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Cómo la Revolución verde llega a su saturación y su fin

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En una conferencia organizada por la Subsecretaría de autosuficiencia alimentaria de la Secretaría de Agricultura mexicana, tres expertos globales de Australia, la India y Brasil presentaron sus experiencias de expansión de la agricultura campesina y denunciaron los límites de la agricultura industrial.
La subsecretaria a cargo de Víctor Suárez reunió de manera virtual a tres expertos de amplio reconocimiento internacional: Walter Jehne, microbiólogo australiano, experto en suelos y cambio climático; Vijay Kumar, viepresidente ejecutivo de la Asociación de agroecología comunitaria de Andhra Pradesh (APCNF) en la India; y al brasileño Sebastián Pinheiro, ingeniero agrónomo y figura central en la sociología rural del gigante de Sudamérica.
Sputnik presenta a continuación los principales conceptos vertidos por los expertos internacionales en agricultura ecológica y campesina, quienes estuvieron de acuerdo en afirmar que la llamada Revolución verde, que difundió la agricultura industrial, ha llegado a su saturación y su fin.

Walter Jehne: "Necesitamos ir más allá de la Revolución verde para lograr una agricultura sustentable"

Jehne tiene una experiencia de casi cinco décadas de investigación sobre la microbiología de los suelos, en la incidencia que en él tienen las políticas gubernamentales y en la innovación en técnicas y sistemas agrícolas que "garanticen la seguridad alimentaria del futuro".
"Siempre pensamos la seguridad alimentaria desde una perspectiva cuantitativa pero el reto es que debemos mirar más a fondo otros valores, como el acceso de comida de calidad para toda la humanidad", dijo Jehne en la conferencia organizada por la autoridad mexicana.
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La importancia de la calidad alimenticia está en estrecho vínculo con la calidad en salud de la población mundial, un hecho que en Latinoamérica ha quedado en evidencia durante el año 2020 con el advenimiento de la pandemia del nuevo coronavirus, debido al agravamiento de la enfermedad que provocó en su población la amplia persistencia de enfermedades crónicas vinculados a la mala alimentación, como la obesidad, la diabetes y la hipertensión.
El otro elemento clave para la seguridad alimentaria reside en su viabilidad para la producción de los agricultores locales.
"En todo el mundo se reclama que la agricultura sea viable, porque aunque hoy la industria de la comida mueva miles de millones de dólares, el agricultor recibe una parte mínima de esa ganancia. Tenemos que asegurarnos de tener agricultores viables para brindarnos los alimentos", apuntó.
El tercer elemento central para la seguridad alimentaria en el análisis de Jehne es su tema de estudio: la degradación de los suelos que produce la agricultura industrial.
"Todo sistema de agricultura futuro debe abordar estos elementos porque si no lo hace, nos arriesgamos a ver el colapso de las economías rurales. Este es el mayor reto que enfrentamos ante la creciente demanda de alimentos para las próximas décadas", sostuvo el científico.
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Según su análisis, el 70% de la comida que se come en el mundo es producido en pequeñas zonas de producción, como huertas, milpas y jardines, dónde las mujeres tienen un papel predominante.
"La seguridad alimentaria del futuro que asegure la salud de la población, tiene necesariamente que cuidar la agricultura de raíces, que depende de la viabilidad del suelo y su disponibilidad", sostuvo.
Al contrario, el modelo con el que funciona la agricultura industrial está "rápidamente degradando y oxidando los suelos, que contienen actualmente la mitad de los nutrientes y el carbono que tenía hace 70 años".
Este proceso tiene dos efectos tétricos para la salud del suelo y de la alimentación mundial: provoca la desertificación de grandes áreas de tierras cultivables, modificando el paisaje agrícola que ya mutó 5000 millones de hectáreas del mundo en desiertos y páramos infértiles; por otro, la degradación del suelo acelera e intensifica el cambio climático que tanto preocupa a la comunidad internacional.
"Debemos encontrar soluciones para prevenir que esto suceda, pero más importante es poder regenerar la salud de los suelos porque nuestro futuro depende de esto. Como dijo el presidente norteamericano Franklin Roosevelt "la nación que destruye su suelo, se destruye a sí misma", apuntó.
Mencionó, sin embargo, que hay una buena noticia en todo esto, porque la vía para la recuperación del suelo ya existe: "todo lo que tenemos que hacer es usar los procesos que la naturaleza ya tiene para mantener sano el suelo. Debemos entender y regenerar estos procesos naturales que puedan permitirnos la seguridad alimentaria del futuro", concluyó.

Sebastián Pinheiro: "La agricultura industrial fue introducida como tótems tecnológicos, pero en América Latina tenemos nuestra churingas"

Pinheiro es una eminencia del Cono Sur desde hace casi seis décadas, pionero en el trabajo de la agricultura campesina y agroecología, con una particular visión política del proceso que forzó la adopción de la agricultura industrial, basada en el uso de químicos para sustituir el trabajo campesino.
"La Revolución verde en Brasil es un tótem tecnológico que fue impuesto por los militares sobre los campesinos que luchan por una tierra libre, sin embargo, murió hace más de veinte años aunque no ha sido sepultada aún", dijo Pinheiro en su participación en la Conferencia de expertos globales sobre agroecología.
Explicó que para las élites brasileras, el campesino y las grandes masas de trabajadores del campo sin tierra (que conforman uno de los mayores movimientos sociales del continente, el MST, Movimiento de los trabajadores rurales sin tierra) son "una amenaza" y que gracias a la alianza de estos altos sectores sociales con las corporaciones militares fue cómo se logró imponer un sistema que había sido condenado al fracaso desde la década de 1970.
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"En la conferencia de las Naciones Unidas y el medio ambiente de Estocolmo en 1972 —la primera "Cumbre de la tierra"— ya estaba condenada la tecnología promovida por la Revolución verde, que había llegado apenas ocho años antes a Brasil, con el Golpe de Estado de 1964", explicó el experto.
Pinheiro sostuvo que la Revolución verde fue un mecanismo de "traslado de la chatarra tecnológica por medio de monopolios corporativos" al sur del mundo, que transfirió también las fábricas de plaguicidas clorados que habían sido denunciados en el primer mundo por su daño ambiental y a la salud humana, a las que catalogó como "la bomba atómica de los pobres".
"La peor agresión dictatorial que sufrimos en Brasil con el Golpe militar fue que nuestros campesinos perdieron el acceso al mercado, y fueron obligados a entregar toda su producción para la central de coyotaje estatal que ganó control de los precios de los productos y la producción, porque desde ese momento para tener crédito y poder vender, se hizo necesario adecuarse a la Revolución verde, aunque hubises muerto ya", explicó.
La Revolución verde que menciona Pinheiro es el proceso por el cual, mediante el argumento de que el mundo necesitaba aumentar su producción de alimento para acabar con el hambre, promovió el cambio de la agricultura campesina a la industrial, utilizando maquinaria y químicos que hasta el momento eran desconocidos, y que creó uno de los mercados más concentrados que existen hoy en el mundo, dónde menos de cinco empresas globales controlan el negocio.
"El resultado de la tecnología de los plaguicidas en Brasil fue que pasamos a tener 900.000 personas intoxicadas año a año y más de 12.000 muertos por lo mismo, por lo que muy temprano, tuvimos que empezar a cambiar", sostuvo el investigador.
Explicó que en Brasil el contrapunto lo marcó el sur del país —dónde nació el MST— en dónde existía una fuerte organización campesina, aunque esto implicó prisión, tortura y muerte para quienes se opusieron al modelo industrial para la tierra.
"Nuestra estrategia en Brasil hacia la soberanía alimentaria no fue crear un tienda de lujo de alimentos orgánicos, sino abrir tianguis en la calle. Hoy tenemos el mayor tianguis campesino del mundo, que no fue hecho pensando en el mercado sino en la educación para formar conciencia", apuntó.
Explicó que el proceso hundió sus bases en los saberes de la agricultura campesina, "con eso construíamos nuestra churinga para destruir los tótems de la industria", apuntó y sostuvo que en este proceso, las mujeres campesinas fueron un puntal —lo mismo apuntó su compañero Vijay Kumar del proceso en el estado Andhra Pradesh de la India— quienes se habían encargado siempre "del huerto y la farmacia": "fueron las mujeres quienes no permitieron que se usara veneno para preservar la salud de su familia, algo que utilizamos como una insignia y que luego conseguimos", concluyó.

Vijay Kumar: "En Andhra Pradesh hemos transformado la agroindustria en agroecología"

Kumar centró su participación en compartir la experiencia del proyecto del que forma parte, impulsado por el Gobierno estatal de Andhra Pradesh, el mayor estado agrícola de la India, por medio del cual se ha promovido el recambio de la industrial a la ecológica.
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En Andhra Pradesh viven 50 millones de personas de las cuales el 62% están vinculadas a la agricultura y actividades relacionadas, en 8 millones de hectáreas sembradas. "Para el Gobierno local, es un desafío transformarlas a la agricultura ecológica", sostuvo Kumar durante el evento.
Andhra Pradesh tiene la segunda mayor costa del país con una extensión de 974 kilómetros, es el mayor productos de frutas, huevo y hortalizas del país, en dónde 1,7 millones de hectáreas están sembradas de hortalizas. En ese sentido, el experto apuntó que el 86% de la población que las trabaja son pequeños productores que en promedio tienen una hectárea cada uno.
"A partir del año 2016, iniciamos el programa de agricultura comunitaria para transformar la vida de los campesinos, su integridad nutricional y la conservación del entorno. Aunque hay mucho problemas para ello, como dijo Walter Jehne, la única solución es lograr una agricultura en armonía con la naturaleza", sostuvo Kumar durante el evento organizado por la Secretaría mexicana del ramo.
Según los datos presentados, han logrado pasar de 40.656 agricultores asentados en 704 pueblos al inicio del programa a tener a fines de 2020, 695.000 personas en 3730 pueblos, en dónde se destinan 340.000 hectáreas a la agroecología.
El principal financiador es el Gobierno local, aunque también han recibido apoyo técnico de fundaciones filantrópicas; y apoyo económico del KFW Bank, el Banco para el Desarrollo de Alemania.
"El trabajo del Ppograma es promover la agricultura regenerativa, basada en una práctica holística del manejo del suelo que apalanca el poder de la fotosíntesis en las plantas, para cerrar el ciclo del carbono y reconstruir la salud del suelo, aportar a la resiliencia de los cultivos y a su densidad nutricional", explicó el experto.
Además de seguir los principios de la agroecología globales, el programa aplicado en este estado costero de la India tiene un aporte novedoso en la creación de bioestimulantes orgánicos, aplicados en las semillas y en el suelo.
Kumar explicó que el paso siguiente en el trabajo es la promoción y conservación de las semillas autóctonas e indígenas de la zona, con la promoción de bancos vivos de semillas.
"Aunque estos avances han sido validados científicamente, hay que tener en cuenta que su principal obstáculo es nuestra mentalidad, que se volvió adicta a la química en los últimos 60 años", concluyó.
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