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    Diccionario de francés

    Estos tres escritores de literatura francesa nacieron en Uruguay y tú no lo sabías

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    Cultura
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    Juan Ignacio Mazzoni
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    América Latina es una región que tiene fuertes vínculos con la cultura y la lengua francesa. Con motivo del día internacional de este idioma, te contamos cómo Uruguay fue la tierra de nacimiento de tres importantes plumas de la literatura gala.

    Cuando a una persona le preguntan qué partes de América Latina tienen un vínculo con el idioma francés, probablemente mencione correctamente a Haití, Guayana Francesa o las islas de Martinica y Guadalupe. Pero hay otras regiones que han tenido lazos históricos con Francia, su cultura y su idioma, ya sea por un pasado colonial o por influencia de la inmigración, el comercio y los negocios.

    En lo político, un ejemplo es la instauración del Segundo Imperio Mexicano entre 1863 y 1867, tras la guerra que enfrentó al Gobierno de Benito Juárez a las potencias europeas, en la que las tropas francesas tuvieron un importante rol. En lo cultural, las calles de Buenos Aires inspiradas en los grandes bulevares parisinos, además de los parques diseñados por paisajistas franceses, dejan entrever un fuerte lazo entre Francia y Argentina.

    Quizás menos conocido, pero no por ello menos importante, sea el caso de Uruguay. En esta pequeña nación suramericana nacieron tres importantes escritores de la lengua francesa: Jules Supervielle, Isidore Ducasse —más conocido como el conde de Lautréamont— y Jules Laforgue.

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    A mediados del siglo XIX, la joven nación uruguaya era tierra de destino para miles de inmigrantes europeos, particularmente italianos y españoles. Pero también franceses, que tenían una posición importante en la banca y el comercio. Para la década de 1860, la mayoría de la población montevideana era extranjera y las diversas lenguas y dialectos de la inmigración eran parte de un colorido mosaico.

    En Montevideo, de hecho, la lengua francesa era una de las más habladas, en parte por el prestigio de 'lingua franca' mundial que gozaba en la época, pero también por la comunidad francesa que allí habitaba. Es de este contexto que surgen los tres literatos francouruguayos.

    Jules Laforgue, pionero del verso libre

    En 1860, precisamente, nació en Montevideo Jules Laforgue, en una casa cercana a la puerta de la Ciudadela del centro urbano. Su padre, originalmente profesor, trabajaba para un banco con filial en Montevideo. Allí conoció a su esposa, hija de un comerciante normando llegado a Uruguay.

    Del matrimonio entre estos dos expatriados nació el poeta, quien se definió en uno de sus versos como un "buen bretón nacido bajo los trópicos". Transcurrida parte de su niñez en la ciudad uruguaya, fue enviado a estudiar a Tarbes, en el sur de Francia. En ese país vivió hasta su muerte en 1887, con apenas 27 años.

    ​No se destacó especialmente en su paso por las aulas y no alcanzó a obtener su bachillerato, pero fue marcado por el fermental ambiente parisino de la segunda mitad del siglo XIX. Su sensación de extranjero tanto en Uruguay como en Francia fueron elementos que lo señaron profundamente. Aún así, se insertó en círculos como el club literario 'Les Hydropathes' de París.

    A Laforgue, la literatura le debe buena parte de la consolidación del verso libre, un estilo que cultivó y que introdujo en la lengua francesa. También su recurso de la ironía y su experimentación con las posibilidades del lenguaje influyeron de manera considerable en el surrealismo. Luego de su prematura muerte a causa de la tuberculosis, sus obras pasaron desapercibidas por algunas décadas, hasta que fueron revalorizadas e incluidas en los estudios literarios franceses.

    Isidore Ducasse, el conde de Lautréamont

    Un poco antes de Laforgue, en 1846 nació Isidore Ducasse, hijo de un diplomático francés destinado en un Montevideo golpeado por una guerra civil, fogoneada por la rivalidad de las potencias limítrofes, Argentina y Brasil. Huérfano de madre desde edad temprana, su crecimiento en esta realidad impactó en su carácter. Su relación con el Uruguay llevó a que manejara el español como su lengua materna.

    Con 13 años, su padre lo envió a Francia a estudiar, también al Liceo Imperial de Tarbes. No se tienen muchos detalles sobre los años que siguieron a su etapa estudiantil, salvo por algún viaje a su ciudad natal. Su obra literaria consta de unos pocos títulos y poemas, quizás debido a su corta vida, que terminó a los 24 años también a consecuencia de la tuberculosis.

    ​Ducasse utilizó el seudónimo de Conde de Lautréamont —posiblemente una referencia a Montevideo y Montmartre, sus dos tierras— y publicó 'Los cantos de Maldoror' en 1869, un libro que recoge seis cantos poéticos, polémicos en su momento por su tono provocador, macabro y blasfemo para las sensibilidades de la época, pues el protagonista es un antihéroe que lucha contra un Dios ridiculizado.

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    Al igual que Laforgue, sus poemas fueron recuperados varias décadas después, y también nutrieron al surrealismo del siglo XX. Versos célebres como el que refiere al "encuentro fortuito de una máquina de coser y un paraguas en una mesa de disección" inspiraron a los exponentes de esta corriente, por ejemplo, a André Breton.

    Los cantos de Maldoror también encontraron su lugar en la cultura popular francesa, con menciones en canciones de Julien Clerc o Serge Gainsbourg, así como en películas, producciones televisivas y raps.

    Jules Supervielle, el más reciente de los escritores francouruguayos

    Un par de décadas después de Laforgue y casi tres después de Ducasse, en 1884 nació en Montevideo Jules Supervielle, también poeta. Con un pie en cada lado del Atlántico, el escritor fue el más longevo de sus coterráneos destacados en las letras francesas: vivió hasta el año 1960. Su tío, el francés Bernard Supervielle, había fundado un banco en Uruguay y su hermano llegó desde el departamento de los Pirineos Atlánticos para formar parte del negocio.

    Un cartel de la calle en homenaje al escritor francouruguayo Jules Supervielle en el primer distrito de París
    Un cartel de la calle en homenaje al escritor francouruguayo Jules Supervielle en el primer distrito de París

    En Montevideo, Jules Supervielle (padre) conoció a su esposa —también francesa—, se casaron y tuvieron a su hijo. En un viaje a Francia en 1884 con el recién nacido, el matrimonio murió de cólera. Bernard debió ir a buscar al niño huérfano, que crió como su propio hijo en Montevideo.

    ​Luego de una infancia en la capital uruguaya, Jules emprendió el regreso a la patria de sus padres y se educó en París, sin perder jamás el contacto con la tierra que lo vio nacer y a la que volvió seguido. Allí conoció a su esposa, la uruguaya Pilar Saavedra. En los convulsionados años de la Segunda Guerra Mundial, encontró refugio en Montevideo.

    Si bien su obra no es de corte rupturista y experimental como la de Laforgue o Lautréamont, sus piezas teatrales, poemas y novelas le valieron nominaciones al Premio Nobel. Si bien no alcanzó este galardón, su rol en la literatura francesa del siglo XX no es menor.

    La tradición de la poesía en ese idioma se vio condimentada en Supervielle con las vivencias adquiridas en Uruguay y las imágenes propias de las llanuras pampeanas. Además, incursionó en géneros como la ciencia ficción. En 1960, a la edad de 76 años, Supervielle murió en su apartamento parisino, donde se desempeñó también como agregado cultural de la embajada uruguaya.

    Uruguay, el primer país 'francófono' de América del Sur

    Aunque el idioma francés en Uruguay ya no forma parte de la enseñanza obligatoria como hasta hace un par de décadas, en 2013, Uruguay fue el primer país de América del Sur que ingresó como observador a la Organización Internacional de la Francofonía (OIF), una entidad de cooperación que nuclea a estados de lengua francesa o con fuertes vínculos con la comunidad francófona, ya sea de índole histórica, política o cultural.

    Lanzamiento de la Escuela de Idiomas Indígenas en Santiago de Chile
    © Foto : Consejo Nacional de Cultura y Artes de Chile
    Los vínculos de la época de los tres escritores se perpetuaron con la influencia francesa en el sistema educativo y, durante las décadas de 1970 y 1980, por los miles de uruguayos que encontraron refugio durante la última dictadura militar (1973-1985).

    Tras la adhesión de Uruguay a la OIF, también accedieron en la misma condición Costa Rica, México y Argentina. En las Américas, además de los territorios franceses de ultramar, son miembros plenos de la organización el Gobierno federal de Canadá, así como las provincias de Québec y Nuevo Brunswick; Haití; Domínica y Santa Lucía.

    ​La OIF, conformada por 84 estados de todo el mundo, fue fundada el 20 de marzo de 2017. Por este motivo, la ONU celebra en esa fecha el Día de la Lengua Francesa, una de las seis (junto al inglés, español, chino, ruso y árabe) en las que se llevan a cabo los trabajos de sus distintas agencias.

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    francés, lenguas, Organización Internacional de la Francofonía, ONU, Francia, Uruguay