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Viaje al centro de la leyenda de El Dorado | Fotos

© Sputnik / Germán Gómez PoloLaguna de Guatavita en el municipio de Sesquilé, Cundinamarca
Laguna de Guatavita en el municipio de Sesquilé, Cundinamarca - Sputnik Mundo, 1920, 06.10.2021
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Sputnik visitó el lugar al que miles de turistas llegan cada semana para revivir la historia del hombre dorado. En la época de la conquista, cientos de exploradores murieron intentando encontrar la ciudad recubierta de oro.
Resulta inevitable no transportarse cientos de años atrás cuando se tiene enfrente la laguna de Guatavita. La imaginación se ve obligada a recrear aquella historia mundialmente conocida que sobrevivió de boca en boca y que cuenta la existencia de una ciudad dorada a la que los conquistadores españoles e ingleses intentaron llegar, en vano, durante las épocas del saqueo a América. Sus esfuerzos fueron infructuosos porque, como todavía asegura el pueblo muisca, El Dorado no era un lugar, sino un ritual.
La laguna de Guatavita está en el municipio de Sesquilé, departamento de Cundinamarca (centro), a 53 kilómetros en carro desde Bogotá. Descansa en la entraña de una reserva natural que está bajo el cuidado de la Corporación Autónoma Regional (CAR) Cundinamarca, a la que semanalmente llegan miles de turistas locales y extranjeros que buscan revivir la leyenda.
© Sputnik / Germán Gómez PoloLaguna de Guatavita en el municipio de Sesquilé, Cundinamarca
Laguna de Guatavita en el municipio de Sesquilé, Cundinamarca - Sputnik Mundo, 1920, 06.10.2021
Para llegar hasta ella y admirar su belleza e inmensidad es necesario hacer un recorrido por un camino de piedra estrecho y empinado, en el que la altura y las condiciones geográficas les hacen una gran exigencia a los pulmones. El aire falta mientras se asciende, pero llegar hasta la cima paga por completo el esfuerzo.
Desde el más alto de los tres miradores, la laguna de Guatavita se aprecia en silencio. Sus aguas son golpeadas suavemente por una brisa que tambalea el cuerpo y hace estremecer las hojas de los árboles con violencia. El sonido se asemeja a la llegada de un aguacero.
© Sputnik / Germán Gómez PoloLaguna de Guatavita en el municipio de Sesquilé, Cundinamarca
Laguna de Guatavita en el municipio de Sesquilé, Cundinamarca - Sputnik Mundo, 1920, 06.10.2021
La caminata no se hace solo. Los guías son miembros de las comunidades indígenas muiscas —habitantes originales de estos territorios—, quienes se han preparado de la mano de las autoridades para entender sus contextos históricos y étnicos y conservar las raíces de su presente.
Además, el paisaje lo compone la vegetación propia del bosque alto andino y el subpáramo. Por eso es posible admirar de cerca los frailejones, una especie nativa de Colombia, Ecuador y Venezuela, que cumple la función vital de absorber agua de la neblina.
© Sputnik / Germán Gómez PoloLaguna de Guatavita en el municipio de Sesquilé, Cundinamarca
Laguna de Guatavita en el municipio de Sesquilé, Cundinamarca - Sputnik Mundo, 1920, 06.10.2021
Laguna de Guatavita en el municipio de Sesquilé, Cundinamarca

La leyenda de la laguna

¿Por qué la laguna es un lugar sagrado? Cuentan los libros de mitos y leyendas que, mucho tiempo antes de que llegaran los conquistadores, el cacique de los guatavitas se había casado con la más bella de las mujeres de la tribu, con quien tuvo una hija que se convirtió en la adoración del gobernante.
Sin embargo, ocupado con sus múltiples labores y enredado en otros amoríos, el cacique terminó por alejarse de su esposa. Eso dio pie para que la mujer, sola, desilusionada y confundida, se enamorara de uno de los guerreros de la tribu, con quien tuvo un amor desenfrenado a escondidas.
El cacique sospechó del comportamiento de su esposa y envió a una anciana de la tribu a montarle guardia día y noche. Fue así como la princesa y el guerrero fueron descubiertos. El cacique ordenó capturar al guerrero de inmediato y lo condenó a muerte. Todo ocurrió a espaldas de su esposa, para quien tenía una sorpresa en la plaza central y frente a todo el pueblo.
© Sputnik / Germán Gómez PoloLaguna de Guatavita en el municipio de Sesquilé, Cundinamarca
Laguna de Guatavita en el municipio de Sesquilé, Cundinamarca - Sputnik Mundo, 1920, 06.10.2021
Al día siguiente de ese suceso, narra la leyenda, el cacique organizó un suculento almuerzo en honor a su princesa. La mujer se sentó a comer y, cuando terminó de devorar su plato, las risas y las burlas de los asistentes cayeron como lluvia. Unos dicen que la princesa se había comido el corazón del guerrero al que amó; otros señalaron que, una vez terminada la comida, el mismo cacique lanzó sobre la mesa la cabeza de aquel joven.
Horrorizada por lo ocurrido, la princesa corrió con su hija en brazos hasta la laguna y en ella se sumergió. El cacique, en su búsqueda, solo halló el cadáver de la bebé y, desde ese momento, surgió el rumor de que la princesa aparecía durante las noches de neblina a escuchar los lamentos de su pueblo.
En otros libros de cuentos se registra que la aparición de la princesa guatavita era sinónimo de desgracias. Esa era la razón por la que los indígenas subían hasta la laguna para ofrendar oro y calmar las aguas.

El hombre dorado

© Sputnik / Germán Gómez PoloLaguna de Guatavita en el municipio de Sesquilé, Cundinamarca
Laguna de Guatavita en el municipio de Sesquilé, Cundinamarca - Sputnik Mundo, 1920, 06.10.2021
Según José Enrique González, relator del Parque Cacique Guatavita y miembro de la comunidad muisca, dentro de la laguna de Guatavita se realizaba un ritual en el que se arrojaban esmeraldas, oro y cuarzo cada vez que se consagraba un nuevo cacique.
"El pueblo y los sacerdotes tributaban a la laguna, le entregaban ofrendas, tunjos [figura humana o animal] dorados. Dentro de la laguna queda ese mito, esa leyenda, por eso se sigue visitando. Los muiscas nunca desaparecieron, como lo han querido mostrar, porque hay comunidad indígena en Sesquilé, en Chía, en Cota, Bosa y Suba", relata el indígena a Sputnik.
También se adentra en el significado que la laguna aún tiene para sus comunidades: "Para los pueblos indígenas, la laguna representa el tonsa, el ombligo del mundo, por eso es sagrada y nunca ha dejado de serlo".
González recuerda también la historia que revistió el lugar cuando los conquistadores llegaron a América. "Ellos creían había un hombre dorado, pero El Dorado fue un ritual, una ceremonia. Intentaron secar la laguna y abrieron un boquete para que el agua saliera. Lograron bajar su nivel 33 metros y recogieron algunas piezas de oro que estaban alrededor", dice.
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Mientras González hace memoria, a pocos metros se escucha a otro guía contar cómo se investía a los caciques. "En aquellas piedras posesionaban al nuevo cacique y le entregaban su bastón de autoridad. Luego, hacían sonar cuatro caracolas enormes, cuyo sonido indicaba al pueblo que ya podían saludar al nuevo cacique. En ese momento, todos entregaban los pagamentos, en vasijas de barro llenas de oro".
Pero ese era el final del ritual. Antes de esa ceremonia, el futuro cacique debía guardar un tiempo de abstinencia. El día del ritual, llegaba hasta la laguna. Allí era desnudado y cubierto con una capa de resina sobre la que se soplaba polvo de oro y se convertía así en el hombre dorado.
Luego debía subirse a una balsa, junto con cuatro acompañantes y una gran cantidad de riquezas, para navegar hasta el centro de la laguna y, una vez allí, arrojar todo el oro a las aguas. El hombre dorado procedía a lanzarse a la laguna, nadar hasta la orilla y salir convertido en el nuevo cacique.

Lugar protegido

© Sputnik / Germán Gómez PoloLaguna de Guatavita en el municipio de Sesquilé, Cundinamarca
Laguna de Guatavita en el municipio de Sesquilé, Cundinamarca - Sputnik Mundo, 1920, 06.10.2021
"Se trata de una reserva forestal. La única actividad que se realiza es una caminata ecológica contemplativa, que demora unas dos horas. Los visitantes nunca están solos ni en contacto con el espejo de agua", explica a Sputnik Eduardo Acosta, director de la reserva de la laguna del Cacique de Guatavita.
El sitio está ubicado en un corredor estratégico ambiental y en sus territorios es posible encontrarse con animales propios de la región, como el oso de anteojos, la oncilla —una especie de tigrillo— y el venado de cola blanca.
Por otra parte, Acosta asegura que el parque fue diseñado bajo la cosmogonía de los muiscas.
"Los muiscas son los habitantes ancestrales de Colombia. En esta laguna realizaban sus más íntimos actos de coronación de sus autoridades. Son una cultura dormida, no extinta. Ellos hacen presencia en el parque y hacen parte del grupo de guías que lideran las caminatas", agrega.
La visita a la laguna también busca una conexión con la geografía. Eso, en gran parte, es logrado a través de los guías miembros de la comunidad muisca. Para el director de la reserva, "una cosa es ver el sitio solo y otra es tener una conexión con la ancestralidad. Es una gran experiencia que se logra con los guías, quienes conectan la geografía con la experiencia de los visitantes".
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En la laguna de Guatavita no brilla el oro que atrajo a los conquistadores, pero la leyenda sigue viva. Los turistas que arriban hasta allí se dejan atrapar por el relato, la belleza del páramo de los Andes, el reto que impone subir los senderos y la naturaleza en todo su esplendor.
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