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    Brexit, ¿salida al infierno?

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    Javier Benítez
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    Tiempo muerto. Es lo que fue a pedir la primera ministra del Reino Unido, Theresa May, a Bruselas. Y lo consiguió, no por bondad comunitaria, sino porque la UE también lo necesita como una forma de respiración asistida en este ahogo que sufre y que dejó ver el presidente del Concejo Europeo, Donald Tusk, al lanzar una frase que segregó angustia.

    Tiempo muerto para una negociación que está en punto muerto. Ese fue el resultado de las reuniones que mantuvo May con los popes de la comunidad. Dio la impresión que la UE estaba ansiosa por recibir esa propuesta en concreto de parte del Reino Unido, a falta de un plan alternativo de salida, que también esperaban ansiosos de parte de la premier británica, pero que no portó en sus alforjas.

    Tras los encuentros, la propia Comisión Europea se encargó de airear los detalles susceptibles de ser públicos. El comunicado leído por la Comisión Europea declara que "La primera ministra planteó varias opciones para hacer frente las preocupaciones con el Acuerdo de Retirada en línea con sus compromisos con el Parlamento británico. Y el presidente Juncker subrayó que la UE27 no reabrirá el Acuerdo".

    No obstante, y sin intentar abrir el melón, "el presidente Juncker expresó su disposición a añadir un texto a la declaración política acordada por los 27 y el Reino Unido para ser más ambiciosos en términos de contenido y velocidad en lo concerniente a la relación futura entre la Unión Europea y el Reino Unido".

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    Todo ocurrió 24 horas después del grito desgarrador de Tusk que echó fuego en Twitter: "Me pregunto cómo será el lugar especial del infierno para quienes promovieron el Brexit sin preparar siquiera un boceto del plan para llevarlo a cabo de manera segura". Es de imaginar que esos promotores se guiaron por aquella máxima que dice: "¡Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes!" y por eso, ni bocetos, ni nada.

    El presidente de la Consultora Ekai Center, Adrián Zelaia, es evidente que el exabrupto de Tusk refleja en gran medida el nerviosismo que reina en la Unión Europea, por más que intente mostrar una imagen de fortaleza, de superioridad y de dominio sobre Reino Unido en las negociaciones.

    "Por eso la UE está jugando de una forma tan dura. Esto se debe a que con el Brexit se puso en cuestión el modelo de construcción europea, además desde distintas perspectivas. Desde el euroescepticismo, que era un movimiento que no sólo afectaba al Reino Unido, sino que en distintos países de la UE iba tomando un peso creciente, y de esta forma el Brexti podía constituirse claramente en un detonante para que en caso de tener éxito, otros países adoptaran la misma vía", explica el experto.

    También 24 horas antes del cónclave, Jeremy Corbyn, líder opositor del Partido Laborista, remitió una carta a Theresa May en la que le ofrece el apoyo de sus 262 diputados a su acuerdo del Brexit siempre y cuando se comprometa a cinco condiciones legalmente vinculantes. El opositor insistió en que May incluya las prioridades laboristas en la Declaración Política del Brexit.

    • Una unión aduanera con el bloque europeo que sea "permanente y completa", incluida la participación en futuros acuerdos comerciales.

    • Estrecha alineación con el mercado único, respaldada por "instituciones compartidas".

    • Un "alienación" con la UE sobre derechos y protección de los trabajadores, para que los estándares del Reino Unido no queden atrás de los de la UE.

    • Compromisos claros sobre la futura participación británica en agencias de la UE.

    • Acuerdos que "no sean ambiguos" en materia de seguridad.

    Zelaia opina que estas condiciones legalmente vinculantes que plantea Corbyn no son realistas desde una perspectiva inmediata sabiendo cuáles son las posiciones de la UE.

    "Los laboristas tienen, por un lado, el objetivo de incidir directamente sobre la negociación, y por otro, de marcar posiciones de cara a las elecciones legislativas que van a ser clave para la opción entre dos partidos, el Laborista y el Conservador, que están muy empatados en las encuestas".

    A todo esto, el Institute for Government del Reino Unido, ha elaborado un informe en el que detalla en qué punto se encontraría el país al día siguiente –30 de marzo– de una salida sin pacto, ergo, sin período de transición. El mismo concluye que ya no hay tiempo para prepararse en la mayoría de rubros.

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    El dossier, con tintes apocalípticos habla de: pérdida de empleos, escasez de alimentos frescos y subida de precios, falta de gas y electricidad y subida de la factura, falta de material sanitario, acumulación de basura y contaminación, personal durmiendo en los hospitales y cuerpos sin enterrar, entre otros.

    En este sentido, Zelaia incide en que "desde la perspectiva de una salida sin acuerdo hay que distinguir entre el corto, el medio y el largo plazo. Pensando a medio y largo plazo, cree que puede haber una mayor dificultad para el comercio de bienes, servicios y capitales entre el Reino Unido y la UE, pero que Londres podría compensar con una mayor facilidad para acceder a otros mercados, fundamentalmente EEUU y la Commonwealth, que es en principio la estrategia en la que están pensando. Por tanto, no tiene por qué ser negativa esa situación a medio y largo plazo".

    "Otra cosa es en el corto plazo", avisa el analista. "Tenemos el factor miedo, que es un factor muy importante en el ámbito económico, y que a muy corto plazo y de forma inmediata puede generar retraimientos, retrasos de inversiones, incluso pequeñas situaciones de caos temporal". 

    "Hay que tener en cuenta que si como consecuencia de una rabieta política de la UE se tomasen a corto plazo decisiones muy drásticas, también la UE como tal saldría muy perjudicada. Hay que tener en cuenta que desde el Brexit hasta las elecciones del Parlamento Europeo hay dos meses clave. La UE difícilmente va a permitir que se genere daños o perjuicios que puedan tener una repercusión mediática y de los que se pudiera responsabilizarla por haber negociado mal o haber hecho una mala gestión", concluye Adrián Zelaia.

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    Etiquetas:
    Brexit, UE, Donald Tusk, Jeremy Corbyn, Theresa May, Reino Unido