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    MONTEVIDEO (Sputnik) — En una de las impactantes escenas de "El séptimo sello" (1957), de Ingmar Bergman, una horda de sangrantes penitentes, en medio de aullidos de dolor y discursos apocalípticos por la peste negra que aquejaba a la Europa medieval, inunda una plaza donde antes había cómicos ambulantes celebrando la vida.

    Ante los temores por la pandemia del COVID-19, los artistas de hoy también se sienten desplazados.

    El martes 9, en un lugar muy diferente, el Montevideo del siglo XXI, se produjo una escena inversa: decenas de artistas autoconvocados por las redes y de diferentes ramas inundaron con color la, por estos momentos, gris y casi desierta central Plaza Independencia para exigir al Gobierno la reanudación de las actividades culturales.

    Entre ellos había representantes de uno de los sectores quizás más afectados: el teatro. No hay caso, el arte dramático se siente amputado si no es presencial. ¿Qué diría el pedagogo teatral ruso Konstantín Stanislavski, creador del famoso sistema interpretativo que lleva su nombre, sobre los esfuerzos por el naturalismo y por la experiencia dramática en obras transmitidas en directo? Porque a eso han debido recurrir muchos actores para mantener en forma su oficio.

    Eso es "totalmente nefasto y perjudicial" para la actividad teatral, opina Guillermo Vilarrubí, actor, director, docente y productor, quien tenía varios proyectos para 2020 antes de que llegara la pandemia. Y dice contundente a Sputnik: "Eso no es teatro, es buscarle la vuelta al momento de desesperación y de incertidumbre y de cero ingreso".

    Una desesperación que él entiende en carne propia: su principal ingreso es la docencia teatral a través de diversos talleres, que se vieron suspendidos por causa del COVID-19.

    "El teatro necesita de la presencialidad. Creo que en la desesperación a veces le erramos (…) porque el teatro es presencial. Ya a la gente le costaba ir al teatro. Si ahora la acostumbramos, la adaptamos a que puede perfectamente verlo desde la casa, desde el sillón, cuando sea el momento de realmente abrir y que la gente pierda el miedo, ¿quién va ir al teatro si lo puede ver desde su casa?", alerta.

    Comprar sí, ver teatro no

    La indignación de los teatreros creció especialmente esta semana, ya que el martes los centros comerciales montevideanos comenzaron a reabrir sus puertas, con ciertas limitaciones y protocolos. Antes, se anunció la reanudación paulatina de clases, y el fútbol local también tiene fecha de retorno: el 15 de agosto, aunque incluso se podría adelantar.

    ¿Y el teatro? "Es aberrante" que se abran las puertas de los centros comerciales y no de las salas teatrales, dice a esta agencia la actriz y comediante Fabiana Fine, quien se vio duramente afectada por la cuarentena, ya que vive del teatro y de actuaciones en eventos y fiestas.

    "Que abran los shoppings y que no abran los teatros es una muestra clara de que la cultura a muchos grandes y oscuros no les sirve, porque un shopping atrofia el cerebro, y un teatro abre consciencia y plasma ideas, y transforma situaciones negativas en positivas", afirma.

    Montevideo, pese a ser una ciudad pequeña comparada con las cercanas Buenos Aires y Sao Paulo, se podía enorgullecer de su vibrante actividad teatral. Hasta que se detectara el primer caso de COVID-19 en este país el 13 de marzo, se podían contar decenas de obras en cartel. Ahora no hay ninguna.

    Fine contó a Sputnik que, pese a todo, afrontó el impacto con una actitud positiva, y trató de suplir los ingresos que recibía por sus actuaciones con otras actividades económicas, incluso relacionadas con el arte, como la realización y venta de cuadros.

    Con ella coincide Vilarrubí, quien afirma: "Creo que no se ha pensado, no ha sido justo, cómo se han abierto ciertas áreas y otras no, sobre todo porque hay muchas salas con mucha capacidad que se podrían haber abierto con determinada cantidad de gente, obviamente".

    Los centros comerciales pudieron abrir permitiendo la entrada de hasta 5.000 personas y con un protocolo. "A un teatro que tiene la capacidad para 1.000… ¿por qué no pueden venir 100 y sentarse en butacas con distintas distancias?", añade.

    La mítica sala teatral montevideana El Galpón presentó al Ministerio de Educación y Cultura un protocolo para la reapertura de sus puertas, mientras el Instituto Nacional de Artes Escénicas también trabaja en ese sentido. Pero aún no hay fechas concretas. Mientras tanto, el teatro, también en este pequeño país sudamericano, hace una de las cosas que lo ha caracterizado por siglos: sobrevivir.

     

    Etiquetas:
    teatro, coronavirus, cuarentena, Uruguay
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