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    LA HABANA (Sputnik) — "Frustración" e "impotencia" son las dos palabras más escuchadas en Cuba en los últimos días, cuando se habla de comercio virtual, una opción que muchos esperaron como alternativa "eficaz" a las limitaciones impuestas en tiempos de pandemia.

    Sin dudas, la demanda superó la oferta y la eficiencia, en un mecanismo de distribución y ventas que demostró no estar listo para ser aplicado y que generó fuertes críticas en una comunidad que se debatía entre permanecer en sus hogares a buen resguardo del COVID-19, o salir a las calles en busca de alimentos.

    Cuando se anunció su puesta en marcha en abril pasado, bajo el control de la corporación CIMEX y la Cadena de Tiendas Caribe, muchos cubanos pusieron sus esperanzas en esta modalidad de mercado que, en teoría, agilizaría las entregas de productos de primera necesidad y sería un freno necesario a las aglomeraciones de grandes cantidades de personas en las tiendas.

    La ruta para satisfacer la "demanda" comenzó en el sitio digital Tuenvio.cu, que enlazaba varias tiendas que venden sus productos en la moneda fuerte cubana (CUC), y que desde noviembre de 2019 ya hacía sus primeras ventas, pero con cifras que no rebasaban los 8.000 usuarios.

    Colapso

    Al hacerse público el servicio de ventas a través de la red que incluía las entregas a domicilio, las solicitudes se dispararon a casi 79.000 órdenes, lo que sin dudas hizo colapsar un servicio que definitivamente no estaba listo para asumir tal demanda.

    Las quejas de la población fueron muchas y diversas, desde las limitaciones para acceder a los sitios de Internet donde están las tiendas virtuales, la insuficiencia de productos en oferta, los cambios sorpresivos en las órdenes de compras, las entregas incompletas, y las demoras en llevar los productos a los domicilios que en muchos casos superaron los 20 días de espera.

    A eso se unió un deficiente servicio de quejas y reclamaciones, que irritó aún más a muchas personas que asumieron las fallas como un irrespetuoso tratamiento a sus derechos como clientes.

    Por su parte, las autoridades a cargo de estos servicios intentaron dar explicaciones públicas que, al final, no consiguieron ni mejorar el mecanismo, ni calmar la irritación popular.

    Ante la avalancha de quejas, los organizadores del sistema anunciaron el pasado 9 de junio un cierre temporal y escalonado de las tiendas virtuales, que permita, en su opinión, readecuar el servicio.

    La propuesta, que tampoco contó con el apoyo popular, establece la venta de "combos" de productos de alimentación y aseo, según las disponibilidades en los mercados, que limitaría la capacidad individual de seleccionar los productos deseados, y la obligación de comprar artículos incluidos en esos "combos" aun cuando no los necesite el cliente.

    Señales positivas

    A pesar de sus limitaciones, el sector privado en Cuba dio muestras de creatividad en estas jornadas de aislamiento a causa de la pandemia del COVID-19, con resultados más positivos y evidentes en su gestión comercial de cara a la ciudadanía.

    Varias cafeterías y restaurantes en La Habana y otras provincias del país incrementaron sus ofertas de venta a domicilio inmediatas de alimentos y refrigerios, incluso de mercados alternativos que te ofrecen viandas, carnes y otros productos que habitualmente se expenden en los mercados agropecuarios, pero esta vez hasta la puerta de la casa, y con apenas tres o cuatros días de espera.

    Mercado negro

    A todo esto se une el inevitable mercado negro, tanto en las redes sociales como en el habitual de casa en casa, que en medio de la pandemia, el desabastecimiento y las irregularidades e insuficiencias del mercado estatal, hace "el pan" aprovechándose de las necesidades.

    Ya sean productos o servicios autorizados por las legislaciones vigentes en la isla, mercancías importadas, y equipos o productos sustraídos de las tiendas, los altos precios marcan estas modalidades, en muchos violatorias de la ley y que suceden a la vista de todos.

    Según expertos, las principales causas que mantienen vivo a este mercado negro que desangra al bolsillo del cubano son la insuficiente producción nacional, la corrupción que señorea en ese sector, el deficiente control económico, la ineficiencia de inspectores estatales y a las tradicionales limitaciones del comercio estatal.

    Por ahora solo resta esperar cuál será la próxima decisión. Todavía la pandemia del nuevo coronavirus SARS-CoV-2 acecha a los cubanos, la mesa sigue demandando alimentos, las respuestas a veces son incongruentes y los pícaros siguen al acecho. 

    Etiquetas:
    comercio, crisis, coronavirus, Cuba
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