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    LONDRES (Sputnik) — El primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, trata de reorientar su programa político después de una explosiva crisis en su oficina de Downing Street, que resultó en la renuncia de su principal asesor y estratega de la victoria del Brexit.

    El reajuste se torció nada más comenzar. Johnson aportó munición a la causa independentista en un encuentro virtual con sus diputados del norte de Inglaterra, en el que afirmó que la descentralización del poder es "un desastre al norte de la frontera".

    Autonomía vs centralización

    El mandatario conservador añadió que la 'devolución' de poderes a Escocia y Gales fue el "peor error de Tony Blair". Se refería al plan laborista para crear parlamentos autonómicos en ambas naciones, que se ejecutó después de cosechar sendas victorias en los respectivos referendos de 1999.

    La reunión debía inaugurar una etapa en la gestión gubernamental de Johnson, más abierta al diálogo, contribución, consenso y proximidad respecto a sus ministros y facciones parlamentarias. Pero concluyó en un ejercicio digital calamitoso y contraproducente para el unionismo.

    "Conviene marcar estos comentarios del primer ministro para la próxima vez que los 'tories' digan que ellos no representan una amenaza para el Parlamento escocés o, más increíble aún, que apoyan la transferencia de nuevos poderes. La independencia es la única vía para proteger y reforzar el Parlamento escocés", denunció la ministra principal de Escocia y dirigente del SNP, Nicola Sturgeon.

    Auge del independentismo

    Los sondeos dibujan una curva ascendente a favor de la independencia en Escocia, empujada por el descontento con el Brexit y el malestar ante la pandemia del COVID-19. Sturgeon podría hacerse con la mayoría absoluta en las elecciones autonómicas previstas para mayo de 2021, según la tendencia constante en intención de voto.

    Boris Johnson, el primer ministro del Reino Unido
    © REUTERS / El Parlamento del Reino Unido / Jessica Taylor
    Por ello, el líder de los conservadores en Escocia, Douglas Ross, se apresuró a rectificar las palabras de su jefe y primer ministro: "La autonomía no es un desastre. El desastre ha sido la incesante obsesión del SNP con otro referéndum [independentista], por encima del empleo, educación y todo lo demás". El unionismo ganó el plebiscito soberanista de 2014 con una mayoría del 55% de los votos.

    Downing Street quiso aclarar el significado de la intervención de Johnson, pero fue en vano. El mandatario conservador, que está confinado en su domicilio londinense, después de entrar en contacto con un diputado que dio positivo de COVID-19, demostró una vez más su ligereza con las palabras.

    Indecisión y desorden

    Charles Moore, quien contrató a Johnson como redactor y columnista en dos medios que dirigió en los años noventa, aludió días atrás al "problema" que "la nación confronta constantemente con Boris". "No es apto para el alto mando de una forma alarmante pero tiene capacidades singulares de liderazgo", escribió en The Telegraph.

    Johnson era el más popular de los líderes conservadores de los últimos años. Los que trabajan con él comentan su falta de interés por los detalles, su eterna indecisión y una notable animadversión a destituir al personal y lidiar con otras malas noticias. El coronavirus está quemando su carisma y perenne optimismo, según ciertos analistas.

    Guerra de influencias

    El 13 de noviembre despidió a su más cercano ayudante, Dominic Cummings, el genio estratega de las victorias del Brexit en 2016 y las legislativas del pasado diciembre. La salida del llamado 'Rasputín' inglés fue el desenlace de una pelea entre el equipo de Downing Street para asegurar el máximo acceso al primer ministro e influencia en la dirección política del Gobierno.

    En la disputa medió, al parecer, la prometida de Johnson, Carrie Symonds, quien antaño fuera directora de comunicación del Partido Conservador y asesora de varios políticos. Estuvo en el punto de mira del contraataque inicial del entorno de los destituidos —con Cummings también salió el director de comunicación, Lee Cain— a quien acusaron de:

    • dirigir "su propia corte";
    • fomentar la intriga;
    • "gobernar por WhatsApp", entre otras terribles alusiones.
    "Con sus modos irregulares, Boris se desenvuelve más como un monarca mercurial que como un ejecutivo político en una democracia", apunta Moore en referencia al drama en Downing Street.

    Retener el muro rojo

    Johnson tiene una dura tarea por delante. Quiere reconstruir los lazos rotos por sus dos máximos ayudantes, que ignoraron a los diputados conservadores, enemistaron al funcionariado y boicotearon a una serie de periodistas y programas de radio y televisión.

    La desastrosa reunión con los parlamentarios de distritos de tradición laborista hasta el referéndum del Brexit forma parte del programa de rehabilitación política.

    El primer ministro se ve ahora ante el problema de cómo cumplir la reiterada promesa de invertir en provincias del llamado "muro rojo", que se tornó azul hace casi un año. En la paleta están planes para iniciar una "revolución industrial verde", aumentar el gasto en infraestructura, educación y sanidad frente a la realidad de una deuda y un déficit estatales que no han tocado techo desde que estalló la crisis del coronavirus.

    Etiquetas:
    crisis, Brexit, Reino Unido, Boris Johnson
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