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El Lepanto del cabello: España reta a Turquía en el sector de los injertos capilares

© Foto : Pixabay / kaicho20Un hombre con alopecia, imagen ilustrativa
Un hombre con alopecia, imagen ilustrativa - Sputnik Mundo, 1920, 25.02.2021
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La dificultad para viajar a Turquía, la tecnología y los precios han aumentado en el último año las intervenciones por injertos capilares en España. A su vez, el número de clínicas crece. Escenario que podría crear una importante red de centros 'low cost'.
No importa el aeropuerto. Ya sea Barajas en Madrid o El Prat en Barcelona. En ambos, se repite desde hace años la misma imagen. Al fijarnos en las distintas filas de viajeros que se forman frente a las puertas de embarque, hay una en la que se aprecia un matiz diferenciador. En esta, entre ávidos turistas y hombres y mujeres de negocios, se observa un rasgo físico común en varios de los pasajeros del vuelo: la ausencia de cabello. La pantalla bajo la que se encuentran contiene un único nombre: Estambul.
Turquía es la Meca del injerto capilar. El país se ha convertido en un destino popular para todos aquellos que quieren decir adiós a la alopecia. Las clínicas dedicadas a revertir este problema han alcanzado cuotas de popularidad a la altura de Santa Sofía o la Capadocia. En total, más de 300 centros realizan este tipo de intervenciones en suelo otomano. Establecimientos que reciben el apoyo financiero del Gobierno de Ankara, interesado en potenciar el turismo sanitario. "El 40% del coste de esta clase de operaciones lo paga el Estado", indica Christophe Guillemat, director del Grupo Capilar CFS Barcelona, a Sputnik Mundo.
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Las ayudas y los sueldos más bajos de médicos y técnicos reducen el valor de dichas operaciones. Los paquetes con precio cerrado de una intervención capilar en Turquía oscilan entre los 1.700 y 2.000 euros, incluido el vuelo. Cifras que atraen a personas de todo el mundo. En los tiempos prepandemia, aproximadamente medio millón de personas visitaba el país con la ilusión de recuperar el pelo perdido por el paso del tiempo. Muchos aviones aterrizaban desde España, segundo país con más calvos del mundo. Con un 42,6% de alopecia masculina, solo la República Checa está por encima. No es de extrañar que las vendas en la cabeza fuesen el complemento habitual en los vuelos que conectaban Estambul o Ankara con los aeródromos de Madrid o Barcelona.
Un negocio que el coronavirus ha frenado. Las restricciones a la movilidad han hecho que los desplazamientos a Turquía contra la calvicie se hayan desplomado. "Imagínate que vas allí y vuelves con pelo y con virus", comenta Lola Castro, directora de las Clínicas Garcilaso. Y es que, desde el inicio de la pandemia, las intervenciones capilares se han multiplicado en España. Todos los centros consultados han notado un aumento significativo del número de pacientes en los últimos meses. "Hemos doblado el número de trasplantes que hacíamos antes de la pandemia", cuenta Francisco Riba, director de Face Clínic. José Luís Martínez, coordinador del Instituto Quirúrgico Capilar del Centro Médico Teknon de Barcelona, advierte un crecimiento del 40% en 2020, respecto a 2019, en la clínica en la que trabaja. "No solo en cirugías, sino también en tratamientos contra la caída. Hay que recordar que el estrés y el COVID fomentan la pérdida de cabello", señala Martínez.
Sin embargo, la reducción del número de viajes hacia el Mediterráneo Oriental no es la única razón. Más allá de la intervención, el posoperatorio es básico para concluir con éxito la inserción capilar y los interesados empiezan a saberlo. Castro afirma que "es más cómodo para el paciente", quien no tiene que trasladarse hasta Turquía para realizar una revisión. "El seguimiento es mucho más fácil y se mejora la detección de inconvenientes", añade Vilanova. Además, la limitación de la vida social hace que las personas que padecen de alopecia se animen a ponerse pelo. "A pesar de que los injertos capilares están cada vez más aceptados, hay gente que todavía prefiere quedarse en casa hasta estar completamente recuperada. Gracias al teletrabajo, el posoperatorio pasa más desapercibido", asevera Martínez.
Aparte de las circunstancias derivadas de la situación sanitaria actual, la mayor preocupación por la imagen personal o la presencia de personajes públicos con injertos ha impulsado este tipo de operaciones en España. Explosión incitada también por las tecnologías de vanguardia aparecidas en los últimos años. La mayoría centros españoles emplean la técnica FUE, mediante la cual se extraen uno a uno los folículos de las zonas donantes para su posterior colocación en la parte de la cabeza en la que no hay pelo. Para esta, se utiliza un punch circular con punta de zafiro, en caso de alopecias generalizadas, o un implanter, una especie de pequeño bolígrafo para las calvicies más difusas.

"España es un país líder en capacidad clínica y tecnológica, ofreciendo a sus pacientes una calidad y seguridad científica que otros países no pueden garantizar. España tiene equipos tecnológicamente muy avanzados, lo que la sitúa como la primera opción para un paciente que quiera hacerse un trasplante capilar"

Carlos Portinha
Gerente del Grupo Insparya

El peligro del 'low cost'

La bajada de los precios en España también ha favorecido que los teléfonos de muchas clínicas no dejen de sonar. Y es que, sin llegar a los ofrecidos en suelo otomano, estos han padecido una rebaja notable. Un gran número de centros realizan intervenciones de inserción capilar desde los 2.500 o 3.000 euros. Un dígito que nada tiene que ver con los 12.000 euros que se solían pedir hace unos años. "Siguen siendo un poco más altos que en Turquía, pero la gente también ha ahorrado por la pandemia. Algunos pueden pagar la diferencia y operarse en España", supone la directora de Clínicas Garcilaso.
Anteriormente se facturaba por folículo, ahora por sesión, lo cual reduce el precio. A esto hay que unir el boom de las clínicas dedicadas a temas capilares en todos los rincones de España. "Además de por las ayudas, en Turquía se baja tanto el precio por la cantidad de clínicas que hay. El peligro está en que la reducción vaya acompañada de una pérdida de calidad. Se habla de que, en unos años, Madrid podría ser como Turquía por el número de centros. Sin embargo, no podemos aplicar el mismo modelo. La calidad debe ser nuestro referente", argumenta Vilanova.
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Varios miembros del sector apuntan al surgimiento de una red de clínicas low cost. Christophe Guillemat incluye en este fenómeno a los centros en los que el doctor alquila el quirófano y el equipo, por lo que el coste operativo desciende. Sin embargo, el director del Grupo Capilar CFS Barcelona pone el punto de mira en los lugares en los que el médico no realiza la intervención, sino que la supervisa. En su puesto, un equipo de técnicos con formación capilar, aunque no necesariamente sanitarios. "En algunos casos, el doctor cobra un fijo de 400 euros y se dedica a vigilar las operaciones. Puede estar con ocho a la vez. Al final, él firma con su nombre la actuación, aunque no haya tocado una cabeza. Se están haciendo auténticas barbaridades", revela.
"Los precios no pueden ser equivalentes a los de Turquía", sentencia Guillemat. El gasto en material médico y el salario del cirujano y su equipo elevan de manera evidente la cifra final de la intervención. "He llegado a ver centros en los que se cobraban 1.000 euros. Yo me pregunto cómo hacen números en España", continúa.

"Si Sanidad no se pone más en serio con este tipo de clínicas, se acabarán haciendo implantes capilares en peluquerías. Hay que evitar que el 'low cost' prolifere, porque podríamos estar ante un futuro desastre"

Christophe Guillemat
Director del Grupo Capilar CFS Barcelona.
Precisamente, en la entidad que dirige una parte de los trabajos que realiza son de reparación. Personas que han padecido el resultado de una intervención mal realizada. Desde zonas donantes poco pobladas o con calvas hasta diseños de poca calidad o naturalidad. En algunos casos, el afectado tiene calvas en la parte de la cabeza de la que se han recolectado los folículos para cubrir otras áreas. Se debe a la extracción masiva. Entonces, solo pueden recurrir a la micropigmentación para generar un efecto rapado. "Un porcentaje entre el 5 y 10% de las operaciones que llevamos a cabo son retoques de cirugía mal realizados. Por lo general, no por la técnica usada, sino por la mano. El cirujano es quien debe tocar al paciente, porque ante una complicación un técnico no va a saber responder. No tienen experiencia", manifiesta Martínez.
Al hablar de pelo, las comparaciones con Turquía resuenan. Todos atestiguan que en el país bicontinental existen buenas clínicas con personal cualificado e infraestructura moderna. Contrastan con otras en las que las intervenciones se ejecutan casi sin luz y con una higiene deficiente. Esta última versión es la que los representantes del sector esperan que no prolifere en España. Retar al sultanato de los injertos no debe ser a cualquier precio. "Hay que primar por la calidad. Más todavía, en un país donde la sanidad pública y privada está tan bien vista. Creo que un buen servicio atraería a público de países como Francia o Reino Unido", hipotetiza Vilanova.
Tal vez, en un tiempo, veamos menos vendas en la cabeza de los pasajeros llegados de Estambul. Quién sabe, igual salen más de Madrid. El coronavirus agita las aguas en el Lepanto de la cabellera.
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