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El lado femenino del espionaje mundial

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Aunque no lo sepas, el espionaje es una de tantas profesiones en donde las mujeres se han destacado y han demostrado ser, en muchas ocasiones, mejores que sus colegas masculinos. En este caso, no solo por los trucos usados, sino también por la valentía demostrada a la hora de espiar a sus enemigos en tiempos de guerra.

Te presentamos cuatro de las historias de espionaje femenino más famosas de la historia.

Mata Hari, la leyenda

Nicab - Sputnik Mundo
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Margaretha Geertruida Zelle, bailarina, actriz y espía, más conocida como Mata Hari, es probablemente la espía más famosa de la historia. La leyenda cuenta que el día en que fue fusilada, Mata Hari lanzó un beso al aire dirigido a, según algunos, los soldados que la asesinaron, y según otros, a su abogado, presente en el lugar de la ejecución, que fue también su último amante.

Según la versión más difundida, Mata Hari era una espía alemana, aunque no se sabe concretamente cómo y cuándo fue reclutada por Berlín. Bajo el nombre en clave de H-21, habría recopilado información de inteligencia para Alemania. En 1916, los sistemas de contrainteligencia franceses la capturaron y la convencieron para que realizara una misión para Francia en España. Pero según algunas informaciones a las que tuvo acceso París, Mata Hari seguía trabajando para Alemania y por ello fue sentenciada a morir fusilada.

Muchos historiadores aseguran que el trabajo de espionaje de Mata Hari, si existió en realidad, fue poco importante. Sin embargo, Mata Hari se convirtió en una leyenda del espionaje mundial, llegando a aparecer en cientos de libros, películas y videojuegos. Hoy en día, el personaje de Mata Hari, interpretado por Greta Garbo, es todo un icono de la historia del cine

Mochizuki Chiyome, la 'madre' del espionaje

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Aunque las espías más famosas vivieron en el siglo XX, ya en el siglo XVI Mochizuki Chiyome, también conocida como Lady Chiyome, se dedicaba en Japón a entrenar y preparar a mujeres espía.

En 1561, después de que su esposo samurái muriera, Mochizuki, bajo las ordenes de Takeda Shingen, un prestigioso soberano de la época, fundó un orfanato para ayudar a niñas huérfanas. Pero allí, además de proporcionarles educación básica, las niñas eran entrenadas para realizar tareas de espionaje y aprendían diferentes métodos para conseguir información. Algunos afirman que, además, las huérfanas eran formadas en artes marciales.

Al terminar su entrenamiento, las muchachas se disfrazaban de monjas de Shrine, lo que les permitía pasar inadvertidas e infiltrarse por sorpresa entre sus enemigos. Esta división de mujeres guerreras pasaría a ser conocida como Kunoichi.

Nadezhda Plevítskaia, el ruiseñor del zar

Nadezhda Plevítskaia era una cantante callejera que vivía en la pequeña ciudad de Kursk y que fue descubierta allí por un cantante de ópera que se la llevó a San Petersburgo. Nadezhda pronto se convertiría en una leyenda, y el emperador Nicolás II, conmovido por la voz de Plevítskaia, le dio el nombre de 'el ruiseñor de Kursk'.

En los años 30 del siglo pasado, Plevítskaia se mudó a París y fue reclutada por el Directorio Político Unificado del Estado soviético (OGPU). Mientras la cantante daba conciertos en toda Europa, ella y su esposo recopilaban información de los círculos de emigrantes rusos en el extranjero.

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Sin embargo, en 1937, la Unión Militar Rusa, una organización militar de rusos emigrantes, descubrió a la pareja. Plevítskaia fue entonces condenada a 20 años de prisión, lugar donde moriría en 1940.

Joséphine Baker, el espionaje con final feliz

Otra bailarina que dedicó parte de su vida al espionaje fue la artista Joséphine Baker, que nació en EEUU y se convirtió en una celebridad en Francia. Fue allí donde por primera vez Baker bailó el charlestón, uno de los bailes más famosos del mundo.

Con la llegada de la II Guerra Mundial, Baker empezó a trabajar para la inteligencia francesa; gracias a su fama y a su encanto, Baker podía sacar información a los militares alemanes, japoneses e italianos que habían invadido el país galo. La información recopilada era después entregada a sus superiores por medio de partituras en las que la bailarina escribía con tinta invisible.

Tras la liberación de Francia, Baker fue galardonada con la Croix de guerre, uno de las órdenes más prestigiosas en Francia. Además, luego de su muerte, un cráter en Venus fue nombrado en su honor. 

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