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    El resultado de las recientes elecciones presidenciales ecuatorianas ha sido decisivo no sólo para el porvenir de ese Estado latinoamericano; también va a tener consecuencias relevantes para todo el subcontinente.

    Con los comicios estaba en juego el futuro del denominado "socialismo del siglo XXI" que puso en marcha Hugo Chávez en Venezuela y cuyo desarrollo adaptó y mejoró Rafael Correa en Ecuador cuando llegó al poder hace 10 años. De esa adaptación nació lo que él llamó Revolución Ciudadana, que trajo estabilidad política, crecimiento económico y mejoras sociales.

    Es muy cierto que el 'correísmo' no ganó en primera vuelta, una circunstancia que no ocurría desde 2006. Pero no era Correa el que figuraba en las papeletas de votación, sino su sucesor, su aliado político, Lenín Moreno, cuyo perfil personal es diametralmente opuesto al de su predecesor. El presidente electo es tranquilo y pausado. No es tan vehemente como Correa, pero es pragmático y también tiene fuertes convicciones. No posee el carisma de Correa pero sabe perfectamente lo que es la superación personal porque en 1998 perdió la movilidad de las piernas como consecuencia de un disparo en un asalto que dañó la médula espinal.

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    De hecho, si Correa se hubiera presentado a las elecciones, seguramente habría vencido a sus adversarios en la primera vuelta. Aunque su popularidad se ha ido desgastando con el tiempo, lo que se estaba decidiendo era el modelo que inauguró, no su figura.

    El desgaste del oficialismo es evidente en Ecuador, pero no tanto como ocurriera en Brasil, tras la polémica destitución de Dilma Rousseff, o en Argentina, donde fue derrotado el candidato kirchnerista por uno de derechas y se produjo un abrupto cambio de tendencia.

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    Lo que está viviendo Latinoamérica no es exactamente un giro a la derecha, sino más bien el empuje constante de los movimientos opositores, independientemente de cuál sea su signo político. Ahí está el caso del infatigable candidato Andrés Manuel López Obrador en México quien sueña con la Presidencia desde hace lustros y ahora tiene una nueva ocasión en julio de 2018. Es su tercera oportunidad y como dice el refrán a la tercera va la vencida. López Obrador —AMLO para los amigos—, apoyado por su Movimiento de Renovación Nacional (MORENA), netamente de izquierdas, es el mejor situado en los sondeos de opinión.

    Las urnas instaladas en Quito, Guayaquil y otras ciudades y pueblos han demostrado que Ecuador sigue siendo más socialista que liberal, aunque la diferencia entre Moreno y su adversario, el exbanquero Guillermo Lasso, haya sido de 200.000 votos. Eso implica la continuidad ideológica del modelo, lo que va a tener efectos en los países vecinos.

    Es curioso que el que será el nuevo jefe del Estado ecuatoriano a partir de mayo lleve por nombre el apellido del famoso líder de la Revolución Bolchevique.

    No hubo ruptura como muchos deseaban y vaticinaban, pero la izquierda debe mantenerse muy alerta, ya que las actuales condiciones macroeconómicas internas y externas son poco favorables y muy distintas a las del pasado. El precio del petróleo ha caído considerablemente y el país se encuentra inmerso en un estado de recesión económico.

    Sin embargo, este sombrío panorama no debe ser la excusa para revertir las cifras de reducción de la pobreza, conseguidas gracias a las políticas que aplicó Correa de fomento de la sanidad, la educación y la vivienda. Los ajustes tendrán que ser proporcionales y afectar más a las clases más favorecidas.

    Lasso no consiguió reunir el voto de los socialcristianos y de otras fuerzas políticas que les habían ofrecido su apoyo para derrotar juntos al correísmo. La oposición impugnó el balance de los comicios, citando la existencia de irregularidades técnicas y el hecho de que una encuesta a pie de urna que se publicó antes del cierre de la votación daba la victoria a Lasso. Esas impugnaciones deberían ser atendidas institucionalmente, pero los observadores internacionales encargados de verificar la limpieza del proceso electoral no encontraron pruebas de fraude y aplaudieron el triunfo de la democracia.

    La misión de la Organización de Estados Americanos (OEA) cotejó la información recogida por sus observadores en 480 centros de votación con las actas del Consejo Nacional Electoral (CNE). Su informe afirma que no constataron discrepancias entre las actas observadas y los datos oficiales. Los representantes de la OEA señalaron además que, "al momento del cierre, en casi la totalidad de mesas observadas había delegados de las dos organizaciones políticas, a quienes se entregó una copia del acta al finalizar el escrutinio".

    Los observadores lamentaron el uso político que se hizo de nuevo —al igual que en la primera vuelta— de las encuestas a boca de urna que se publicaron minutos antes del cierre de la votación pues la gran disparidad entre los resultados de los distintos sondeos generó mucha incertidumbre entre el electorado y llevó a ambos candidatos a declararse ganadores antes de conocerse las cifras oficiales publicadas por el CNE.

    Tras esta nueva etapa política ecuatoriana, se abren dos grandes incógnitas. La primera es saber cuál será la relación que va a existir a partir de ahora entre Moreno y Correa, quien anunció que se irá a vivir a Bélgica, de donde procede su esposa. No es un exilio. Alega razones personales. Sin embargo, a nadie se le escapa que Correa va a continuar siendo un referente político de primer orden aunque resida a más 10.000 kilómetros de distancia. Su influencia se mantendrá en los próximos años. Incluso no se puede descartar su regreso a la patria a partir de 2019 si el panorama se pusiera demasiado feo.

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    La segunda cuestión que habrá que despejar es hasta dónde llegarán las medidas de ajuste que posiblemente tenga que acometer Moreno para sanear las cuentas del país y no aumentar el déficit fiscal. El presidente electo ya se ha mostrado conciliador, tendiendo la mano a la oposición, muy consciente de que tendrá que negociar mucho y largo, porque el partido de Correa, el movimiento Alianza PAIS, ha perdido poder en la Asamblea Nacional tras las recientes elecciones parlamentarias y le será, por consiguiente, más complicado legislar y gobernar como antes.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    Etiquetas:
    Lenín Moreno, elecciones, Ecuador
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