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SPUTNIK
La belleza del planeta a través de la mirada de un fotógrafo español

Julio Castro es farmacéutico y fotógrafo de paisajes. A través de su objetivo, decenas de países capturados. En su particular estantería, más de 200 premios a su trabajo. En su mente, centenares de anécdotas.



Por Alejandro Cuevas Vidal

© Julio Castro Pardo
Foto: Stokksnes (Islandia)
Los minutos pasan con parsimonia en la sala de espera de un aeropuerto. Especialmente, cuando se regresa del destino al lugar de residencia. El cansancio del viaje comienza a hacer mella en cuerpo y mente y tan solo quedan deseos de cruzar el umbral de la puerta del hogar. Si el momento previo al despegue se estira, el aburrimiento entra en escena. Un libro o un disco pueden ser los mejores aliados contra el sopor.

Julio Castro Pardo lo aúna en una palabra: el móvil. Internet es una solución. A este gallego le ayuda a pasar las horas muertas en el madrileño aeródromo de Barajas. Aguarda a que los letreros señalen la puerta de embarque para volar a A Coruña. Segunda etapa tras las casi cuatro horas que separan la capital española de Noruega.
AFP/ Pau Barrena
Castro viene de pasar unos días en las islas Lofoten. Una serie de picos que emergen de las aguas del mar de Noruega. Un enclave verde esmeralda en verano, blanco nival en invierno. Un lugar, donde el ser humano empequeñece ante una naturaleza salvaje. El archipiélago es ideal para los amantes de la flora y la fauna ártica, pero también para aquellos que simplemente buscan disfrutar de su gélida belleza. Y, por supuesto, retratarla para la posteridad. Es el caso del gallego.

Espera en Barajas tras días de viaje fotográfico en el Círculo Polar Ártico. La cámara le ha llevado a distintas latitudes del planeta. Alemania, Japón, Namibia, Canadá, Sudáfrica, Argentina, Nueva Zelanda o Croacia son algunos de los países que ha pisado Castro. Una lista confeccionada en los cinco años que lleva dedicándose a la fotografía. En concreto, a la toma de paisajes.

Foto: Lago de Jökulsárlón (Islandia)
"Las fotos eran terribles. Un completo desastre. Por eso decidí apuntarme a un curso, para ver si aprendía algo".
Una afición que compatibiliza con su profesión: la farmacia. Al guardar el objetivo, el gallego se enfunda la bata. Cambia el disparador y el trípode por las recetas y los medicamentos que despacha en un establecimiento de A Coruña. "He ido reduciendo poco a poco el tiempo de trabajo en la farmacia. Por suerte mis compañeras me suplen. Es más, este año estoy trabajando guardias principalmente. Igual hago cinco o seis al mes. Así, yo les devuelvo los días", explica a Sputnik Mundo el fotógrafo de 36 años.

Poco a poco, la fotografía ha ido absorbiendo cada vez más tiempo al gallego. Un hobby que arrancó en 2015, curiosamente, en un viaje. No por los nevados confines de Escandinavia, sino por las áridas tierras del sudoeste de Estados Unidos. Los paisajes de Utah, California o Arizona conquistaron a Castro. Tomó instantáneas, pero lo hizo con una cámara de aficionado. "Las fotos eran terribles. Un completo desastre. Por eso decidí apuntarme a un curso, para ver si aprendía algo", comenta entre risas. Las clases despertaron su interés. De una lección saltaba a otra. "Entre 2016 y 2017 empecé a dedicarle más tiempo. Noté una gran mejora. Eso sí, se aprende con la práctica", continúa.

Tocó distintos géneros. Pero, sus fotografías favoritas eran las nocturnas y las de paisajes. Durante el proceso de formación, Castro conoció a los integrantes del mundillo, ahora, amigos. Precisamente, empezó a colaborar con uno de ellos, Sergio Lanza, fundador de Viajes Fotográficos, una de las primeras empresas en organizar travesías centradas en la toma de imágenes.

El gallego es uno de los profesionales que acompaña a los turistas que contratan los servicios. De su mano, conocen lugares secretos, hacen rutas a través de la naturaleza y reciben formación 24 horas al día. El objetivo es lograr una buena captura. Sea de las playas de arena negra de Islandia o de los rostros de Ladakh, el Tíbet indio.
Foto: Lago de Sorapis (Italia)
La vida del fotógrafo
Foto: Parque rural de Anaga (Tenerife, España)
No es fácil realizar un viaje fotográfico. Durante el curso de la llamada, a los pies de Castro reposa una mochila de 15 kilogramos de peso. “Es terrible la cantidad de equipo que llevamos. Y eso que yo soy de llevar poco equipaje fotográfico. Me basta con una cámara, el trípode, dos objetivos y material tipo linternas de iluminación nocturna, disparadores… Antes llevaba un dron, pero cada vez menos por las restricciones de cada país”, detalla. Carga a la que hay que añadir la tienda de campaña, la ropa o los aparejos de cocina. En total, 30 kilogramos sobre la espalda. Bulto que arrastran a través de caminos embarrados y cuestas pedregosas.

Antes de embarcarse en la aventura, se requieren horas de preparación. La investigación de los lugares a visitar es clave. Descubrir nuevos emplazamientos suma a la ecuación. También es fundamental conocer la luz del sitio. No es lo mismo una fotografía tomada con la luz dura del mediodía que con la tenue del atardecer. Una serie de factores que elevan el valor de la instantánea.

"Con un mínimo de técnica se puede sacar una buena fotografía. Pero, darle a la cámara es solo un segundo. Lo importante es todo el trabajo previo que lleva detrás cada imagen", asegura Castro.
El resultado es un cuadro de naturaleza y un manto de estrellas. El gallego tiene predilección por la fotografía nocturna. La comunión entre las constelaciones y montaña o mar suele aparecer reflejada en su trabajo. La mano del ser humano acostumbra a quedarse fuera del encuadre. No obstante, en ocasiones, la urbe cobra protagonismo. Eso sí, silencio y calma dominan en un entorno de asfalto, adoquín y hormigón. "Cuando viajo con mi pareja, igual vamos a alguna ciudad. Entonces, aprovecho para hacer alguna foto", puntualiza. De ahí, los cielos oscuros que captó en Gante (Bélgica) o Gengenbach (Alemania).
Foto: Gante (Bélgica)
Sin embargo, su objetivo apunta a donde no hay artificio. El bosque, el desierto, el lago o la cordillera son sus musas. Modelos que retrata con su cámara. Instantáneas tras las que se esconden una y mil historias. En Namibia, volviendo de una localización, el vehículo en el que viajaba quedó atrapado en la arena. Mientras, empujaba junto a sus compañeros, una manada de hienas les rodeó. "Mi jefe las iba asustando con una linterna. Pero bueno, es cierto que no suelen atacar a grupos", rememora Castro. En una playa de Nueva Zelanda, casi le atrapa la marea. "Me entretuve haciendo unas fotos a unas estrellas de mar y cuando me quise dar cuenta el agua ya subía. Estaba a 100 metros de la línea de costa y tuve que volver nadando con todo el equipo a través de una zona con corrientes. Podía haber acabado estampado contra una roca", relata.

En alguna sesión, ha tenido algún susto. Entre los lagos de Covadonga, en un punto alto, se apoyó en una placa de hielo, pero esta cedió. Castro se deslizó por la ladera de la montaña hasta aterrizar contra un árbol. La fuerza del golpe le hizo perder el conocimiento. "Menos mal que iba con gente, porque sino me habría quedado allí durante horas", admite. El peligro puede convertirse en uno de los componentes de la fotografía de paisajes.


"Anécdotas así tengo muchas. No significa que por correr más riesgo la imagen sea mejor, pero es cierto que muchas veces hay que aventurarse un poco para llegar a localizaciones nuevas y diferentes", indica Castro.
Foto: Lago seco de Deadvlei (Namibia)


Su imagen favorita nació de la peripecia. A través de un foro de montañeros de Utah, el gallego encontró un rincón que definían "como maravilloso". No había imagen, tan solo palabras. No obstante, su pareja y él se dirigieron sin dudar. El acceso no era sencillo y tuvieron que trepar hasta el lugar. Pero, la escalada valió la pena. Ante ellos, unas colinas de color blanco surcadas por las grietas. La vista le dejó sin habla. Tiempo después volvería con su cámara. La imagen nocturna allí tomada es una de las más premiadas de su carrera. Una trayectoria que acumula más de 200 galardones.

Foto: Montañas de Utah (Estados Unidos)
"No tengo la intención de dedicarle más horas a la fotografía que a la farmacia. No quiero que una afición se convierta en una obligación".
A Estados Unidos tiene la intención de volver en febrero de 2022, si el coronavirus lo permite. "Paisajísticamente es impresionante. Es mi sitio fetiche", afirma. En su mente, también nuevos escenarios. Groenlandia, Antártida, Australia, las montañas de Altai o el lago Baikal son algunos de los enclaves que han llamado su atención. Puntos del planeta sobre los que Castro no se ha posado con su trípode y cámara.

A pesar del amplio repertorio de ideas, tampoco va a restar más tiempo a la farmacia. "No tengo la intención de dedicarle más horas a la fotografía que a la farmacia. No quiero que una afición se convierta en una obligación", destaca. Volver cansado y agarrotado de Noruega es comprensible. Nervios y emoción sobrevuelan sobre aquellos que emprenden una aventura. Cuando la expedición se convierte en deber, estos dos compañeros de viaje pueden desaparecer.


Castro prefiere seguir perteneciendo a aquellos que disfrutan de la experiencia de subirse a un avión. Mejor uno que dos turnos de fastidio aeroportuario.
Foto: Alcázar de Segovia (España)
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Fotos: AP, AFP
Texto y diseño: Alejandro Cuevas Vidal
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