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    La pandemia COVID-19 está provocando muy fuertes caídas de las economías de países ricos y pobres por igual. Para muchos países de bajos ingresos el impacto económico es aún más potente por la pérdida de remesas de dinero enviado de trabajadores migrantes.

    El Banco Mundial estima que los flujos de remesas disminuirán en 110 mil millones de dólares en 2020, una caída del 20% desde su nivel de 2019.

    En comparación con otras crisis económicas pasadas, esta pandemia representa una amenaza mayor para los países que dependen en gran medida de los ingresos por remesas.

    Hogares

    Las remesas que sostienen a millones de hogares en América Latina y el Caribe se han derrumbado porque sus familiares perdieron empleos e ingresos en los países de acogida.

    La consecuencia inmediata es que el conjunto familiar retrocede hacia la pobreza o profundiza el deterioro en la calidad de vida, al superponerse la crisis sanitaria por la COVID-19 y la recesión económica mundial.

    La región recibirá este año al menos unos 77.500 millones de dólares en remesas. El informe del Banco Mundial señala que el efecto inmediato se verificará en el nivel de consumo de las familias. Seis millones de hogares, de los treinta que reciben remesas, no recibirán ese dinero y otros ocho millones perderán al menos un mes de ese ingreso.

    La remesa promedio en la región es de 212 dólares al mes, según estudios del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y representan 50% del ingreso total de los hogares que reciben ese flujo de dinero.

    La caída proyectada por el Banco Mundial es "la más abrupta de la historia reciente, se debe en gran parte al desplome de los salarios y el empleo de los trabajadores migrantes, más vulnerables durante las crisis en los países que los albergan".

    Contracíclica

    Hasta esta crisis global inédita, las remesas tenía una función contracíclica en las economías: los trabajadores enviaban más dinero a sus hogares cuando sus países de origen experimentaban crisis y penurias, lo que esta vez no pueden hacer porque la pandemia y la recesión afectaron a todos los países, ricos y pobres.

    António Guterres, secretario general de la ONU, destacó la importancia de las transferencias que realizan más de 200 millones de personas que trabajan lejos de su país de origen para ayudar —y en muchos casos sostener— a sus familiares o allegados.

    "Las remesas familiares tienen un efecto directo en la vida de mil millones de personas, es decir, una de cada siete personas en el mundo. En conjunto, las remesas son tres veces mayores que la asistencia oficial para el desarrollo y superan el total de la inversión extranjera directa", afirmó.

    Los más perjudicados

    De todas las regiones, el Banco Mundial espera que América Latina y el Caribe sean de las más perjudicadas con una disminución del flujo de remesas.

    Esto se debe a que Italia, España y Estados Unidos, que son los principales países de origen de las remesas de la región, se han visto muy afectados por la pandemia.

    "Es probable que algunos corredores que dependen en gran medida de las remesas de esos países, como los que afectan al Ecuador y Colombia, registren mayores disminuciones", apunta el informe del Banco Mundial.

    Además las elevadas tasas de desempleo que predominan en Italia y España puede que exacerben el impacto económico de la crisis de la COVID-19 en esas economías, lo que limitará aún más las corrientes de remesas a Bolivia, Ecuador, Colombia, Paraguay y Perú, añade el informe.

    En diversos países de la región la entrada de recursos por remesas supera a otros renglones de ingreso de las cuentas externas, como los de turismo, inversión extranjera directa y exportaciones de mercancías. También hay países en que las remesas alcanzan un porcentaje elevado, incluso superior al 10%, como proporción del PIB. 

    Países muy afectados serán los de América Central y Haití, apuntó la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Alicia Bárcena. Las remesas constituyen entre 30% y 39% de PIB de Haití, y el año pasado representaron 21,8% del de Honduras, 21,2% del de El Salvador y 13,8% del de Guatemala.

    La CEPAL destacó la caída de las remesas entre las causas que deprimirán la economía de la región a un nivel sin precedentes (-5,3%), con riesgo de que la pobreza aumente de 186 a 214 millones de personas, 33% de su población total.

    La economía de EEUU

    El Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos (CEMLA) calculó que los ingresos por remesas en Latinoamérica y el Caribe superaron los 93.000 millones de dólares el año pasado. La región acumulaba aumentos en la recepción de remesas durante diez años consecutivos. Hasta la pandemia del coronavirus. Como se mencionó, este año bajarían a 77.500 millones.

    Los países que recibieron más remesas fueron:

    • México (36.000 millones)
    • Guatemala (10.508 millones)
    • y República Dominicana (7087 millones).

    México es uno de los países que más remesas reciben en el mundo. El 97% de los mexicanos que se van de su país, migra hacia EEUU, según el CEMLA. Por eso, cuando la economía estadounidense goza de buena salud, como ha sucedido en los últimos años, también aumentan las remesas. Y cuando ingresa en crisis, sucede lo opuesto.

    En mayor o menor medida, las remesas de toda la región dependen de la economía de EEUU. El 80% de los emigrantes centroamericanos tiene como destino ese país, el 70% de los emigrantes del Caribe y el 23% de los emigrantes sudamericanos.

    Vulnerables

    En la crisis COVID-19, uno de los grupos más vulnerables son los migrantes puesto que desarrollan sus actividades en la informalidad laboral.

    Las medidas de emergencia que han diseñado e instrumentado los gobiernos para apoyar a la población en general, como los créditos blandos, el seguro al desempleo o las subvenciones directas e incluso el acceso a los sistemas de salud, no estén alcanzando a la población migrante y, por tanto, acentúa la disminución de sus ingresos a enviar a sus países de origen.

    El Banco Mundial recomendó que los gobiernos y las empresas trabajen para proteger a los inmigrantes de los efectos económicos y sanitarios del coronavirus, apuntando que a menudo quedan excluidos de los programas destinados a amortiguar los efectos de la pandemia. Y alentó a los países y las empresas a reducir los costos de envío de dinero a casa, que pueden llegar a ser de hasta el 20 por ciento en la región más cara para las remesas.

    Crisis de refugiados

    El último número de la revista del FMI Finanzas y Desarrollo, los economistas Antonieta Sayeh y Ralph Chami, advierten que la disminución de remesas requiere una respuesta práctica, no solo por el bien de los países pobres, sino también por los ricos. 

    Esos economistas del FMI plantean lo siguiente:

    • La comunidad global debe reconocer el beneficio de mantener a los migrantes donde están, en sus países de acogida, tanto como sea posible. 

    Retener a los migrantes ayudará a los países de acogida a mantener y reiniciar los servicios básicos en sus economías y permitirá que las remesas a los países receptores sigan fluyendo. 

    • Las instituciones financieras internacionales también deberán intervenir para ayudar a los países de origen de migrantes no solo a combatir la pandemia, sino también a amortiguar el impacto de perder estos flujos de ingresos privados, justo cuando estos países de bajos ingresos y frágiles los necesitan más.

    Una crisis prolongada podría empeorar la presión en los mercados laborales de los países ricos, y los migrantes sin trabajo podrían perder su condición de residentes en los países de acogida y verse obligados a regresar a sus hogares, indican Sayeh y Chami. 

    Es probable que se unan a los desempleados en sus países de origen, en mercados laborales que ya están llenos de jóvenes desempleados, y que ejerzan más presión sobre los sistemas de salud pública que ya son frágiles. 

    Esas personas que escapan de situaciones difíciles en sus propios países pueden que busquen otros destinos, pero existe el riesgo de que los países más ricos, en lucha contra el virus, pueden tener muy pocos incentivos de permitir la entrada de migrantes, lo que puede conducir a otra crisis de refugiados aún mayor.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Etiquetas:
    pobreza, economía, EEUU, coronavirus en América Latina, pandemia de coronavirus, coronavirus, Caribe, latinoamérica, remesas
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