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    España concreta el plan para iniciar la desescalada gradual del confinamiento (214)
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    Las marchas por el centro de las ciudades organizadas por Vox del 23 de mayo reunieron a centenares de personas. En Madrid, donde transcurrió sin incidentes por las principales arterias, se escucharon gritos de "¡Libertad!" y "¡Dimisión!" desde asfalto y aceras, incumpliendo las medidas de seguridad decretadas debido a la pandemia de coronavirus.

    El paisaje era más heterogéneo que en semanas anteriores. Las protestas contra el gobierno de España, encabezado por el socialista Pedro Sánchez, han saltado de los barrios a la calzada. Después de dos semanas congregándose en la calle sin medidas de seguridad y sin una organización concreta, las decenas de manifestantes que han exigido la dimisión del Ejecutivo en barrios pudientes ocuparon algunas arterias céntricas de las ciudades. Esta vez, alentados por el partido de ultraderecha Vox, que propuso para este 23 de abril una Caravana por España y su libertad. Autorizada por Delegación de Gobierno, centenares de personas al volante han cambiado las cacerolas por los pitidos. 

    Un cambio que ha pintado algunas zonas urbanas en un lienzo rojigualda. En Madrid, desde las 12 del mediodía ya se escuchaban los cláxones de los vehículos. Algunas motos y bicicletas pasaban ondeando banderas nacionales y Santiago Abascal, líder de Vox, decía: "España prevalecerá y volveremos a recuperar nuestra normalidad. No una nueva ni una vieja, sino la normalidad de siempre. Recuperaremos el futuro para nuestros hijos. Manteneos en la calle, con todas las medidas de seguridad sanitarias. Que suenen las caceroladas. Sentís que vuestro deber es proteger a España de quienes la quieren pobre y encarcelada. En coche o en moto, en bicicleta o a pie, recorred cada rincón de nuestra patria".

    Órdenes que han tenido un eco más ruidoso que ejemplar: en los automóviles se podía ver a familias enteras saludando a viandantes, conductores sin mascarilla agitando pancartas o grupos de amigos cantando himnos de la Legión. Ricardo Arcemio, un autónomo de 62 años, escalaba hasta el capó para denunciar su oposición a este gobierno "socialcomunista".

    "Queremos que se dé cuenta el presidente de que queremos impulsar la economía con menos gasto público y menos impuestos", decía este militante de Vox.

    "Soy de base, pagando una cuota de nueve euros, pero aquí hay simpatizantes y de todo", indicaba al lado de José, un jubilado de 75 años que pedía una foto con la bandera. "No hay democracia desde que el señor Sánchez manda con independentistas y traidores", añadía.

    Una asistente a las marchas contra el Gobierno el 23 de mayo en Madrid
    © Foto : Alberto García Palomo
    Una asistente a las marchas contra el Gobierno el 23 de mayo en Madrid

    "¡Qué alegría! ¡Qué bandera! ¡La más bonita del mundo!", exclamaba un vecino en conversación de móvil al ver la fila de coches en la plaza de Colón de Madrid. Por allí conducían Covadonga y Paula, dos jóvenes de 22 y 26 años del barrio de Vallecas. "Queremos libertad de expresión. Esto que están haciendo es una vergüenza", protestaban asomándose por la ventana.

    En un vehículo anterior, María Marta Jaquete, de 80 años, se arrancaba así: "Este gobierno nos ha engañado. Queremos su dimisión". Y acababa con proclamas al aire: "¡Viva España, viva Franco! ¡España está en peligro: venid a salvarla! ¡Cobardes, traidores, vamos a morir por la patria!".

    A lo largo de la marcha no hubo incidentes ni multas, a pesar de las infracciones al estado de alarma. "En principio, no se podrían juntar tanto ni ir guardando unas normas en el coche, pero en estas circunstancias no se puede hacer mucho", resoplaba un policía municipal en la calle Serrano.

    ​Por allí pasaba Iván Espinosa de los Monteros y Rocío Monasterio, diputados —en el congreso y en la Comunidad de Madrid, respectivamente— de Vox: "Esto no va de un partido político o de otro. Aquí hay gente que nos ha votado, gente que no. Tenemos derecho a manifestarnos", declaraba él. "Nosotros no vamos a olvidar y vamos a pedir responsabilidades", añadía ella, pidiendo la "dimisión de este gobierno social-comunista".

    "Hablamos de un gobierno que desgobierna, de unos dirigentes que engañan a la gente. Aquí estamos los españoles de bien", argumentaba Antonio García, miembro del servicio de limpieza del hospital 12 de Octubre. García, residente en Leganés, al sur de Madrid, reconocía que era la primera vez que acudía a una protesta. "No soy muy de manifestaciones. Si acaso, las deportivas", bramaba. Juan y Alicia, en un descapotable con su hijo e hija, resumían la indignación afirmando "peor no lo pueden hacer". "Están haciendo todo mal", insistían ambos empresarios, con "menos trabajo" estos meses. "Somos el único país que está pasando por esto", concluía, refiriéndose a un confinamiento que suma casi 340.000 muertos y siete millones de contagios en todo el mundo.

    ​Durante las dos horas en que ha transcurrido la marcha, las redes sociales han ido plagándose de mensajes a favor y en contra de este acto. Algunos repetían que "el fascismo también es un virus" o que el colapso de vías urbanas impedía las tareas de emergencia de ambulancias o fuerzas de seguridad. Javier Villamor, de 33 años, aguardaba en uno de los puntos álgidos con una furgoneta empapelada con la etiqueta #GobiernoDimisión y pedía unirse a "la revolución de las mascarillas".

    Un manifestante en la marcha de Madrid contra el Gobierno
    © Foto : Alberto García Palomo
    Un manifestante en la marcha de Madrid contra el Gobierno

    "Nos están quitando la libertad de expresión, de manifestación, de culto. Ha habido una persecución a los ciudadanos", expresaban, después de llevar una semana y media saliendo a quejarse por la calle y asegurando que eran una muestra "de la sociedad civil, no de un partido".

    "A nosotros no nos ha afectado personalmente, pero estamos preocupados de lo que va a pasar después", señalaban, defendiendo que se deberían bajar los impuestos a las empresas y poniendo como ejemplo a "los países del este de Europa".

    Entre ellos se colaba Fall, un senegalés de 30 años que ofrecía banderas a dos y cuatro euros, según el tamaño. Llevaba unas 20 vendidas. "menos mal, porque en dos meses no he tenido ingresos", explicaba. De fondo, pitidos de coches (muchos de de alta gama) y una amalgama más diversa que en las denominadas pataletas pijas de las caceloradas y el altavoz.

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