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    MOSCÚ (Sputnik) — Este 9 de julio, se cumplirán 10 años de un significativo intercambio entre Rusia y EEUU de personas acusadas de espionaje. Este canje puso fin a un gran escándalo de espías que duró casi dos semanas.

    El 9 de julio de 2010, en el aeropuerto de Viena, la capital de Austria, cuatro ciudadanos rusos, tres de los cuales fueron condenados por espionaje a favor de Washington, fueron intercambiados por diez personas detenidas en Estados Unidos por acusación de actividades ilegales a favor de Rusia.

    Dos semanas antes, el 27 de junio de 2010, la Policía estadounidense detuvo a diez personas:

    • Anna Chapman,
    • Richard y Cynthia Murphy,
    • Juan Lázaro y Vicky Peláez,
    • Michael Zottoli,
    • Patricia Mills,
    • Mijaíl Semenko,
    • Donald Howard Heathfield y Tracey Lee Ann Foley.

    Según el Ministerio de Justicia de EEUU, los arrestos fueron el resultado de una investigación a largo plazo realizada por el Buró Federal de Investigaciones, la oficina del fiscal del Distrito Sur de Nueva York, la oficina de lucha contra el espionaje y la oficina de inteligencia del Departamento de Seguridad Nacional.

    Todos los detenidos fueron acusados de conspiración para realizar actividades como agentes no registrados de un gobierno extranjero.

    Los investigadores precisaron que la tarea principal de los detenidos era recopilar información sobre EEUU y transferirla a Rusia. Para hacerlo, supuestamente tuvieron que "americanizarse" lo máximo posible, vivir en parejas y criar hijos.

    En particular, según la fiscalía, algunos de los arrestados, durante varios años, mantuvieron contacto con representantes de la "misión rusa ante la ONU en Manhattan".

    Espionaje

    Aunque inicialmente la palabra "espionaje" no aparecía en los documentos publicados de la investigación, los medios de comunicación y las autoridades inmediatamente calificaron el incidente como un escándalo de espionaje y a los detenidos, como espías.

    Las autoridades rusas, al recibir información sobre el arresto, primeramente reaccionaron con un fuerte rechazo de todas las acusaciones en su contra, pero luego admitieron que se trata de ciudadanos rusos. El Ministerio ruso de Asuntos Exteriores declaró que los detenidos tienen la ciudadanía rusa, pero subrayó que su actividad no perjudicó los intereses de EEUU.

    La solución de este escándalo fue seguida al más alto nivel. Al consultarse con los agentes del Servicio de Inteligencia ruso, todos los detenidos admitieron su culpa y aceptaron la deportación inmediata a la Federación de Rusia.

    Ante la corte siete detenidos revelaron sus nombres reales:

    • Vladímir Gúriev y Lídia Gúrieva (Richard y Cynthia Murphy),
    • Mijaíl Kútsik y Natália Perevérzeva (Michael Zottoli, Patricia Mills),
    • Andréi Bezrúkov y Elena Vavílova (Donald Heathfield y su esposa Tracey Foley),
    • Mijaíl Vasenkov (Juan Lázaro).

    Solo tres de los detenidos (Vicky Peláez, Anna Chapman y Mijaíl Semenko) vivían y trabajaban en Estados Unidos con sus nombres reales.

    El 9 de julio, el Tribunal de Distrito de Manhattan (Nueva York) ordenó la deportación de los diez ciudadanos rusos.

    Respuesta rusa

    A su vez, las autoridades rusas tuvieron que liberar a cuatro prisioneros rusos y transferirlos a EEUU:

    Sutiaguin, exempleado del departamento de estudios de política exterior del Instituto de EEUU y Canadá de la Academia de Ciencias de Rusia, fue condenado en 2004 a 15 años de prisión por espionaje a favor de la inteligencia británica MI6.

    Por su parte, Zaporozhski fue condenado en 2003 a 18 años de prisión por cooperar con la Agencia Central de Inteligencia de EEUU.

    El tristemente célebre Serguéi Skripal, exoficial de la inteligencia militar rusa, fue reclutado en los años 90 por el servicio secreto británico MI6 y en 2006 fue sentenciado a 13 años de prisión por alta traición.

    Vasilenko fue el único de los cuatro prisioneros que no recibió condena por espionaje, porque en 1988, después de las acusaciones, su caso fue desestimado por falta de pruebas. Sin embargo, fue despedido del Comité para la Seguridad del Estado. En 2006 fue codeando a tres años de prisión por posesión ilegal de armas.

    Estados Unidos explicó su decisión de intercambiar los presos, diciendo que no vieron los beneficios para la seguridad nacional en el prolongado encarcelamiento de diez agentes ilegales, así como por consideraciones humanitarias.

    Antes del intercambio, los cuatro presos que permanecían en Rusia se declararon culpables y fueron indultados por el presidente.

    Intercambio

    El intercambio de presos se convirtió en una operación de envergadura: el 9 de julio de 2010, un avión Boeing-767 salió de Nueva York con 10 detenidos a bordo y aterrizó en el aeropuerto de Viena, donde ya había aterrizado una aeronave del Ministerio de Emergencias ruso con los cuatro presos preparados para el intercambio.

    El intercambio se realizó bajo el control de los empleados del Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia y la Agencia Central de Inteligencia de EEUU.

    Los 10 "espías" rusos regresaron sin problemas a su país de origen. Unos días después, los hijos de los ciudadanos deportados llegaron voluntariamente a unirse con sus padres en Rusia.

    A su vez, el avión de la Agencia Central de Inteligencia de EEUU, que salió de Viena rumbo a Washington, realizó una escala en la base de la Fuerza Aérea del Reino Unido Brize Norton en Oxfordshire, donde supuestamente desembarcaron Skripal y Sutiaguin, según informes posteriores.

    Culpable del fracaso

    Algún tiempo después del intercambio, una fuente de uno de los servicios de inteligencia rusos comunicó que el culpable del fracaso del grupo de reconocimiento fue el coronel del Servicio de Inteligencia Exterior Alexandr Potéev, quien fue condenado en ausencia —porque se escondió en el extranjero— en junio de 2011, por el Tribunal Militar del Distrito de Moscú, a 25 años.

    El veredicto precisó que Potéev comenzó a transmitir información clasificada a partir de 1999-2000, es decir, desde el momento en que recibió acceso a estos datos. Las agencias de inteligencia extranjeras incluso recibieron copias de los archivos de los agentes rusos, códigos de correspondencia y datos sobre personas que proporcionaron asistencia confidencial al Servicio de Inteligencia Exterior.

    Como resultado, la Agencia Central de Inteligencia durante mucho tiempo controló a los agentes rusos, no suprimiendo sus actividades, sino limitando el cumplimiento de sus tareas y objetivos, lo cual hizo que su trabajo fuera ineficaz aunque sin errores obvios.

    El veredicto enfatizó que, debido a las acciones de Potéev, algunos agentes se vieron obligados a huir de Estados Unidos antes de ser detenidos debido a provocaciones e intentos de rereclutamiento.

    Etiquetas:
    Ana Chapman, intercambio, espionaje, Rusia, EEUU
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