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    Con la actividad turística en cuarentena, llega el momento de replantear el futuro del sector. Casi un 13% del PIB español está al borde del colapso y el sector denuncia la ineficacia del gobierno, acuartelado en las medidas de seguridad sanitaria. Ciudades como Sevilla replantean estrategias para seguir siendo competentes.

    El año de la pandemia indica un antes y un después en muchos aspectos. Ahora que en España pasamos de bailar con la letalidad del virus, a hacerlo con el muermo del cadáver económico que deja a su paso el COVID-19, es hora de pensar en como recobrar el pulso más rápido. 

    España es un gigante con pies de barro, merced a su sector turístico. La Organización Mundial del Turismo confirma que los viajes internacionales a los principales destinos cayeron, solo en los tres primeros meses del año, en un 22%, dejando nuestras ciudades desiertas de viajeros, un paisaje espectral. Y este horizonte se asoma tormentoso a la vuelta del verano para el sector turístico, con pérdidas de alrededor de mil millones de turistas y entre 100 y 120 millones de empleos directos amenazados en todo el mundo.

    Eso, para la economía de España, equivale a cortar el cable por el que un acróbata ensaya justo cuando el público toma asiento para gozar del espectáculo. Todos se encomiendan al viajero nacional, pero es obvio que este 2020 presenta un escenario sin soluciones para todo un sector que, en los últimos años, había hecho de España referencia internacional. Desde hace siete años, el país venía batiendo récords de visitas internacionales, llegando a desbancar a un continente de oferta turística como EEUU en 2018.

    En España, hasta ahora, uno de cada siete euros de ingreso está ligado a la industria turística, el sector componía un 12,3% del PIB.

    "El turismo tiene un potencial como dinamizador de la economía envidiable, afecta a sectores secundarios y terciarios, el turismo arrastra a comercio, oferta cultural, creatividad gastronómica, el turista viene a consumir aquello que le parezca atractivo", explica Antonio Jiménez, gerente del consorcio de turismo (CONTURSA) de la ciudad de Sevilla, donde el turismo asciende hasta copar, según cálculos empresariales, un 18% del PIB local.

    La capital andaluza, culminó el pasado 2019 con la celebración de la WTTC una estrategia de reposicionamiento internacional desde la industria turística, convirtiéndose en la alternativa al sol y playa. En el mayor evento del sector, Barack Obama, invitado como orador, definió a la ciudad como "el mejor reclamo para visitar España". Ahora, con la economía varada, la ciudad protagoniza una reflexión conjunta con las administraciones y representantes del sector para "reactivar la economía y replantear como llegar ahora al modelo turístico de calidad y sostenibilidad".

    "No queremos un turismo sin respeto, el visitante tiene que aportar un valor añadido y la experiencia tiene que ser positiva para el visitante, pero también para el residente", cuenta Jiménez.

    Pero como en toda España, este modelo económico tiene sus detractores. Al igual que en las principales ciudades españolas, el aumento de viajeros llegó parejo a la multiplicación de alojamientos turísticos, la familiarización de las comunidades de vecinos con Airbnb y la infame gentrificación, fenómeno de sobra conocido en Barcelona, Madrid, Málaga o Sevilla, pero que afecta también a las pequeñas localidades costeras del sur de España. Un reciente estudio de la Universidad de Sevilla calcula que sin Airbnb, el alquiler sería hasta un 14% más barato en el litoral andaluz.

    "Airbnb es el síntoma central, se trata de suelo residencial convertido en comercial. En última instancia esto lleva a una mercantilización del espacio público que en Sevilla, por ejemplo, termina por criminalizar la pobreza, expulsando a las periferias de las ciudades a chatarreros, mercadillos y toda esa imagen de la pobreza real que tenemos, pero que ocultamos para que no incomode al turismo", opina Juan Antonio Pavón Losada, consultor y analista de política y comunicación que acaba de analizar el modelo económico de la ciudad.

    "Sevilla y otras ciudades tienen un modelo turístico que es frágil y precario, lo vemos en el empleo que genera", analiza Pavón. "Este sistema bebe del cortoplacismo político, es más fácil un sistema que crea empleo rápido que invertir en una reconversión a largo plazo cuyos efectos tendrán lugar cuando haya otro gobierno, por eso tenemos un modelo dependiente del visitante". Sin turista, no hay economía.

    El estudio de Pavón, junto a otros autores, propone un nuevo modelo productivo alternativo al Plan 8 del Ayuntamiento de Sevilla, "que es un modelo que no permite vivir dignamente". Desde dentro del ruedo, Antonio Jiménez es contrario a esta visión:

    "Es erróneo tratar de prescindir del turismo para querer tener un modelo económico más equilibrado, sería como castigar al alumno brillante para que los otros le vayan a la zaga. Somos un país de servicios, querer ser como Alemania o EEUU, potencias industriales, es meramente imitar, hacer un quiero ser como tú", contrarresta el gerente del boom turístico sevillano.

    ​"Lo que sí hay que hacer es reconfigurar el turismo para que nos lleve a dónde queremos, ahí es donde tenemos que ser creativos, no en imitar a potencias industriales".

    Ambas visiones coinciden, al menos, en la necesidad de reflexionar en este parón y reconfigurar el futuro turístico. La digitalización global es el punto común. Además, la tecnología es aliada indispensable para ofrecer seguridad al visitante. El Plan 8 se traduce por lo pronto en la creación de una Única Plataforma de Ciudad que aunará la agenda cultural, los eventos, operaciones de tienda de servicios.

    "En definitiva es un ecosistema digital integrado que permitirá acceder a todo, lo veremos por ejemplo con la próxima Bienal de Flamenco Online", explica Jiménez.

    Esta aplicación facilitará un turismo más comedido en cuanto a volúmenes de visitantes. Todo el sector coincide en que la tecnología está para evitar aglomeraciones y colas infinitas, desde ese punto de vista, estos meses de vuelta a la normalidad, con el turismo internacional en cuarentena, deben servir de fase de pruebas.

    "El mercado tiene que prepararse para nuevos productos para que las visitas reales, no las virtuales, sean posibles a monumentos, museos o catedrales", analiza Francisco Moya, director de artiSplendore. Esta empresa daba servicios en 2019 a 10 millones de turistas en todo el mundo, durante estos meses de parón, han desarrollado productos para habilitar venta online, ticketing, accesibilidad o sistemas de gestión integral para audioguías, todo ello dentro del nuevo paradigma de seguridad que conlleva el distanciamiento físico. La demanda que están recibiendo evidencia que afrontamos un nuevo paradigma en la gestión de flujos turísticos, "pero no solo hablamos de turismo, también en lo que refiere a la atención del público de las propias administraciones, por ejemplo, las colas, parecen llamadas a desparecer".

    ¿Pero cómo replantear la reconversión del modelo cuando no hay liquidez en el bolsillo y el desempleo acorta la imaginación?

    Está claro que la solución pasa por una gestión digital inteligente, pero esto cuesta dinero. El sector mira de reojo a una administración que, para el turismo, toca fondo y no trasmite confianza como para seguir invirtiendo. La principal Alianza para la excelencia turística de España, el conglomerado Exceltur, cifra en más de un 80% las pérdidas económicas respecto al año pasado, dentro de su análisis, ya estamos en el peor escenario posible, con caídas de facturación especialmente intensas en las empresas de transporte de pasajeros y de ocio.

    La falta de confianza hacia el ejecutivo de Sánchez lastrará las medidas más audaces. Según la Encuesta de Confianza Empresarial de Exceltur, con más de 2000 unidades de negocio, la valoración de las medidas de Sánchez es de 3,7 sobre 10, suspenso rotundo.

    Comparativa de Exceltur sobre las medidas de apoyo al sector en Europa
    © Foto : Exceltur
    Comparativa de Exceltur sobre las medidas de apoyo al sector en Europa

    La gota que ha colmado el vaso es el anuncio de la cuarentena obligada de 14 días a los viajeros internacionales, aunque la medida solo funciona durante el estado de alarma.

    "Obviamente no ayuda, es ahora cuando el cliente empieza a planificar vacaciones y esto lo echa para atrás. Creo que los gobiernos, tienen que ser más cautos, no anunciar medidas que tienen un efecto inmediato y que luego no tienen porqué desarrollarse", reflexiona Francisco Moya.

    Las esperanzas para el sector pasan ahora por la Comisión Europea, que el pasado día 13 de mayo, propuso medidas de apertura y alivio al turismo, en contraste al gobierno de España. Para la visión externa de Pavón Losada, la presión del lobby turístico debe ser relegada, en cambio, en aras de la seguridad colectiva.

    "Deberían cerrarse las fronteras, porque este 2020 no supondrá un seguro económico, pero sí puede suponer un gran riesgo sanitario", señala el analista que recalca que el malestar que ha generado la decisión unilateral de la Moncloa de imponer cuarentena al visitante. "Pone de relieve que España es el bar, la barra y la discoteca de la Europa productiva que ahora, no admite quedarse sin su sitio de vacaciones".

    El turismo es en definitiva el nuevo ámbito de ese balance entre sobrevivir o arruinarse, el debate entre seguridad sanitaria o subsistencia económica. Sobre todo, en un país con un sector hostelero diverso pero débil, según el análisis de EY, de los más de 300 mil establecimientos, el 70% tiene menos de 3 empleados. Miles de locales que no podrán invertir en digitalización, y cuyo ERTE, probablemente devenga en ERE en cuestión de meses. Para entonces, quizás el cambio de modelo turístico de España, sea una obligación y no una opción.

    Etiquetas:
    coronavirus, España, turismo
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