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    El coronavirus en Venezuela (287)
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    CARACAS (Sputnik) — "Se van para su casa con régimen de confianza tutelado", dijo la ministra para el Servicio Penitenciario de Venezuela, Iris Varela, para anunciarle a 19 mujeres que su tiempo en la cárcel había terminado. Belkys Flores, de 51 años, confesó a Sputnik que jamás pensó que ella y su hija estarían en la lista.

    El 22 de julio, un sol radiante calentaba el rostro de las mujeres que con uniformes y barbijos color rosa desfilaban como una tropa militar y entonaban el himno nacional para recibir a las autoridades penitenciarias en el patio abierto del Instituto Nacional de Orientación Femenina (INOF), una prisión de mujeres ubicada en Los Teques, estado de Miranda, en el norte de Venezuela, a unos 30 minutos de Caracas.

    Las reclusas en el patio abierto del Instituto Nacional de Orientación Femenina
    © Foto : Marcelo Volpe
    Las reclusas en el patio abierto del Instituto Nacional de Orientación Femenina

    Ese día solo estaba prevista la desinfección de algunas áreas de la prisión con hipoclorito de calcio como medida de prevención ante la pandemia de COVID-19, pero la situación cambió cuando la ministra les anunció que eran libres.

    El régimen de libertad bajo confianza tutelada es una medida que el ministerio creó para otorcgar ese beneficio bajo un régimen de presentación a quienes cumplieron gran parte de su condena o han mostrado comportamiento ejemplar, pero son víctimas del retardo del procesal penal.

    Sin romper filas, las mujeres dejaron caer lágrimas por sus rostros, en medio de fuertes aplausos que se fueron convirtiendo más tarde en abrazos.

    Por los orificios cuadrados del edificio se asomaban rostros y manos de algunas de las 551 mujeres que están recluidas en ese recinto, y que no se encontraban en aquel patio. Todas celebraban como si se tratara de su propia libertad.

    Nada que llevar

    "Cuando sales no tienes nada ni dinero ni ropa, nada. A pesar de tener 10 años allí, no tienes casi nada que llevarte. Yo agarré los peluches y pantuflas que había hecho, guardé con mi hija lo poco que tenía en una bolsa y así salimos, solo queríamos volver a ser libres", agregó.

    Al concluir la empinada calle que conduce a la salida de la cárcel, Belkys se topó con la avenida y con los carros, y sintió como si su cuerpo se fuese a desvanecer.

    "Las manos, las piernas, todo el cuerpo me temblaban, sentía que el corazón se me iba a salir, cuando vi los carros, sentía que me iba a desmayar. Cuando crucé la calle fue un temor muy grande", contó.

    La mujer de 51 años indicó que nada se compara con tener de nuevo libertad: "Nada como ser libres. Lo que sí es que volver en medio de la pandemia es muy extraño, da mucho miedo que ahora que puedes salir tienes el riesgo de contagiarte con algo que te puede matar. No sé cómo explicarte, es como una inmensa felicidad con miedo. Las dos, mi hija y yo, estamos como perdidas en un desierto".

    10 años menos

    Flores y su hija Ninoska Suárez, de 32 años, ganaron su libertad con buena conducta, recibieron una reducción de la pena a la mitad. Ambas habían sido detenidas en 2011 y sentenciadas por tráfico de drogas a 20 años de prisión.

    Belkys Flores junto a su hija Ninoska Suárez saliendo de la cárcel
    © Foto : Marcelo Volpe
    Belkys Flores junto a su hija Ninoska Suárez saliendo de la cárcel

    En el suceso también fueron detenidos su yerno y su esposo, quienes se encuentran recluidos en otras cárceles del país.

    "Ellos siguen presos y yo no tengo forma de comunicarme con ellos, porque cuando comenzamos en el nuevo régimen penitenciario no tuvimos más teléfonos ni forma de comunicarnos", señaló.

    Varela implementó un nuevo sistema penitenciario a partir de 2011, que entre otras cosas busca imponer disciplina en las prisiones y promover actividades que permitan a los privados de libertad aprender un oficio en el que posteriormente puedan desempeñarse en la calle.

    "Yo aprendía a coser casi todo tipo de prendas. También estuve a cargo de las competencias de voleibol. Ha sido beneficioso estar bajo ese nuevo régimen, aunque igual estar presa es algo que no le deseo ni a mi peor enemigo, mi familia se desintegró y eso es lo que más me duele", añadió.

    Desde marzo, cuando se registraron los primeros casos de COVID-19,  las cárceles no reciben visitas. Flores sostiene que aunque todas las privadas de libertad están conscientes de que es lo mejor por su salud, es muy duro, porque pierden contacto con la realidad y con sus familiares.

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