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"Parecía otra época": la congregación medieval española que ha levantado muertos por COVID-19

© Foto : Cortesía de Xoel BurguésNacho Navarro, de la Hermandad de la Sangre de Cristo, en una actuación de Zaragoza de 2020
Nacho Navarro, de la Hermandad de la Sangre de Cristo, en una actuación de Zaragoza de 2020 - Sputnik Mundo, 1920, 23.03.2021
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La Hermandad de la Sangre de Cristo de Zaragoza, una cofradía religiosa, lleva siglos ayudando en la recogida de cadáveres de la ciudad. En 2020 se enfrentó a la pandemia como ya lo había hecho en otros desastres anteriores.
Nacho Navarro aún recuerda cómo tuvieron que reunirse de urgencia y decidir qué hacían. Eran principios de marzo de 2020 y el día 12 ya tenían un documento redactado con las pautas a llevar a cabo en adelante. Su congregación religiosa, la Hermandad de la Sangre de Cristo, llevaba siglos recogiendo los cadáveres de su ciudad, Zaragoza, como obra piadosa. Pero en lo que él lleva de vida no se habían tenido que enfrentar a una pandemia. Y entonces ni siquiera se adivinaban sus consecuencias. "Ha sido como retroceder a otra época", cuenta a Sputnik este miembro de 35 años después de estos frenéticos meses.
Desde aproximadamente 1286 —según cálculos de Navarro— llevan levantando aquellos cuerpos que requieren la intervención de un juez: accidentes de tráfico, homicidios, muertes en soledad, suicidios… En 2020, sin embargo, se añadió otro peldaño: con el COVID-19 tenían que atender a las víctimas de un agresivo y ubicuo virus. En España ya suma más de 73.000 muertos. Y modificaron su modus operandi. La amenaza invisible requería mayores precauciones. “El servicio era mucho más largo y nos dividimos en grupos de cuatro personas”, explica Navarro.
"Teníamos que desinfectar todo y vestirnos como astronautas con los EPIs [Equipos de Protección Individual]. Además, el protocolo cambiaba", continúa quien lleva las tareas de comunicación de la cofradía y se unió a los 18 años. Según cuenta, en la actualidad son 48 hermanos: "Empezó como una cofradía de Semana Santa que recogía los cadáveres de los desamparados y les daba sepultura. Hasta el siglo XIX era su labor principal. Luego ya fue pasando a los tanatorios y médicos forenses".
Continúan con su tarea original gracias a un convenio con el Ayuntamiento. Es una especie de actualización de lo que llevan realizando ancestralmente. José Luis Gómez Urdáñez, catedrático de Historia de la Universidad de La Rioja, relata a Sputnik que es una cofradía con larga tradición y muy unida a estos actos devotos.
"Hay registros en el siglo XIII y está relacionada con la expansión de los franciscanos en la Corona de Aragón. Asistían a los desamparados, registraban sus pertenencias. Y a los ajusticiados, que les acompañaban a su última cena y en ocasiones se encargaban de desmembrar el cuerpo y colocar las partes en la zona donde hubiesen cometido el crimen".
José Luis Gómez Urdáñez
Catedrático de Historia de la Universidad de La Rioja
Recoge el profesor algunos datos en La Hermandad de la Sangre de Cristo de Zaragoza. Caridad y ritual religioso en la ejecución de la pena de muerte, libro que recorre los escritos de esta cofradía e ilustra algunas actuaciones del pasado. Ahora, en cuanto hay que acudir a un deceso con algún responsable de medicina legal, les llaman. Un chófer y un carretillero están a sueldo institucional. Y parte de su presupuesto proviene, de hecho, de las arcas municipales. Trabajan conjuntamente con el consistorio, aunque no es suficiente.
"Se paga también una cuota por miembro que, en un año normal, costea el material. En estos meses, todo ha subido mucho más. Piensa que antes se asistía solo con una mascarilla y unos guantes. Hemos pasado de 35 euros a 140 o 180 por el equipo. O pagar hasta 60 euros por unos buzos que costaban dos", señala, enumerando productos nuevos de limpieza que se han convertido en indispensables, los gastos de la furgoneta, que tenía jornadas interminables con más de 10 traslados, y las clases de la Guardia Civil sobre cómo usar los trajes.
© Foto : Cortesía de Xoel BurguésNacho Navarro, de la Hermandad de la Sangre de Cristo, en una actuación de Zaragoza de 2020
Nacho Navarro, de la Hermandad de la Sangre de Cristo, en una actuación de Zaragoza de 2020 - Sputnik Mundo, 1920, 23.03.2021
Nacho Navarro, de la Hermandad de la Sangre de Cristo, en una actuación de Zaragoza de 2020
Generalmente, la media de cadáveres era de 500. Una cifra que se ha mantenido en 2020, curiosamente. Recogieron 551, según el registro de la cofradía. "Tiene una explicación", adelanta Navarro, "y es que a nosotros nos toca todo lo que hay en la vía pública y se abre causa judicial. En la pandemia no ha habido apenas violencia o atropellos". Les tocaba mayormente desplazarse a domicilios donde los servicios de ambulancias no alcanzaban por el volumen de casos.
"Ha sido muy distinto. Las morgues estaban colapsadas y no se podían llevar más cuerpos. Cuando llegabas a un sitio, no sabías si el resto estaba contagiado. Ibas con mucho miedo. Tenías que ser rápido y se perdía la parte emocional con la familia. No podías dedicarles gestos de ánimo o consuelo. Ni abrazarles. Ni siquiera veían tu cara. Y había gente con un pánico absoluto", suspira Navarro.
Lo narra con pena, al borde del llanto. En su cabeza rondan imágenes imposibles de borrar. Él tiene callo en la materia, pero jamás se acostumbra. Normalmente, le pinchan más aquellas muertes de niños o gente joven, de los que "no toca, no es su momento". También le hurgan el estómago las de ancianos solos, "un clásico". Y a veces puede dejar de lado caras, aunque sigue reconociendo los lugares donde ocurrieron cosas. Esta vez, añadía ese pesar al de volver a casa y tener que ir con especial cuidado. Aislarse de su familia y convivir con el miedo de llevarles un monstruo invisible.
"En los hospitales la gente estaba acojonada. Algunos amigos míos, que han estado ingresados, han visto como en la camilla de al lado iban turnando a enfermos que empeoraban y se morían", apunta. Navarro ya había intervenido en desastres puntuales, como el incendio provocado de 2015 en la residencia Santa Fe. Causó nueve muertos de entre 75 y 92 años. La diferencia es que esto no ha acabado. "Sigue matando a centenares de personas al día y parece que se nos ha olvidado", lamenta.
"Si hubiéramos visto cómo caía gente, como golondrinas, no estaríamos así", alega en referencia a la relajación en las restricciones. A Navarro no le gustaría estar ahora mismo en un Gobierno, pero sí que cree que pondría condiciones severas. "Habría que hermetizar cada sitio, que no haya posibilidad de contagio y se elimine", protesta quien no se quiere olvidar de ninguna de las personas a las que dio el adiós y acusa a los medios de mala praxis.
"Creo que lo hemos hecho mal", arguye incluyéndose, pues participa en el programa de televisión Cuarto Milenio, "porque nos han llegado las fotos de fosas en Nueva York o Brasil, pero aquí apenas ha habido de ataúdes".
Imágenes que han impactado también a Ignacio Giménez, presidente de la Hermandad. A sus 57 años, tiene en su retina la catástrofe del camping de Biescas en 1996, cuando una riada sepultó un camping de esta localidad de Huesca y murieron 87 personas. O el incendio de la discoteca Flying, en 1990, con 43 fallecidos. "Creo que somos la última cofradía que lo hace. En cada momento ha ido cambiando. Antes podía ser la peste o, en los ochenta, la heroína", detalla a Sputnik el encargado, vacunado junto al resto de compañeros por estar incluidos entre los sanitarios.
"Me ha marcado mucho que cogías a varias personas a la vez y que se ha perdido la relación con la familia", afirma de la pandemia quien todavía siente un escalofrío con su primera actuación. "Me acuerdo de la primera vez: una mujer que se mató en la carretera de Valencia. Tenía los tobillos congelados", rememora, "y nunca te acostumbras. Estamos curtidos, pero no nos acostumbramos". Giménez confiesa que lo que peor ha llevado han sido las muertes "que se podían haber evitado": "Se ha visto la fragilidad de nuestra sociedad, cómo podemos retroceder siglos en un minuto".
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