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    España activa el estado de alarma por el coronavirus (207)
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    La comparativa entre países arroja un resultado claro: la rapidez en la toma de medidas es lo que mejor define los distintos escenarios de contención y mitigación de la pandemia. Si bien las acciones emprendidas por España son razonables, su falta inicial de reflejos ralentizó una respuesta que de otro modo podría haber ofrecido mejores resultados.

    A 1 de abril y con la cifra oficial de infectados por COVID-19 en el mundo rondando el millón de personas, cabe ya establecer comparaciones entre las diversas medidas adoptadas por los distintos países.

    La pandemia no avanza por igual según qué Estados, así como la incidencia de la letalidad del virus. En el caso de España, y atendiendo a los modelos de contención aplicados en otras partes de Europa y Asia, puede decirse que las decisiones tomadas por sus autoridades no han surtido todavía el efecto deseado debido a una serie de factores. Porque a día de hoy, España ha superado de largo a Corea del Sur e incluso China en lo que a número de infectados se refiere.

    La rapidez es el factor primordial

    La celeridad en la aplicación de medidas restrictivas a la libre circulación de personas difiere enormemente si analizamos por un lado los casos de España e Italia, y los de China, Corea o Israel por otro. China puso en cuarentena a toda la provincia de Hubei (58 millones de habitantes) el 23 de enero, cuando sólo se habían declarado oficialmente 443 casos de infección y 17 fallecidos. Por el contrario, España (46 millones) decidió confinarse el 14 de marzo, cuando contabilizaba 121 muertes y cerca de 5.000 contagios. Es decir, su respuesta fue más lenta que la china.

    La situación de Israel (poco más de 5.300 contagiados y 16 víctimas mortales) es menos conocida, pero muy interesante. Apenas confirmaron el 21 de febrero su primer positivo (una pasajera del crucero Diamond Princess, atracado en Japón), se prohibió la entrada de ciudadanos surcoreanos y japoneses, al tiempo que se imponían cuarentenas de dos semanas de duración a todo nacional que hubiera estado en Corea del Sur o Japón durante las dos semanas anteriores. Cinco días después se incluyó en la lista a China, Italia, España, Singapur y Tailandia. A la semana se completó un veto total a visitantes de otros países.

    En Europa, Rusia estableció cuarentenas similares a todo aquel que regresara de viaje proveniente de China, Italia o España. Mientras tanto, los expertos de la OMS aconsejaban actuar con rapidez, primando la celeridad sobre el margen de error. Las cuarentenas en España se realizan en los domicilios, aumentando así el riesgo de infección al resto de familiares. En China no; allí se aísla en otro lugar incluso a aquella personas que presenten síntomas leves. En Corea del Sur, además, esta reclusión aislada se confirma a las autoridades mediante datos GPS.

    Medidas sanitarias

    También aquí el factor del tiempo es la característica esencial. China procedió de inmediato a controlar la temperatura corporal de sus ciudadanos incluso fuera del foco de Hubei. A la salida de aeropuertos, a la entrada de edificios públicos, en cualquier sitio el termómetro era inevitable ya desde enero.

    En Shangai, por ejemplo, "desde el primer momento se toma la temperatura en cualquier sitio que entres, incluida tu casa. Hay sensores de temperatura y, cuando te acercas, si tienes más de +36,9 ºC, vas al hospital", cuenta Juan Luis Sánchez, informático español residente en esta ciudad china. En contraste, España en ningún momento procedió a tomar la temperatura en lugares públicos, tampoco a los pasajeros que llegaban a sus aeropuertos procedentes de Asia o Italia.  

    Cuando España y el país transalpino registraron sus primeros positivos (ambos el 31 de enero), en Israel comenzaron a prepararse en vistas a su primer caso, detectado el 21 de febrero. Esto devino en el cierre de centros educativos cuando ya contaban 109 casos (13 por cada millón de habitantes). En comparación, la Comunidad de Madrid clausuró los propios cuando la cifra ya ascendía a 782 (una ratio de 117). Es decir, la toma de medidas en España es gradual, mientras que en países como China o Israel es casi inmediata, de golpe.

    Respecto los equipos de protección individual, las diferencias son ostensibles. En España nunca se consideró prioritario el uso de mascarillas entre la población sana. En China eran y son de obligado uso. Su Gobierno proporciona cinco unidades por semana a los ciudadanos a razón de un precio justo, luego de requisar su stock por todo el país (en España su déficit es casi total). A diferencia del país ibérico, el gigante asiático siempre consideró que las personas sanas podían ser también ser infectadas, pero asintomáticas y con capacidad de transmisión.

    El factor tecnológico

    China y Corea se distinguieron enseguida por la aplicación de las nuevas tecnologías de comunicación para instaurar sistemas de seguimiento y control de sus poblaciones incluso antes de que la OMS declarase el estado de pandemia global. El Estado hebreo no les fue a la zaga. Allí se utiliza una aplicación para telefonía celular de la Agencia de Seguridad de Israel, creada en principio para la lucha antiterrorista. Rastrea tu posición geográfica y tu lista de contactos, de manera que cuando uno de ellos da positivo por COVID-19, el Gobierno te avisa de la contingencia. ¿Críticas por inmiscuirse en la privacidad de cada cual? En su momento, todas.

    De manera similar, las polivalentes apps chinas WeChat y Alipay geolocalizan a sus usuarios, a partir de cuyo rastro en los últimos 15 días asignan códigos de colores en función de su cercanía o contacto con contagiados. Con el código verde se puede acceder a cualquier parte. "Pero si me cruzo con alguien que ha tenido coronavirus, mañana mi código cambia a amarillo", explica Juan Luis Sánchez.

    En Corea del Sur utilizan Corona 100m, una aplicación que da acceso a bases de datos gubernamentales para que los usuarios comprueben la cercanía física de los contagiados por el virus. Su sistema de alerta avisa cuando uno se halla a menos de 100 metros de un lugar visitado por un infectado, del que proporciona la fecha en que enfermó, su edad y parte del historial de su geolocalización. En cambio, sólo muy recientemente (el 28 de marzo) el Gobierno español encargó a la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial el desarrollo de iniciativas en este sentido.

    Con todo, en Israel afirman no haber hecho nada realmente diferente a otros países, si bien con mayor rapidez. Si el control de China sobre sus ciudadanos puede ser absoluto en estas circunstancias, no sucede otro tanto con las poblaciones de España e Italia, donde abundan los casos de insumisión durante la etapa de confinamiento. En este sentido, Israel también tiene un problema con su comunidad ultraortodoxa (cerca del 20% de la población hebrea, pero el 50% de sus infectados), pues tiene hábitos de higiene y convivencia totalmente distintos, más difíciles de controlar, habida cuenta de su animadversión a los adelantos tecnológicos (no portan teléfonos celulares).

    Como colofón, los surcoreanos también han hallado en las nuevas tecnologías una solución a un problema que ha sido endémico durante casi todo el mes de marzo en España: la saturación de las líneas telefónicas de atención a pacientes con síntomas. En el país asiático, una aplicación les pone en contacto con un profesional de la salud en menos de 30 minutos, mientras que en España pueden pasar horas. También en Corea, otras herramientas digitales permiten a los confinados estar en contacto con trabajadores sociales, a quienes informan de sus progresos.

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