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    MONTEVIDEO (Sputnik) — Tras 148 días de abstinencia por la pandemia, este país sudamericano volverá a disfrutar el próximo domingo (9 de agosto) el deporte que más ama con un choque entre los equipos que lo dividen casi en mitades perfectas: Peñarol y Nacional.

    El nuevo coronavirus había interrumpido el campeonato el 13 de marzo, cuando apenas se habían disputado tres jornadas, y el modesto Rentistas lideraba la tabla con puntaje ideal.

    En medio pasó de todo: futbolistas que adelantaron su retiro, otros que quedaron libres, los más afortunados en seguro de paro y la sede de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) cerró transitoriamente sus puertas, las cuales fueron, en los últimos tres meses, un asilo de desahuciados.

    En junio todo cambió con la confección de un protocolo de actuación permitió volver a pensar en fútbol y el 15 de julio la AUF abrió sus puertas nuevamente. El próximo fin de semana reiniciará el campeonato con ocho partidos, aunque hay uno que se roba todas las miradas.

    La pasión no cede

    En Uruguay opera un bipartidismo.

    De un lado está Peñarol, nacido entre los rieles del ferrocarril y con cinco copas Libertadores en sus vitrinas. El "manya", como le dicen, apenas perdió el 4% de los socios durante la pandemia.

    "El esfuerzo que hizo el socio de Peñarol para seguir aportando mes a mes fue fundamental. Estaremos eternamente agradecidos", confía a Sputnik el secretario general de Peñarol, Evaristo González.

    El dirigente se muestra expectante y ansioso: "Espero realmente que se pueda mantener el nivel de un plantel equilibrado como el que tenemos, no teniendo muchas lesiones y poder ver circuito de juego. Al principio no va a ser fácil y el 'parate' se va a notar en todas las canchas".

    Del otro lado está Nacional, el primer equipo de fútbol criollo del continente y último campeón de liga, cuando en diciembre le ganó la final a su archirrival. El "bolso" perdió algunos inscriptos más, aunque la merma no llega al 10%.

    Fueron muchas las familias que, en ambos casos, optaron por poner entre los gastos comunes el amor por los colores.

    "El socio respondió en épocas donde Nacional no podía darle nada", dice a Sputnik el contador del bolso, José López Rubio.

    El dirigente también afirma: "En Nacional lo vivimos con mucha alegría y no sentimos que seamos pocos porque los hinchas colmaron la tribuna Colombes sacando una entrada simbólica para ayudar a Nacional, lo cual es muy emotivo y muy importante en este momento".

    Tomando la idea de algunos clubes europeos, Nacional sacó a la venta una entrada simbólica con un valor de 300 pesos (siete dólares) para quien quiera colocar una foto suya o de algún ser querido en la butaca.

    Esas figuras luego confeccionarán telones que serán instalados en las paredes del Gran Parque Central, el mítico estadio tricolor.

    "En mi caso personal tengo a alguien muy querido, mi primo hermano, nos decíamos hermano primo. El 9 de agosto va a estar en la tribuna porque yo saque entrada para él", cuenta emocionado López Rubio al referirse a su primo, Silvio Cesario López, fallecido el año pasado.

    Protocolo

    El acceso a los estadios será restringido solo a quienes cumplen una función que no sea la de alentar por uno u otro equipo. Y cuando el partido comienza, las puertas quedarán absolutamente cerradas, como en el teatro.

    Los lugares están contados y hasta los periodistas estarán sometidos a un estricto protocolo de actuación que comienza al momento de solicitar las acreditaciones para ingresar.

    Así, cada club podrá llevar 12 dirigentes, dos administrativos, seis integrantes del cuerpo técnico, 29 futbolistas y otras 12 personas, entre médicos, seguridad, utilería, delegados, prensa, administradores y encargados del mantenimiento del campo de juego.

    La AUF, por su parte, ingresará ocho funcionarios, además de la terna arbitral, compuesta por cuatro jueces. Los ocho alcanza-balones y los dos choferes de los buses, serán las otras personas admitidas.

    Jugadores y cuerpo técnico ocuparán el sector rojo, al cual solo se ingresa con un test de COVID-19 vigente negativo. Luego está el sector amarillo, ocupado por dirigentes y periodistas.

    "El hisopado y obligatoriedad sanitaria hace que cada elemento de la delegación sea importante y ya nadie puede andar regalándose y poniendo en riesgo la sanidad del club entero", opina González.

    El sector verde, que nada tiene que ver con el campo de juego es jurisdicción policial. Son las adyacencias del estadio, cuyos accesos estarán vallados, y donde opera la exhortación hecha a los aficionados por el ministro del Interior, Jorge Larrañaga, de no acercarse al lugar.

    "Es completamente diferente para nosotros porque ingresan una cantidad de aspectos sanitarios y la seguridad física, que se ve reducida porque no hay público, da lugar a la seguridad sanitaria que se ve aumentada notoriamente", dice a Sputnik el encargado de seguridad de la AUF, Rafael Peña.

    Luego de un trimestre sin fútbol, a los uruguayos y uruguayas le llegó la hora de aprender una nueva forma de canalizar su pasión. Ahora, de ellos depende.

    Etiquetas:
    deporte, coronavirus en América Latina, pandemia de coronavirus, fútbol, Uruguay
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