultado es que se forma una inmunidad más débil para ambos adenovirus —después de todo, el cuerpo no la necesita— mientras que para el coronavirus, una protección inmunológica estable y confiable.

    Simple como todo lo brillante. Al igual que todo lo demás, es brillante. Y a nadie más que a nuestros talentosos profesionales se les han ocurrido tales sutilezas. Se están creando varias vacunas vectoriales más en el mundo, ¡pero no con dos cohetes de transporte!

    La vacuna ya ha sido probada en voluntarios. Además, los primeros voluntarios fueron los mismos empleados del Centro Gamaleya. Son como los creadores de un nuevo puente: ¡se pararon debajo de este puente, mientras el primer tren lo cruzaba! Después de eso, la vacuna se probó en voluntarios militares. Ni una sola complicación, todos obtuvieron una poderosa inmunidad.

    No es de extrañar que haya habido una ola de críticas en la prensa. Desde historias ficticias sobre tecnologías robadas hasta especulaciones pseudocientíficas sobre un posible deterioro en caso de infección accidental por coronavirus durante la formación de la inmunidad a la vacuna. Esto último suena aterrador, se trata de la amplificación dependiente de anticuerpos (ADE, por sus siglas en inglés). Pero asusta solamente a los no especialistas. Los virólogos saben que el efecto de la ADE solo se ha registrado con relación al dengue, y aun así, no se debe a la vacunación. En otros casos, el efecto se ve, a veces, en un tubo de ensayo. Y no en el caso de las infecciones de coronavirus.

    Y luego surgen las preguntas. ¿Quién financia esta campaña en la prensa? ¿De quién dependen los expertos independientes? Un secreto a voces: de los fabricantes de otras vacunas, que hasta ahora se han quedado atrás de los científicos rusos. También de los fabricantes de medicamentos antivirales, a veces efectivos, pero solo para formas leves de la enfermedad y que tienen una gran cantidad de efectos secundarios.

    A nosotros, los médicos en ejercicio de la profesión, nos da vergüenza mirar esos acuerdos por debajo de la mesa. Estamos esperando el día en que los pacientes con infección por coronavirus dejen de acudir a nosotros y en que finalmente podamos hacer frente a otras enfermedades, para las cuales no nos sobra tiempo por la epidemia.

    Tema:
    Las vacunas rusas contra el COVID-19 (202)
    Etiquetas:
    Rusia, pandemia de coronavirus, coronavirus, vacuna contra coronavirus, vacunación, vacuna
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