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    Turquía: ¿carne de cañón de la guerra interna de Europa?

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    Javier Benítez
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    Primero fue Alemania la que prohibió a funcionarios turcos realizar actos en su territorio para promover el referéndum sobre la reforma constitucional que se celebrará el 16 de abril en Turquía. Holanda le siguió los pasos: denegó el aterrizaje en Róterdam del avión del canciller turco, Mevlut Cavusoglu, donde también tenía planeado hacer campaña.

    Entonces, comenzó un alud de ataques, y contraataques. "Restos de nazis y fascistas", disparó Erdogan contra las autoridades de Holanda, que respondieron en primer término con la prohibición del ingreso al consulado de Turquía en Roterdarm a la ministra de Familia y Política Social del país otomano, Fatma Betul Sayan Kaya. 

    A esto, le siguió la expulsión del país de la funcionaria tras ser detenida por la Policía y tildada de "extranjera indeseable" por las autoridades neerlandesas, tras lo cual, agentes del orden la condujeron hasta la frontera con Alemania, desde donde había llegado por tierra. Poco después, la Policía turca respondía: bloqueó el acceso a la embajada y al consulado de Holanda en Ankara esgrimiendo "razones de seguridad". 

    El Dr. Armando Fernández Steinko, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, opina que "estos movimientos de las autoridades europeas, no son producto de grupos ultraderechistas, sino de los que ocupan el centro político de derecha y tal vez de izquierda, para enfrentarse a la marea islamofóbica que está desbordando esos países en un año electoral decisivo para esos países, para la UE, y para los grandes consensos de la segunda posguerra Mundial". 

    Mientras, el primer ministro del país europeo, Mark Rutte, respondió: dijo que Erdogan había lanzado "una afirmación loca" y que había ido "demasiado lejos". "Turquía debe pedir disculpas por comparar a los holandeses con los nazis", dijo Rutte, citado por la cadena Deutsche Welle.

    Y Erdogan replicó: "Los Países Bajos actuaron como una república bananera y no como un Estado de la UE. Si ustedes sacrifican las relaciones con Turquía en aras de las elecciones del próximo miércoles, tendrán que pagar un precio", y afirmó que la decisión de Holanda es "el producto de un trauma completamente islamófobo" y "el reflejo del racismo y el fascismo que están en alza" en Europa. 

    Pero Erdogan no se quedó allí: llamó a sus hermanos y hermanas en Europa a levantarse. "Sus acciones golpearán sobre ellos mismos como un boomerang", dijo. 

    Para Fernández Steinko el lenguaje de Erdogan "no es nuevo" y lo "utiliza para ganar apoyos en las clases populares turcas desde hace ya muchísimos años, es un lenguaje muy peligroso desde el punto de vista diplomático". El analista sugiere que a ese lenguaje "hay que dejarlo en casa para campañas internas y no airearlo por la escena internacional que puede complicar todavía mucho las cosas". 

    No obstante, el profesor matiza: "digamos que esa especie de intento de argumentar en nombre de los DDHH en Europa frente a Turquía, es un intento de ganar el apoyo de sectores preocupados por los DDHH, pero los verdaderos destinatarios de estos argumentos de partidos de centro derecha son los sectores de ultraderecha".

    "Es decir, no es la defensa de los DDHH lo que inquieta y motiva a estos Gobiernos, sino el miedo a la ultraderecha en Holanda y en Alemania, por mucho que sea verdad que Erdogan esté dando pasos preocupantes en dirección al desmontaje de los DDHH en su propio país", explica.

    "Pero los países europeos han demostrado en varias ocasiones que el tema de los DDHH es un tema muy selectivo que depende de la categoría de su aliado", concluye el Dr. Armando Fernández Steinko.

    Etiquetas:
    derechos humanos, UE, Armando Fernández Steinko, Recep Tayyip Erdogan, Alemania, Países Bajos, Turquía
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