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    "La causa del desastre occidental es haber dejado el liderazgo de la sociedad en los propios empresarios"

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    En España el desempleo registró en junio de este año una cifra que no conocía desde el mismo mes del año 2016. Tampoco conocían un aumento de desempleo en el mismo mes de junio, pero desde 2008. Todo un síntoma de la actualidad laboral en un país donde gran parte de su economía gira en torno al turismo y los servicios.

    España retrocede varios casilleros

    La pandemia del coronavirus fue un torpedo en la línea de flotación de la economía de España. Las medidas de seguridad sanitaria y de distanciamiento social que aún requiere la COVID-19 que no acaba de ser derrotada, y mucho menos desterrada de ningún país del mundo, están dejando un páramo en la economía española.

    Los números que lanzó junio son como un huracán que arrasa una playa en plena temporada estival. El desempleo escaló hasta los 3.862.883 personas, para ser exactos. Una situación que tiene una doble particularidad: que desde ese mes de 2016 no se registraba una cifra tan alta, y una situación, la del aumento del desempleo en un mes de junio, que no tenía lugar desde ese mes de 2008, cuando había estallado una crisis que llega hasta nuestros días.

    Y la sorpresa viene más que nada porque este aumento del paro tiene lugar en un mes en que por naturaleza se da el proceso inverso, es decir, un aumento de empleo, sobre todo en los servicios, debido al inicio de la campaña turística del verano boreal. Pero las actuales circunstancias sentenciaron este rubro en España: en mayo perdió por lo menos 8 millones de turistas, lo que redunda en una pérdida de 8.100 millones de euros en ingresos por el cierre de fronteras. Si le sumamos el mes de abril, las pérdidas en ambos rubros se duplican.

    El presidente de la Consultora Ekai Center, Adrián Zelaia, admite que en ese sentido España vive un momento en que las amenazas directas pesan sobre el turismo, lo que convierte a la situación actual española en una gran incógnita ya que este año el sector va a depender muy directamente de factores psicológicos, más que de otro tipo más concreto, como puede ser el confinamiento.

    No obstante, hace un matiz. "También es cierto que, independientemente de lo que pase este año y sin perjuicio de los posibles rebrotes de la epidemia en otoño, el impacto del turismo en España depende mucho de factores estructurales como el clima, las playas, las costas, que son factores objetivos, y que aunque el sector turístico pueda tener problemas graves este año o el año próximo como consecuencia de lo que ahora está sucediendo, los factores estructurales están ahí, y esto nos lleva a pensar que de alguna forma o de otra, ese sector se va a recuperar en el tiempo", observa.

    ¿Un Gobierno débil frente a las empresas?

    En tanto, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció 40.000 millones de euros extra de garantías públicas del Instituto de Crédito Oficial [ICO] que estarán destinados de forma específica a proyectos de inversión, y en ningún caso a otorgar liquidez inmediata, sino a reactivar la economía de cara al medio-largo plazo.

    Asimismo, el inquilino de La Moncloa anunció subidas de impuestos a los tramos más altos del IRPF y a las grandes empresas, las que a su vez replicaron que ejecutar esa política agravará la crisis. Es más, el Círculo de Empresarios propuso simplificar las administraciones territoriales y reducir el gasto público improductivo.

    Pero la polémica entre ambos frentes no se queda en eso. Y es que la pandemia del coronavirus que empujó a los más afortunados —en el sentido de que han conservado sus empleos— a realizar teletrabajo desde casa, ubica un nuevo escenario en lo relativo al desarrollo de una nueva normativa institucional en ese sentido.

    Así, la administración Sánchez manejaba un anteproyecto de ley para regular el teletrabajo, y en que las empresas deberán sufragar en su totalidad los gastos relacionados con el desarrollo de la actividad laboral desde casa, lo que implica el pago de los equipos [por ejemplo, ordenadores] y la infraestructura [conexión a internet] necesarios para el desempeño laboral. Asimismo, que el teletrabajo sea voluntario para el empleado. Añade mecanismos para garantizar el derecho a la desconexión mediante acuerdos con las empresas que delimiten de forma concreta la duración de la jornada.

    Entonces, llegó un exabrupto de la patronal, sabiéndose con la sartén por el mango. Y el jefe de la patronal CEOE, Antonio Garamendi, lanzó despiadado una amenaza. "Si tengo que contratar y se me ponen condiciones imposibles y que no pueda gestionar a mi plantilla, es que yo mañana puedo contratar en Portugal. El mundo es global y la digitalización es global. Cuidado cómo se plantea esto".

    "Estas declaraciones de Garamendi son una muestra de prepotencia", sentencia Zelaia.

    Ante esto, el Gobierno sólo atinó a agachar la cabeza. "Son propuestas de trabajo que hay que profundizar en el marco del diálogo social", dijo sobre la propuesta de ley María Jesús Montero, portavoz del Gobierno, como aquel boxeador que está contra las cuerdas a la merced de su oponente. Algo que deja mucho que pensar, máxime en un Gobierno que está integrado por el partido Unidas Podemos, que en principio defiende a capa y a espada los derechos de los trabajadores.

    Zelaia entiende que la postura de los empresarios está relacionada con el final de las décadas del modelo de desarrollo neoliberal en el que, tanto en EEUU como en Europa, se han basado en una retirada de progresiva de los poderes públicos y de la acción pública, dejando el liderazgo de la economía y de la sociedad en manos de los empresarios.

    "Los empresarios evidentemente realizan una función importante en el desarrollo económico, pero sólo la realizan en la medida en que estén vigilados y con su actividad claramente ordenada a fines del interés general. Lo que se ha visto que es un desastre, y probablemente sea la causa fundamental del desastre europeo y occidental, es haber dejado el liderazgo de la propia sociedad en manos de los empresarios", sentencia Adrián Zelaia.

    Etiquetas:
    fronteras, turismo, inversiones, crisis, COVID-19, Pedro Sánchez, economía, España
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