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    Tres lecciones de la historia: ¿A qué puede llevar la guerra comercial de Trump?

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    Donald Trump firmó este 8 de marzo dos documentos que prevén gravar con aranceles del 25% y del 10% a las importaciones de acero y aluminio, respectivamente. La reacción de distintos políticos y los expertos de todo el mundo no se hizo esperar. Algunos incluso vaticinaron que la medida pudiera provocar una guerra comercial a gran escala.

    Así, Christine Lagarde, presidenta del Fondo Monetario Internacional (FMI), exhortó a EEUU a no contribuir a una guerra comercial transatlántica, mientras que en Bruselas amenazaron con aplicar medidas de respuesta.

    "Ahora nosotros también impondremos tarifas a las importaciones de EEUU. Es un proceso básicamente estúpido, el hecho es que nosotros estamos obligados a hacer esto (…) Ahora impondremos tarifas a las importaciones de los motocicletas Harley Davidson, de los pantalones Levis y del whiskey borbón", dijo Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, citado por Euronews.

    El periodista Kirill Senin destaca en su artículo para el periódico ruso Izvestia que por ahora es difícil estimar con certeza las posibles consecuencias de una guerra comercial. Sin embargo, la historia señala que estos conflictos pueden ser duraderos y muy dolorosos.

    Las guerras anglo-neerlandesas

    Las guerras anglo-neerlandesas fueron los conflictos comerciales más duraderos y multifacéticos de los que han ocurrido en Europa. La causa de estas guerras fue la resistencia del almirante holandés Maarten Tromp.

    A mediados del siglo XVII, los comerciantes neerlandeses vendían sus bienes por toda Europa, lo que causaba problemas con otros Estados que se consideraban a sí mismos las potencias marítimas. En aquella época, el intercambio comercial y la industria pesquera de los Países Bajos superaba cinco veces a la de Inglaterra.

    Además, los Países Bajos monopolizaban el comercio con sus colonias. Un buque con bandera extranjera detectado en ellas podía ser tomado a la fuerza.

    Todos estos acontecimientos condujeron a que el británico Oliver Cromwell introdujera el 9 de octubre de 1651 las Actas de Navegación. En ellas los ingleses restablecieron la vieja exigencia de que todos los barcos extranjeros tenían que bajar sus banderas mientras navegaban por aguas de Inglaterra enfrente de un barco de la flota británica. Esto, entre otras medidas, buscaba restringir el uso de barcos extranjeros en el comercio de Inglaterra.

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    Maarten Tromp fue un almirante que el 29 de mayo de 1652 no observó esta regla cuando esperaba el regreso de sus buques comerciales en el estrecho de Dover.

    "Los británicos, que trataban de restablecer su estatus de dueños de los mares, no pudieron pasar por alto este atrevimiento y contestaron con un ataque de 21 buques", escribe el autor del artículo.

    En la batalla cerca de Dover los holandeses perdieron dos buques y se retiraron a sus puertos. A comienzos del verano de 1652 Inglaterra envió sus naves a la ciudad de Plymouth y a Escocia para tomar por fuerza los buques de los Países Bajos. A finales de julio, los holandeses declararon la guerra a Inglaterra.

    El conflicto finalizó en abril de 1654 con la firma del Tratado de Westminster. Se esperaba que el citado documento se convirtiese en un reglamento de pleno valor para el comercio marítimo realizado en Europa y fuera de sus fronteras.

    La guerra bananera

    La guerra bananera empezó con la formación del mercado común de la Unión Europea en 1993. La UE introdujo medidas proteccionistas contra las importaciones bananeras procedentes de los países de América Latina y EEUU así como utilizó preferencias para los frutos suministrados desde las excolonias europeas en África y el Caribe.

    Los productores de América Latina y EEUU trataron de burlar el sistema de cuotas europeo. Los importadores más grandes fueron registrados precisamente en el país norteamericano.

    La Organización Mundial de Comercio (OMC) determinó que las cuotas europeas habían violado las reglas del comercio y permitió a EEUU introducir restricciones de respuesta a las exportaciones procedentes de la UE. Algunos productores de los bienes europeos se vieron al borde de la bancarrota.

    Las partes involucradas en la guerra —la UE y 11 países de América Latina— firmaron un acuerdo en diciembre de 2009. Según este acuerdo, la UE se comprometió a bajar las tarifas a las importaciones de bananas desde 176 dólares hasta 114 dólares por una tonelada.

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    De acuerdo con el periodista, en aquel entonces precisamente Rusia ayudó a la industria bananera de América Latina.

    "Si en 1990 la URSS compró tan solo 68.000 toneladas de plátanos, en 1995 Rusia importó 503.000 toneladas de estas frutas por un valor de 261 millones de dólares", sostiene Senin.

    Los 'muslos de Bush'

    Los muslos de pollo empezaron a aparecer en las mesas de los ciudadanos soviéticos y los de Rusia gracias al acuerdo que el presidente de la URSS, Mijaíl Gorbachov, y su homólogo estadounidense, George H.W. Bush, firmaron en 1990.

    Esta fue la razón por la que los muslos de pollo suministrados desde EEUU pasaron a llamarse los 'muslos de Bush'.

    El acuerdo firmado entre dos líderes beneficiaba a ambas partes: los ciudadanos de la URSS —que vivía sus últimos días y enfrentaba un déficit alimentario— obtuvieron un alimento barato al mismo tiempo que EEUU pudo deshacerse de la carne negra de pollo que no gozaba de una gran demanda entre los consumidores estadounidenses como la carne blanca.

    "Sin embargo, la alegría causada por este trato se redujo a cero: resultó que los muslos de pollo estadounidenses sirvieron de herramienta de una dura jugada política", escribe el autor del artículo.

    En 2006 Rusia amenazó con cancelar las preferencias existentes para las importaciones del pollo estadounidense. Oficialmente, las autoridades rusas declararon que emprenderían este paso por razones de seguridad veterinaria.

    Sin embargo, según el periodista, con estas amenazas se ejercía presión para que Moscú obtuviera el derecho de entrar en el Organización Mundial de Comercio. Para eso Rusia tenía que conseguir que EEUU cancelara la enmienda Jackson-Vanik.

    Esta enmienda, aprobada en los años 70 del siglo pasado, rechazaba el otorgamiento del estatus de la nación más favorecida a los países sin economías de mercado que restringían la emigración. En lo relativo a la URSS, la enmienda imponía restricciones comerciales a la Unión Soviética por prohibir la salida de los judíos en el extranjero.

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    La enmienda de Jackson-Vanik fue derogada en 2012 por Barack Obama y Rusia pudo finalmente ingresar a la OMC. No obstante, los agricultores estadounidenses pudieron disfrutar del comercio de pollo con Rusia durante tan solo dos años. En agosto de 2014, Moscú introdujo sanciones contra los países occidentales como respuesta a las restricciones que habían sido impuestas a Rusia por Crimea. El embargo ruso incluyó las importaciones del pollo estadounidense.

    En menos de un año, Dmitri Medvédev, primer ministro de Rusia, declaró que el país euroasiático era capaz de abastecerse con la carne de pollo.

    "En cuanto al pollo tenemos todo en orden. Por eso no necesitamos ningunos muslos de Bush", declaró Medvédev.

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    Etiquetas:
    aranceles, guerra comercial, Donald Trump, EEUU
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