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    El proyecto estadounidense de dominar el mercado gasístico europeo ha fallado mientras todavía se encontraba en su etapa inicial. ¿Por qué?

    China y Estados Unidos han firmado recientemente el tan esperado acuerdo comercial bilateral. De momento, se sabe que el país asiático acordó restablecer las compras de una amplia gama de bienes, principalmente de productos agrícolas, y que la cuestión energética también fue agregada al documento. Sin embargo, mientras el volumen de compras en el sector agrícola se estableció en una suma relativamente baja, las del sector de la energía verán un aumento significativo, explica Serguéi Savchuk en su artículo (en ruso) para Sputnik.

    Pekín se ha comprometido a comprar en los próximos dos años recursos energéticos de los Estados Unidos por un total de 52.400 millones de dólares, de los cuales, 18.500 millones en 2020 y 33.900 millones en 2021. Según datos del Departamento de Comercio de EEUU, en 2017, es decir, en el momento en que comenzó el conflicto comercial entre las dos naciones, China importaba recursos energéticos por un total de 8.400 millones de dólares, de los cuales la mitad se refería a petróleo crudo. En 2019, en la fase más aguda de la confrontación comercial bilateral, las compras se hundieron a 3.500 millones, lo que, por supuesto, no le vino bien al país norteamericano.

    Bajo las nuevas condiciones del recién firmado acuerdo, China debe aumentar drásticamente las compras de carbón y gas licuado estadounidenses. El documento, además, prevé la compra obligatoria de componentes para centrales nucleares, pero esta ya es toda una cuestión aparte, explica el autor.

    ¿Por qué Washington insiste en que los chinos compren sus hidrocarburos? La respuesta es bastante sencilla: según los analistas estadounidenses, el plan de EEUU para conquistar Europa con gas natural licuado (GNL) fracasó ya en la etapa de planificación.

    Pronósticos imprecisos

    Las dificultades enfrentadas por Donald Trump en el sector gasístico se deben a que, al construir todo su sistema de plantas y terminales de GNL, un factor clave no se tuvo en cuenta: Europa busca diversificar sus importaciones de recursos energéticos, lo que implica el uso de varias opciones más allá del gas licuado transatlántico.

    Si dejamos a un lado las cuestiones políticas y nos basamos en los indicadores económicos, solo es posible hablar de una "conquista" del mercado energético europeo, si los productos exportados por el país "conquistador" son comprados por Alemania, el líder indudable de la Unión Europea y uno de los principales importadores de recursos energéticos.

    Alemania ocupa el primer lugar mundial en términos de importación de gas natural. En promedio, para satisfacer sus necesidades industriales y sociales, Berlín compra casi 120.000 millones de metros cúbicos de combustible azul por año. Dado que el país teutón está abandonando el uso de los combustibles fósiles y del uranio, la dependencia de las importaciones energéticas solo crecerá.

    Las ventas a otros países de la Unión Europea no desempeñan un papel clave en las exportaciones de EEUU. Francia utiliza tradicionalmente su propia energía nuclear, el Reino Unido, por su parte, continúa experimentando con energías renovables. Queda Austria, pero al país se le han prometido 50.000 millones de metros cúbicos de gas del Nord Stream II, razón por la que Viena está descontenta con los atrasos causados justamente por Estados Unidos en la etapa final de la construcción del gasoducto que une Rusia a la Unión Europea, escribe Savchuk.

    Alemania prefiere el gas ruso

    Una nación, no importa lo rica y próspera que sea, siempre busca minimizar sus gastos. De ahí nació la idea de construir la segunda línea del Nord Stream, un proyecto que todos los principales operadores de gas europeos firmaron con la aprobación tácita de Angela Merkel. Para comprender la preferencia de Alemania por el gas ruso en lugar del GNL estadounidense, es suficiente conocer la división de su importación energética.

    El esquema de importación de gas natural a Alemania es bastante simple. Hasta hace poco, el combustible provenía de tres fuentes principales: Rusia (alrededor del 40%), Países Bajos (29%) y Noruega (21%). Sin embargo, en 2014, sucedió algo inesperado: la producción de gas en la cuenca de Groninga, la principal fuente de recursos energéticos neerlandesa, se desplomó debido a un aumento crítico de la actividad sísmica en la región.

    Sin los Países Bajos en su red de suministro de gas, Alemania se vio obligada a buscar opciones para llenar el vacío dejado. Noruega no era una opción, ya que el país no tiene suficientes volúmenes libres de gas para aumentar su suministro. Alemania no posee terminales marinas de regasificación y comprar el gas licuado estadounidense de manos de Polonia no sería financieramente ventajoso. Así que, tomándose en cuenta todos los factores conocidos de esta ecuación simple, solo queda una opción para Alemania: Rusia.

    Otro aspecto que permite comprender la importancia de la construcción del Nord Stream 2 es el extenso sistema de tuberías e interconectores que Alemania posee, el cual le conecta a Dinamarca, los Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Francia, Suiza, Austria, Chequia y Polonia. En el caso de volúmenes libres de gas o de un aumento en los suministros, Alemania puede convertirse en el principal centro gasístico desde el Danubio hasta el Támesis, dictando sus propias condiciones y beneficiándose económicamente.

    La insignificancia del gas estadounidense en la UE

    Este escenario no le conviene a Estados Unidos, cuyos instrumentos políticos en la Unión Europea se limitan solamente a Polonia. El país norteamericano intentó potencializar el suministro de GNL a la UE a través de Bulgaria, pero después de comprar dos lotes de prueba, Sofía decidió no experimentar más y cortésmente solicitó su inclusión en el proyecto del gasoducto Turk Stream. Polonia, que tiene un contrato preferencial para la compra de gas desde Estados Unidos, actualmente lo usa para satisfacer sus propias necesidades, lo negocia en los mercados asiáticos o revende el excedente a vecinos.

    Forzar a Alemania a aumentar sus compras de gas licuado sería ventajoso tanto para Estados Unidos, como para Polonia. Para el primero, porque debilitaría radicalmente las posiciones geopolíticas de Rusia y Alemania; para el segundo, porque se beneficiaría financieramente a expensas del presupuesto alemán. Esta combinación es tan clara que Moscú y Berlín coordinan escrupulosamente sus acciones, solo para evitar que sus oponentes destruyan la naciente alianza transfronteriza de dos pesos pesados ​​mundiales, cuyos intereses ahora son muy cercanos.

    Sin embargo, ¿podría Estados Unidos, en un escenario hipotético, imponer su combustible a Europa? De acuerdo con los números, no, indica el autor.

    En 2018, Europa —incluido el Reino Unido y Turquía que no pertenece a la Unión Europea— importó 349.900 millones de metros cúbicos de gas transportados por gasoductos y 58.600 millones de metros cúbicos de GNL. Sumados, resultan en un total de 408.500 millones de metros cúbicos.

    Es decir, todo el gas licuado importado por Europa el 2018 corresponde a un 16,6% del total de sus compras de gas natural. Además de Estados Unidos, el GNL obtenido por las naciones europeas proviene de países como Catar, Rusia y Nigeria. En total, el gas licuado que EEUU vendió a Europa el 2018 fue de 3.960 millones de metros cúbicos, es decir, un insignificante 0,74% del total de gas natural importado por el continente.

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