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    Andalucía está en la cresta de la ola y la Junta de Andalucía impone el toque de queda en Granada y decreta el cierre de ocio desde las 22h en Sevilla, Córdoba y Jaén. Las hospitalizaciones no paran de crecer, ya hay 200 personas en la UCI y las residencias vuelven a albergar el mayor drama.

    Tras reunirse el Consejo de Gobierno andaluz con el Consejo Asesor de Alertas de Alto Impacto se han tomado nuevas medidas. Todos los andaluces deberán llevar mascarilla, ya salgan a practicar deporte o estén en el interior de un restaurante, solo se la podrán quitar para comer.

    ​Granada, la provincia peor parada (tasa de incidencia de 907 por cada 100.000 habitantes), está ya bajo toque de queda a partir de las 23h.

    La segunda ola pilla a la comunidad autónoma más poblada de España con respuestas y reflejos que recuerdan a la primera. Las cifras del día 21 que ofrece la Consejería de Salud y Familia confirman un nuevo hito negro y suponen los peores datos de la segunda ola que no para de crecer.

    En Andalucía había el miércoles 21 unos 3.442 nuevos positivos y 31 muertos en un plazo de 24 horas. La región ya supera las cifra de 100.000 positivos y cuenta un total de 2.242 fallecidos. La presión hospitalaria sigue aumentando, el miércoles ingresaban 1.567 pacientes, en general, en este repunte Sevilla y Granada las provincias más afectadas.

    Pero sin duda, la situación más alarmante vuelve a concentrarse en las residencias de mayores, solo el miércoles se notificaron seis fallecimientos. En el informe de la Consejería, destacan puntos como la Residencia Senior de Benalmádena (Málaga), donde hay 83 casos, o la Residencia Vista Nevada de Ogíjares, que se mantienen en 69 positivos.

    ¿Cuántos muertos necesitamos para que se actúe bien?

    La Residencia Caridad y Consolación de Jaén es un caso extremo. Hay 161 casos confirmados —112 residentes y 49 trabajadores— y se han notificado 17 fallecimientos en total.

    "Casi la totalidad de la residencia está infectada, y eso que lleva ya 15 días medicalizada!", alerta Martín Durán, Presidente Federación de Organizaciones Andaluzas de Mayores (FOAM), "¿Cuántos muertos tiene que haber para que se actúe correctamente?"

    FOAM explica a Sputnik que la situación es más alarmante de lo que parece y que no hay una reformulación en la estrategia sanitaria para evitar que se repita el drama de la primera ola en las residencias andaluzas:

    "Hemos escrito al Presidente, al Consejero y al Parlamento, pero se sigue apostando por la medicalización de las residencias cuando está más que demostrado que eso no da buenos resultados. La medicalización solo convierte las residencias en tanatorios".

    FOAM pide a las autoridades la evacuación inmediata de los enfermos. Según las cifras de la Junta, el 13 de octubre 120 de las 665 residencias de mayores andaluzas estaban afectadas, un 18%, pero lo más grave es que la letalidad es enorme: alcanza un 18,59%, frente al 2,14% de media andaluza. Y la medicalización sigue aumentando, "en solo dos semanas hemos pasado de 8 residencias medicalizadas a 15", detalla Durán, "en la primera ola, a los casos más delicados se les trasladaba a los hospitales de campaña u hoteles medicalizados, ahora han creado 6 centros de evacuación".

    Medicalización sin garantías ni resultados

    El caso de Jaén es un claro síntoma, tras dos semanas de infructuosa medicalización, los contagios se han extendido sin demora en el interior de la residencia. La Consejería de Salud ha creado protocolos que funcionan respecto a la entrada y salida de los residentes, que realizan test a la vuelta de sus visitas hospitalarias, por ejemplo. También se realiza al personal de la residencia, pero lo cierto es que la medicalización no da garantías.

    Un estudio estadounidense realizado a principios de verano, cuando las residencias acumulaban un 26% de las muertes por COVID-19 en el país, evaluó el efecto de la evacuación hospitalaria de los positivos. Los resultados eran evidentes, se cortaba rápidamente la cadena de transmisión en el interior de la residencia estudiada, en 17 días el COVID desaparecía del interior del centro. Por otro lado, se reducía —del 21% al 13%— la tasa de letalidad de los afectados.

    "Hay muchas evidencias de que la medicalización no da resultados, no hay medios ni garantías de que en el interior de una residencia contagiada se pueda contener el virus", resume Durán.

    Personal sin defensa

    El personal y los profesionales de las residencias son otro gran aspecto a tener en cuenta en este incipiente drama. En todas las residencias afectadas los trabajadores están marcados por el virus. FOMA alerta de que, según sus estudios, es más importante dotar de trabajadores suficientes y balanceados respecto al número de residentes, que contar por ejemplo con personal médico. "Más que médicos necesitamos ratios adecuadas. En España cada comunidad marca sus propias ratios y así nos va", explica Durán.

    "Los trabajadores están achicharrados, son el ejército de Pancho Villa, cada uno actuando por su cuenta. Ni siquiera contamos con las garantías de que vuelva a haber EPIs para todos", detalla Durán.

    La situación de desprotección en la que operan los profesionales de las residencias viene siendo apuntada desde verano por sus propios representantes. Como "cuestión de estado", calificaba el Círculo Empresarial de Atención a las Personas (CEAPs) en agosto, "es necesario ofrecer a los profesionales garantías y criterios únicos, no podemos trabajar con miedo, y menos tras la experiencia sufrida", explicaba la presidenta Cinta Pascual. No obstante, ya en otoño, parece que poco ha cambiado desde la primera ola.

    Etiquetas:
    toque de queda, España, Granada
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