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"Chupar las pollas", "aquí todos cogemos": las expresiones del castellano que chirrían entre países

CC BY-SA 2.0 / Simba tango / El tangoDiccionario de la lengua española
Diccionario de la lengua española - Sputnik Mundo, 1920, 11.04.2021
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Este idioma comparte el grueso del diccionario, pero hay palabras o usos que varían de un lugar a otro y que dan lugar a confusiones.
Afirma Carmen Pastor, directora académica del Instituto Cervantes, que casi 500 millones de personas hablan español como lengua nativa. Su sombra se extiende a lo largo de 19 millones de kilómetros cuadrados y es oficial en 21 países. Sin embargo, esta lengua común viene salpicada por algunas variantes lingüísticas. Sustantivos, verbos o adjetivos que se utilizan de forma distinta, que cambian su significado o que, directamente, se dicen con otras palabras.
Hablamos de la palta que en España es aguacate (y que ya se empieza a cultivar en sus huertas, quizás para alimentar al creciente gremio de instagrammers), del tacho que en la península ibérica no deja de ser un cubo o de lo bacán que, en las calles de Madrid, se convierte en algo chulo, molón. Pero también de esa nostalgia que en Nicaragua se llama cabanga o morriña en Galicia, del huevón que en Chile prácticamente ejerce de auxiliar interrogativo y del tinto que en tierras de El Quijote es un vino y en Colombia es su producto nacional, el café, servido sin aditivos. ¿Les provoca?
Esas pequeñas desavenencias idiomáticas son las que hacen especial al castellano. Y sirven para crear comunidad a pesar de sus matices. Matices que enriquecen el vocabulario y que, en ocasiones, generan malentendidos. El escritor y periodista Álex Grijelmo, miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, señala que apenas el 2% de las palabras del idioma español son propias de distintas variedades lingüísticas y no comunes, pero que a todos nos encanta utilizar el 98% restante para hablar de ellas.
Y eso es lo que han hecho el Instituto Cervantes y la editorial Espasa en Lo uno y lo diverso, un libro centrado en ese 2% que tanto atrae y genera debate. Como indica Pastor, "esas palabras y expresiones de otros ámbitos hispanohablantes que han llegado hasta nosotros a través de amigos, canciones, literatura, cine o telenovelas, y que sabemos identificar y comprender aunque no las usemos. Esas experiencias en las que surge el malentendido o la sorpresa al cambiar el significado o el uso de una palabra de una comunidad a otra". El lanzamiento coincide además con el año en que estas diferencias se hicieron notables gracias a una prenda de ubicua presencia debido al coronavirus: la mascarilla. O, perdón, el nasobuco. O el barbijo. O el barboquejo.
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“La riqueza y los matices de vocabulario provocan sorpresas, travesuras, curiosidades, pequeñas dificultades, pero no ponen en peligro la unidad, en la medida en que el idioma no tiene necesidad de una capital o un centro, sino voluntad o suerte de constituir una comunidad de hablantes", aclara Luis García Montero en uno de los capítulos del volumen, donde se ha invitado a 21 autores de ambos lados del océano para que narren su experiencia con el castellano.
García Montero, poeta y director del Instituto Cervantes, cuenta además a Sputnik que esa unidad del español viene dada por la "inteligencia" de los países latinoamericanos, que "a la hora de defender su independencia, comprendieron la importancia de mantener un idioma que era una fuente de riqueza, de cultura y no solo de tradición". La unidad, esgrime, es "un reconocimiento de que la diversidad es una riqueza".

"No se habla mejor el castellano en Salamanca o en Sevilla, ni en Madrid que en México, Tegucigalpa o el Río de la Plata. En cada sitio se habla el español con los matices de cada lugar. Y desde luego, el idioma crea comunidad", defiende.

Luis García Montero
Poeta
Ve García Montero un "acierto" esa comunidad que se ha cimentado en torno a la lengua y habla de autores españoles como Benito Pérez Galdós o Rubén Darío y del concepto de panhispanismo, que surgió en el siglo XIX y fue propagado por el cubano Fernando Ortiz en 1911 (aunque ya se mencionó antes, en 1909, por Guillermo Rittwagen, aunque con menos eco). Un término que, por cierto, no se incluyó en el diccionario de la Real Academia de la Lengua hasta la última edición.

"La comunidad hispánica es un punto de referencia importante en el futuro de internacionalización del mundo. Aparte, estamos acostumbrados a defender la convivencia de tantas naciones y un sentido abierto de la diversidad. No caben sentidos racistas, sino poner en común las diferencias. Más allá del humor, de alguna situación graciosa, escenas simpáticas o de picardía con malentendidos de carácter sexual, lo que defendemos es que la unidad solo tiene sentido en el respeto a la diversidad en un mundo que es multicultural y que quiere mantener el diálogo y la convivencia", apunta.

Luis García Montero
Poeta
Tales chascarrillos son los que propician algunos de los episodios más cómicos del libro. Uno de ellos es el de Marta Sanz, escritora española que se quedó perpleja cuando, dando un curso de creatividad literaria en Madrid, sus alumnos le preguntaron si se unía por la noche a "chupar unas pollas por ahí". Aquella "intermitencia lingüística" la dejó noqueada hasta que llegó la aclaración: se referían a tomar unas cañas, a beber algo. Ella les aconsejó que no fuesen proponiendo ese plan en los bares e imprimió la anécdota en su mente.
"No sé si era algo exclusivo de aquellos alumnos de Monterrey o está algo más generalizado en México, pero me quedé bastante sorprendida", recuerda a Sputnik, añadiendo otra historieta más: "Mi amiga Sofía Irene, de Puerto Rico, aunque es atea siempre dice 'bendito' cuando algo le sorprende. O en cualquier sitio de Colombia, en que los camareros que me atendían me llamaban 'dama', y no sé cómo hace que me sienta".
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Sanz añade que también se abordan las fórmulas de cortesía, las distintas entonaciones a la hora de pedir las cosas. "Es cierto que son muy distintas. En España hay veces que parecemos muy rudos, muy directos. Y eso a veces nos lleva a fosilizar tópicos españoles que no siempre son justos", anota, rememorando su lectura de Mafalda y sus aprendizajes con los personajes ideados por el dibujante argentino Quino:

"Veía que a Carlitos le pedían hacer deberes 'prolijos' y no era que los hiciera largos o extensos sino pulcros. Mis padres, cuando viajaron por Ecuador o Uruguay les llamaban 'los vales' porque en España no paramos de decir 'vale, vale', expresión de una lengua en la que, a veces, no sabemos qué nombrar para ser respetuosas".

Marta Sanz
Escritora
La novelista cada vez se siente "más insegura". "Parece que la lengua se me escurriera como una anguila, que no se dejara domesticar y me produce mucho disgusto y mucho placer cuando aprendo y comunico cosas con ella. Aunque lo importante también es que la lengua no nos domestique", zanja la novelista, viendo "evidente" que "cada uno habla una lengua común pero que es, afortunadamente, diversa, heterogénea, riquísima, que reflejan distintas costumbres o hábitos culturales o formas de entender el mundo que tienen algo en común".
"Esa diversidad se refiere principalmente al léxico y nos gusta mucho para gastar bromas con los amigos o para caer en la ficción de que hablamos lenguas distintas", arguye, "esa franja diferente se centra en los tabúes, lo secreto, lo delictivo, como si las diferencias tendiesen a construir una especie de código secreto, un lenguaje en clave".
Marta Sanz
Escritora
Un ejemplo es el lunfardo, ese argot que nació entre el hampa bonaerense. El periodista y escritor argentino Mempo Giardinelli recorre la trayectoria de esta derivación en su apartado y la cataloga como "la lengua dialectal más popular y de generalizado uso cotidiano en la capital del país". "En sus orígenes fue una jerga hablada por delincuentes de diversos orígenes —casi todos inmigrantes— que en la interacción con criollos de clases baja y media baja, utilizaban vocablos extranjeros en colisión con locuciones castellanas ingeniosas y elusivas, que se popularizaron tanto por necesidad como por ocurrentes y oportunas", explica.
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El lunfardo empezó a ser documentado por Benigno Baldomero Lugones, nacido en 1857. Este periodista recorrió los bajos fondos de la capital para registrar palabras como mina (chica), batir (delatar) o las 29 formas de decir ladrón, ese chorro que afana (roba) en el famoso tango Cambalache, compuesto por Enrique Santos Discépolo en 1934.
Música y arrabales aparte, el castellano puede llevar al sonrojo o la estupefacción. García Montero se trasladaba en la presentación de Lo uno y lo diverso a aquel día en que un amigo del escritor Francisco Ayala viajaba con su suegra por Argentina y esta, al subir a un tranvía, le gritó a su hija: "¡Ven por este lado, que aquí cogemos todos!", sugiriendo entre los pasajeros la posibilidad de una bacanal. Rubor que se repite cuando algún peruano alude a la pérdida de la virginidad con una "polilla", que no es un debut sexual con un insecto sino con una prostituta.
Complementan el libro las disertaciones sobre la polisemia de carajo y de la mencionada polla o los numerosos usos de la palabra huevo. No debe confundirse con hueva, que el peruano Fernando Iwasaki se apropia para realizar labores con gusto (por las huevas). Es este autor quien se aventuró en el acto a teorizar sobre el origen de la palabra chévere, tan usada en Venezuela y no tanto en la península, más conocida por las telenovelas que se veían de aquel país.
"Procede de un asistente que vino con Carlos V a España desde Gante, el señor de Chièvres, un diplomático que vestía de colores cuando en la corte predominaba el negro. Chièvres se castellanizó por chévere y pasó a América, donde tomó el significado de algo estupendo, elegante... mientras que en España se perdió hasta que lo trajeron de vuelta los culebrones", relataba en la presentación.
Ha sido, pues, la televisión, internet o el simple vaivén de una orilla a otra lo que ha sedimentado un idioma múltiple y cohesionado. Hoy, el castellano suma parlantes (no confundan con altavoces, aparato donde atruena la cumbia) y se refresca a diario con abanicos o ventiladores, lo mismo da. ¿Comprendés? ¿Lo pillas? ¿Cachai?
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