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    El difícil proceso de transición económica no es la única causa que está detrás de las recientes protestas que se produjeron en Irán. ¿Está la mano de Washington detrás de los disturbios?

    Las turbulencias sociales en Irán podrían haber sido el resultado de los intentos emprendidos por la Administración Trump para romper el acuerdo nuclear, destaca el análisis realizado por el portal ruso Vesti Finance. Washington podría estar perdiendo los estribos por el hecho de que Irán se esfuerza cada vez más por desarrollar las relaciones con el este en vez de Occidente.

    No obstante, Irán siempre se ha atenido a los principios del diálogo que, según creen las autoridades persas, podría desarrollarse incluso en condiciones muy complejas. 

    A finales de diciembre del 2017, una serie de protestas dirigidas contra la política económica sacudió a Irán. Estas turbulencias ocurrieron un año después de que la Administración empezara a amenazar a Teherán con consolidar su política e incluso con cambiar el régimen.

    El medio ruso señala a una sorprendente coincidencia: que los manifestantes progubernamentales llenaron las calles del país persa cuando Trump escribió en su Twitter que brindaba su apoyo a los manifestantes y expresó su crítica hacia el Gobierno iraní.

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    Posteriormente, la Administración Trump impuso sanciones contra cinco empresas subsidiarias del grupo industrial Shahid Bakeri —el principal productor de misiles balísticos en Irán que, en aquel momento, ya había estado funcionando bajo las sanciones de EEUU—. 

    La ONU y EEUU propusieron en 2015 quitar una parte de las sanciones impuestas al sector de la energía, de las finanzas y de la navegación del país persa a cambio de su firma del Plan de Acción Conjunto y Completo, que trataba sobre el programa nuclear.

    A pesar de este deshielo, Washington cambió posteriormente su rumbo y la Cámara de Representantes y el Senado de EEUU aprobaron unánimemente la ley que impuso las sanciones en relación a Irán en 2016 para un plazo de 10 años.

    "Cuando Donald Trump ocupó el cargo de presidente de EEUU, empezó a aplicar una política más beligerante contra Irán y brindó su apoyo económico y geopolítico a Arabia Saudí", escribe el portal ruso. 

    Donald Trump, el presidente de EEUU
    © REUTERS / Carlo Allegri

    En mayo del año pasado, el mandatario de EEUU firmó el acuerdo sobre el comercio de armas con Arabia Saudí por valor de 350.000 millones de dólares. La firma de este acuerdo fue acompañada por el impulso que dio Washington para contrarrestar los programas estratégicos regionales desarrollados por Teherán en el ámbito armamentístico. 

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    En octubre, dos meses antes de que las protestas se sucedieran en Irán, la Administración Trump impuso sanciones que afectaron a la producción de misiles y el establecimiento de las instalaciones vinculadas con los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica. Además, Washington amenazó con cesar el cumplimiento del Plan de Acción Conjunto y Completo.

    El medio también destaca que la presión económica no fue la única herramienta en manos de Donald Trump. 

    "El mandatario estadounidense también realizó operaciones ocultas. Después de que Trump nombrara al conservador antiiraní Mike Pompeo como jefe de la Agencia Central de Inteligencia, Michael D'Andrea ocupó el cargo de jefe de operaciones relacionadas con Irán en la propia CIA. Los recientes sucesos en Irán pueden ser el resultado de la actividad realizada por D'Andrea", informa Vesti Finance.

    En el periodo entre 2010 y 2013, las sanciones dañaron la economía de Irán, ya que provocaron una disminución de las exportaciones de petróleo desde 2,5 millones de barriles diarios hasta 1,1 millones. La situación empeoró aún más tras el desplome de los precios del crudo que se produjo a comienzos del 2014.

    Después de todos estos sucesos, era lógico que Irán comenzara a cambiar su posición en la arena internacional. 

    "Es probable que Teherán se adhiera a la Unión Económica Euroasiática encabezada por Rusia (…) eso le permitirá engrandecer su economía equiparándola a la economía de la India", escribe el medio ruso.

    Irán también desempeñará un papel clave en la iniciativa Nueva Ruta de la Seda, propuesta por Xi Jinping, el presidente chino. 

    El porcentaje del comercio del país persa con China pasó del 20% en 2010 hasta situarse en el 31% en 2016. Con todo eso, las inversiones directas extranjeras en Irán aumentaron en cinco veces y alcanzaron los 12.200 millones de dólares en 2016.

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    Aparte del gigante asiático, Irán continua desarrollando unas estrechas relaciones con Filipinas. En otoño del año pasado, el presidente iraní, Hasán Rohaní, dio la bienvenida a la ampliación de los lazos con las Filipinas. Al mismo tiempo, el medio destaca que Irán y las Filipinas son dos grandes economías en vías de desarrollo y comparten muchos intereses y valores. 

    "La Administración Trump puede frenar la participación de Irán en la iniciativa Nueva Ruta de la Seda y su reintegración en la economía mundial, pero es incapaz de impedir que el país persa ocupe su lugar justo entre otras naciones", concluye el medio.

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    disturbios, Irán, EEUU
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