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    MONTEVIDEO (Sputnik) — El carnaval puede ser "el show más grande de la tierra" como definen los brasileños al de Río de Janeiro, "el más largo del mundo" como destacan con orgullo los uruguayos, o estar muy vinculado a lo religioso, como en Bolivia; lo cierto es que en América del Sur el carnaval es la fiesta popular por excelencia de cada febrero.

    De parranda en Barranquilla

    Uno de los grandes carnavales de la región es el de Barranquilla, norte de Colombia, que en tan solo tres días convoca a casi dos millones de personas.

    "Es una fiesta de gran importancia para la ciudad y para el país, teniendo en cuenta que este es el primer patrimonio inmaterial de Colombia", dijo a Sputnik la directora del Departamento de Comunicaciones del Carnaval de Barranquilla, Ana María Osorio.

    Declarado Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la Unesco en el año 2009, el carnaval de Barranquilla, que se celebra desde hace más de 200 años, realizará en esta edición más de 46 actos, de los que participarán unos 800 grupos folclóricos de la ciudad, donde estará expresada la variedad cultural de la región.

    La fiesta comienza el 25 de febrero con la tradicional Batalla de Flores, un homenaje al mar y a los ríos, y ese mismo día se lleva a cabo el Gran Desfile del Rey Momo.

    Los asistentes pueden disfrutar de orquestas, festival de comedias, elección y coronación de la reina popular, así como de una gran parada de comparsas, para llegar al 28 de febrero con el entierro simbólico de Joselito Carnaval, el personaje que representa la alegría de esta fiesta de origen pagano.

    "Joselito simboliza la alegría, el festín, el jolgorio y el desorden de esta celebración del dios Momo", explica Osorio.

    Luego de cuatro días de embriagarse con alcohol e intensa rumba, a Joselito lo dan por muerto y su cuerpo "es llorado y sepultado simbólicamente por las viudas alegres que compartieron con él sus días de fiesta" en una representación "cómico-teatral".

    Sin embargo, nada es triste en el carnaval de Barranquilla, pues según la tradición, en su sepelio Joselito despierta de su borrachera para gritar: "No estaba muerto, estaba de parranda".

    "Definitivamente, no nos equivocamos al decir que 'quien lo vive es quien lo goza'", subrayó Osorio, haciendo alusión a la proclama que distingue al carnaval de Barranquilla.

    Más de 40 días de carnavaleando

    Con una duración de más de 40 días, y por eso el más largo del mundo, el carnaval uruguayo supera en convocatoria a cualquier otro espectáculo del país, incluido el fútbol, y se caracteriza por que la gente común es la gran estrella.

    Quienes participan en el carnaval "no son necesariamente grandes artistas, sino ciudadanos que tienen otros trabajos a lo largo del año y que encuentran en estas semanas la posibilidad de ser protagonistas de la fiesta sobre el escenario", explicó a Sputnik el gestor cultural Andrés Alba, integrante de la Cátedra de Carnaval y Patrimonio de la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura).

    Además de un concurso oficial en un teatro con capacidad para más de 5.000 personas, el carnaval recorre todos los barrios de Montevideo, con los conjuntos presentándose en los "tablados", escenarios donde se respira el verdadero espíritu de esta fiesta y en la que no faltan las familias con el mate (la tradicional infusión amarga a base de yerba mate) ni el "chorizo al pan", un bocadillo de embutido de cerdo entre dos panes, acompañado de tomate, lechuga y mayonesa.

    El candombe es otro de los pilares del carnaval uruguayo.

    Reconocido como expresión cultural por la Unesco, que lo nombró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2009, el candombe es un ritmo de esencia africana que se toca a partir de la combinación de tres tipos de tambor, o tamboril: chico, repique y piano, lo que se conoce como "cuerda de tambores".

    La fiesta máxima del candombe es el Desfile de Llamadas, donde decenas de comparsas desfilan por la calle Isla de Flores, que atraviesa los barrios Sur y Palermo, en los que todavía se concentra la comunidad afrodescendiente.

    Las comparsas son agrupaciones musicales integradas por una cuerda de tambores con decenas de personas percutiendo otros tantos tamboriles y que marcan el ritmo para que desfilen y bailen durante casi 20 cuadras bailarines, portaestandartes y vedettes.

    No es extraño ver personajes del deporte y de la política, incluso secretarios de Estado, participar de la fiesta tocando el tambor.

    O mais grande do mundo

    El famoso Carnaval de Río también tiene un fuerte componente popular, aun cuando la profesionalización de las "escuelas de samba" y la propia masificación del evento lo han convertido en una fiesta más alejada de la tradición primitiva de esta histórica celebración.

    "Mi visión aproxima los desfiles a la cultura popular; me cuesta verlos como un espectáculo del estilo Las Vegas o Broadway, tengo cierta resistencia a eso: para mí los desfiles del Sambódromo (el recinto donde desfilan las escuelas de samba) son un espectáculo porque son algo espectacular, y lo que los vuelve espectaculares es precisamente su carácter brasileño, nacional y regional", dijo a Sputnik Nóvosti el director artístico de Mangueira, una de las escuelas más tradicionales de Río de Janeiro y la vencedora de la edición del año pasado.

    El carnaval religioso de Oruro

    Entre las varias celebraciones en todo el territorio de Bolivia, se destaca el carnaval de Oruro (sudoeste), la expresión cultural y religiosa más importante del país.

    "Se trata de una de las fiestas patronales más ricas, por la capacidad que ha tenido de aglutinar a una cantidad de sectores en términos devocionales ante la Virgen del Socavón", cuenta el investigador orureño Edwin Guzmán.

    La famosa "entrada folclórica de Oruro" si bien es una fiesta carnavalesca, al mismo tiempo es religiosa y recupera los mitos y cosmovisiones del mundo andino, señaló.

    Así, en el carnaval orureño se pueden identificar con claridad la presencia de las culturas uru, aimara y quechua mezcladas con "nuevos símbolos y códigos que pertenecen al mundo moderno", añade.

    A estos carnavales se les suman los de Gualeguaychú, en el Litoral del noreste argentino, el del Callao en Venezuela, e incluso los que se realizan en el Nordeste de Brasil, con acentos más intensamente africanos y que congregan a decenas de miles de personas que le dicen "adiós a la carne", tal la etimología de esta palabra que durante el mes de febrero recorre Sudamérica de norte a sur y de este a oeste, en una gran fiesta continental.

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    Etiquetas:
    carnaval, América Latina
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