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    1-O: la jornada caliente con la que todo y nada cambió en Cataluña

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    Opinión & Análisis
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    Fernando Salgueiro
    El 'procés' catalán, a un año del referéndum del 1 de octubre (63)
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    El 1 de octubre de 2017, más de dos millones de personas votaron a favor y en contra de la independencia de Cataluña. Fue un referéndum unilateral que no contó con el beneplácito del Gobierno español y en el que un 90% votó a favor de independizarse de España.

    Fue un día cargado de tensión, de emociones y también de incertidumbre e interrogantes desde primera hora de la madrugada. Nadie sabía qué podía pasar a lo largo del día. ¿Sirvió de algo el 1 de octubre?

    Punto de inflexión

    El movimiento independentista habría ganado el 1 de octubre frente al entonces Gobierno de Mariano Rajoy si no hubiera sido por el papel que jugaron las fuerzas y los cuerpos de seguridad del Estado. La cita electoral y unilateral se había convertido días antes en una apuesta entre el Gobierno central y el Gobierno de Cataluña. Entre el primero asegurando que no se celebraría ningún referéndum y el segundo asegurando que sí y que habría urnas y papeletas. 

    Como hubo urnas y papeletas, la labor de las fuerzas y de los cuerpos de seguridad del Estado durante la jornada del 1 de octubre de 2017 truncó el objetivo de los independentistas: proclamar la independencia. Y también fue clave para entender por qué las opciones del independentismo murieron aquel día.

    Fueron desplazados a Cataluña 2.000 policías y guardias civiles; más de la mitad, a Barcelona. Las cargas policiales fueron recurrentes desde primera hora de la mañana y muchos han sido los vídeos que se han ido publicando sobre la actuación policial. Tantos como denuncias interpuestas a miembros de los cuerpos policiales por abuso de la fuerza. Frente a la salvaguarda de la unidad de España y del orden constitucional con la que los contrarios a la independencia de Cataluña justifican el papel de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, los independentistas hablan de 'represión' y de 'ocupación' un año más tarde.

    Referéndum del 1-O: así votó Cataluña por la independencia

    El exministro de Exteriores español durante el Gobierno del Partido Popular, José Manuel García-Margallo, ha revelado al canal de televisión catalán TV3 la conversación que mantuvo con el ahora expresidente español, Mariano Rajoy, la noche anterior al 1 de octubre:

    "Esa noche le dije a Rajoy: si se produce, como yo creo que se va a producir, la votación, lo peor que nos puede ocurrir es que intervengan las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado".

    Según el Servicio de Emergencias Médicas de Cataluña, fueron 844 los heridos de diversa consideración a las once de la noche, pocas horas más tarde del cierre de los centros de votación.

    El diario La Vanguardia publicaba las imágenes grabadas desde las mismas cámaras 'GoPro' de los uniformes de la Guardia Civil en las que se escuchan también las conversaciones entre ellos.

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    "Desde detrás metía la porra como si no hubiera mañana. Y no había cojones. Y empujaban, y empujaban. Si uno no se ha ido con una costilla rota, poco le ha faltado", se oye decir a un agente.

    Vuelta a empezar

    Los entonces gobernantes catalanes que constituyeron la punta de lanza del independentismo tienen causas abiertas con la justicia. Son más de una docena los líderes independentistas que están siendo investigados por el Tribunal Supremo español y el expresidente y la cara más visible del 'procés', Carles Puigdemont, reside en Bélgica.

    El independentismo continúa al frente de la Generalitat de Cataluña —el Gobierno de la comunidad autónoma—. Quim Torra, el ahora presidente de Cataluña —y al que Puigdemont señaló con el dedo como su sucesor—, vuelve a entonar los mismos cantos de sirena que en su día hizo suyos incluso el predecesor de Puigdemont, Artur Mas, allá por 2013: que 'la república catalana' está cerca, que ella depende del apoyo de la ciudadanía, que el camino es largo y que "lo conseguiremos".

    Torra tuvo la ocasión de repetir todos esos mensajes durante una entrevista en TV3 el 29 de septiembre, dos días antes de este primer aniversario del 1 de octubre. Como si la comunidad autónoma todavía viviese en 2012 —o incluso antes—, Torra aseguró que solo habría justicia social cuando Cataluña fuese independiente, que Cataluña solo avanzará cuando se gobierne a sí misma y que es necesario un referéndum acordado con el Estado nacional. Fue explícito:

    "Llamo a un nuevo 1 de octubre. Sin miedo, hasta el final y con todas las consecuencias. Aquel primero de octubre nos marca un hito para un nuevo momento, para un nuevo 1 de octubre en el que tendremos que hacer exactamente lo mismo".

    Quim Torra, nuevo presidente de la Generalitat de Cataluña
    © AP Photo / Markus Schreiber
    Quim Torra, nuevo presidente de la Generalitat de Cataluña

    Sin embargo, los catalanes favorables a la independencia llevan haciendo exactamente lo mismo desde 2011, cuando se manifestaron durante el Día de Cataluña —como cada 11 de septiembre— unos 100.000 independentistas. También en 2012, cuando lo hicieron 600.000 bajo el lema 'Cataluña, nuevo Estado de Europa'. También en 2013, cuando 1.600.000 personas formaron una cadena humana de 400 kilómetros a lo largo de la costa catalana. Lo volvieron a hacer el 11 de septiembre de 2014 y el 9 de noviembre, cuando durante el 'Proceso participativo sobre el futuro político de Cataluña' votaron 2.305.290 personas.

    Referéndum en Cataluña
    © Sputnik / Alexey Vitvitsky
    Referéndum en Cataluña

    De ahí que haya razones suficientes para pensar que Quim Torra arengando a "tener que hacer exactamente lo mismo" sea la gota que colme el vaso de los independentistas y que el hartazgo y el hastío se apodere de los partidarios de la independencia y acaben por verla como un cuento chino un año más tarde.

    Todo ha cambiado

    No solo porque en Cataluña todas las caras de la política sean —a la fuerza— nuevas y hayan desterrado la unilateralidad ahora que miran la prisión de reojo. También porque esas caras son otras al otro lado del río. Ya no se alza un gobierno tan beligerante con las aspiraciones independentistas como el de Mariano Rajoy —acusado por la oposición de ser "una máquina de hacer independentistas"—, sino el del socialista Pedro Sánchez, decidido a tejer complicidades y tender puentes con Quim Torra, a desactivar al independentismo y a seducir a la comunidad autónoma.

    Por ahora ha ofrecido a los catalanes un referéndum. Sí, uno sobre el modelo de autogobierno que desean tener dentro de España y no uno sobre la autodeterminación de Cataluña, pero un referéndum al fin y al cabo. Y ese referéndum, tras años de cantos de sirenas, de citas electorales, de manifestaciones, de cargas policiales y de una independencia que más que acercarse, se aleja, puede ser el premio de consolación de más de dos millones de catalanes.

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    El 'procés' catalán, a un año del referéndum del 1 de octubre (63)
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