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    Pablo Iglesias, líder del partido Podemos

    El dilema de Pablo Iglesias y el futuro de Podemos

    © REUTERS / Andrea Comas
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    Luis Rivas
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    Pablo Iglesias necesita el respaldo de los militantes de Podemos para justificar el fracaso en su pretensión de formar parte de un gobierno de coalición dirigido por el socialista Pedro Sánchez.

    Tras meses de negociaciones infructuosas, someter al voto la respuesta al presidente interino es la salida que podía protegerle de las críticas que le están ya llegando por negar la posibilidad al PSOE de acceder al poder efectivo tras los resultados de las elecciones de abril.

    Para Pedro Sánchez, esa decisión de Iglesias fue la gota que colmó el vaso de su paciencia, pues lo consideró como una maniobra que da en un principio por finalizada la posibilidad de contar con su apoyo en la sesión de investidura, justo después de que el presidente del gobierno en funciones acercara la posibilidad de incluir en su equipo de gobierno a miembros de Podemos.

    Durante semanas, PSOE y Podemos han llevado a cabo negociaciones que cada partido ha interpretado de cara al público según la táctica cambiante de cada instante y haciendo públicas conversaciones que deberían haber sido discretas. En un primer momento, Pedro Sánchez habló de "gobierno de cooperación", nuevo concepto que servía para evitar un tradicional gobierno de coalición, donde ambos partidos compartirían ministros en proporción a sus resultados electorales, siempre bajo la dirección de Pedro Sánchez.

    ​Pero los socialistas tenían claro desde un principio que no podían sentar a la mesa del consejo de ministros a un aliado que no consideran fiable. Las diferencias ideológicas y políticas que separan a ambos partidos son mucho más evidentes que la idea de unirse en un gabinete compartido. Para el PSOE es la actitud de Podemos sobre Cataluña el principal escollo, según declaraciones de todos sus líderes. Podemos ha defendido siempre un referéndum de autodeterminación para esa región, algo que el PSOE considera fuera de la Constitución y de su propio ideario.

    Diferencias PSOE-Podemos

    Pero Cataluña no es lo único que separa a las dos fuerzas de la izquierda española. Las medidas sociales que podrían alcanzar en consenso llegarían a un límite que para Pablo Iglesias supondría la aceptación de una línea socialdemócrata que convertiría a su organización en una simple fuerza de apoyo para la gestión socialista. En una palabra, muchos verían en este punto la fagocitación efectiva de Podemos por el partido mayoritario. ¿Qué créditos podría obtener Iglesias y su partido en caso de éxito de tal coalición en los siguientes comicios? Confirmar, quizá, que el objetivo de superar un día al PSOE electoralmente sería más complicado que convertirse en el aliado junior permanente de los socialistas.

    Pero muchos votantes de izquierda no entienden que se deje pasar la oportunidad de establecer un gobierno de ese color, aunque ambos partidos deban ceder en algo. La pretensión de primera y de última hora de Pablo Iglesias de integrar personalmente el ejecutivo de Sánchez era más bien una apuesta a "todo o nada", consciente de que para los socialistas ese aliado coyuntural podría convertirse en cada momento en una amenaza para la estabilidad o en un crítico interno que desacreditara su gestión en cada medida que hubiera que acometer.

    Por eso Sánchez y sus portavoces preferían insistir en un acuerdo de programa del que no se pudiera salir argumentando diferencias insalvables. Los comentarios que insisten en la existencia de gobiernos de coalición en toda Europa convencen poco cuando se trata de poner de acuerdo a un partido socialdemócrata y a otro que defiende, o defendía hasta hace poco, posiciones antisistema. Un apoyo exterior de Iglesias a un gobierno monocolor de Sánchez tras la firma de un programa dejaría más libertad al líder de Unidas Podemos para desligarse del compromiso si el pacto no se cumple, pero ahí Sánchez no ha empujado de su parte para poner en marcha con prontitud una mesa de negociación, que debería haber sido el paso previo a un acuerdo.

    "Fuerza progresista no sectaria"

    La adaptación, o la supuesta moderación de Podemos para apoyar lo que la izquierda llama medidas sociales, siempre puede tener un límite. Y si se trata de acercar al PSOE formaciones más a la izquierda, el fantasma de Íñigo Errejón planea ya sobre el futuro de Iglesias. Errejón, aliado de la exalcaldesa de Madrid Manuela Carmena en la formación regional "Más Madrid", ha asegurado que existe espacio político en España para otra fuerza progresista "no sectaria". EL PSOE insiste en ese aspecto, facilitando sondeos de opinión que indicarían que un partido encabezado por Errejón a nivel nacional superaría a sus excompañeros de Unidas Podemos en unas nuevas elecciones generales.

    Es esa división de la izquierda lo que genera la esperanza del Partido Popular y Ciudadanos, si se va definitivamente de nuevo a las urnas, aunque nadie sepa a ciencia cierta cuáles serían los cambios de opinión de unos votantes hastiados tras un debate eterno, causado primero por los actos ilegales y las exigencias del independentismo catalán y ahora por las dificultades que cada partido pone sobre la mesa para llegar a acuerdos que posibiliten la formación de un gobierno. Ciertas voces anuncian que solo la abstención saldría ganando con una nueva cita electoral. Lo que parece también probable es que Unidas Podemos no mejore los decepcionantes resultados obtenidos en las últimas generales, municipales, autonómicas y europeas.

    ​Si Pedro Sánchez no logra la investidura en la tercera semana de julio, las Cortes deberán esperar a septiembre para ofrecerle la última oportunidad antes de evitar nuevos comicios. La izquierda española puede así perder una nueva oportunidad de llevar a cabo las reformas que proponen, pues el país sigue viviendo de los presupuestos aprobados por la derecha hace dos años. Solo un gobierno investido por el Parlamento puede proponer un nuevo plan económico, que tanto PSOE como Podemos querían convertir en "social", antes de tirarse los trastos a la cabeza.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Etiquetas:
    España, Pedro Sánchez, PSOE, Podemos, Pablo Iglesias
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