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Por el arte hasta la muerte: la hazaña del reconocido maestro del mosaico que decoró el metro de Moscú en plena guerra

De la gloria en el Imperio ruso al último aliento en el asedio de Leningrado
Por Arina Iliná




© Sputnik/Ruslan Krivobok
El Metro de Moscú, lleno de curiosidades de todo tipo, es famoso, en primer lugar, por sus magníficas decoraciones creadas por orden de Iósif Stalin. Una de las estaciones más impresionantes es Mayakóvskaya: construida con el metal de piezas de dirigibles, está decorada con los paneles de mosaicos del proyecto del reconocido artista del realismo soviético Alexandr Deineka. Sin embargo, no todos conocen el nombre del maestro del mosaico que montó cada panel pieza por pieza. Y aún menos personas saben que este maestro —Vladímir Frolov— murió durante el sitio de Leningrado creando otros paneles para el metro en plena Gran Guerra Patria.


La gloria de la dinastía Frolov empieza a finales del siglo XIX. El padre de la familia Frolov, Alexandr, era un talentoso artista del mosaico, miembro de la Academia Imperial de las Artes. En 1890 lanzó su propio taller de mosaicos —el primer taller privado de ese tipo. Junto con su hijo mayor, que también se llamaba Alexandr, desarrolló e implementó nuevos métodos y estándares de manejo del esmalte. El hijo menor, Vladímir, se incorporó al negocio familiar en 1893 y ya en 1900 lo encabezó, tres años después de la muerte de su hermano mayor.

Vladímir Frolov en el taller
CC BY-SA 4.0
El nivel de la maestría de la dinastía Frolov era tan alto que en 1895 su taller ganó un concurso de mosaicos para la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada, o Iglesia de la Resurrección de Cristo en San Petersburgo, en el que también participaron el Departamento del Mosaico de la Academia de las Artes, una empresa de Alemania y dos de Italia.
La magnitud de su trabajo es tan asombrosa que todavía deja a todos los visitantes de la catedral boquiabiertos.
El taller Frolov creaba mosaicos para muchos otros edificios en San Petersburgo, Moscú, Kiev, Nóvgorod, en su mayoría, de carácter religioso.

El secreto de su éxito era una técnica especial de ensamblar mosaicos —la veneciana— que se utilizaba en Europa pero casi no se aplicaba en el Imperio ruso. El proyecto del dibujo se calcaba en papel grueso en una imagen de espejo, después se dividía en partes y se pegaban trozos de esmalte en cada una de ellas con su cara frontal. El mosaico terminado se rodeaba con un marco y se cubría con mortero de cemento. Después de instalar el mosaico en la pared y eliminar el papel, el dibujo era exactamente como se pretendía, sin distorsiones ni imprecisiones. Además, este método permitía trabajar en el taller en vez de in situ y reducía considerablemente el tiempo de trabajo.
Hasta 1917 el nombre de Vladímir Frolov resonaba en todo el país y era símbolo de la alta calidad de sus obras.
El fin y el volver del Imperio
Después de la Revolución de Octubre de 1917 los mosaicos se prohíben: los consideran demasiado religiosos y no ven para ellos un lugar en el arte bolchevique. En cierta manera, no era exageración: la mayoría de las obras del taller Frolov son íconos y paneles para las iglesias.
Como resultado de su nueva política, las autoridades cierran el taller. Vladímir Frolov vuelve a trabajar en la Academia de las Artes. Allí enseña a los estudiantes, realiza restauraciones, colecciona y guarda los mejores ejemplares y muestras de esmalte.

Hay cierta ironía en el hecho de que el regreso de Frolov a la labor creativa activa se hizo posible, en cierto sentido, debido a la muerte de Vladímir Lenin.
Cuando en 1930 el arquitecto soviético Alexéi Shchúsev trabajaba en el mausoleo de Lenin, convenció a las autoridades para decorar el interior con mosaicos y hacer que Frolov volviera a trabajar. Para este proyecto Frolov utilizó las muestras de esmalte mejores y más caras, que se habían comprado mucho antes por orden del emperador Nicolás II.

Así, las rayas rojas en zigzag, que simbolizan los estandartes del rubor de la Revolución, iniciaron la rehabilitación del arte del mosaico en la década de 1920.

El cuerpo de Lenin en el Mausoleo en la Plaza Roja
© Sputnik/Oleg Lastochkin
A partir de ese momento, Vladímir Frolov recibe varios pedidos para decorar monumentos, cines, teatros, bibliotecas, academias militares, así como los pabellones de la Exposición de los Logros de la Economía Nacional, además de restaurar varios monasterios de gran importancia artística.
Para 1938 crea los famosos paneles para la estación del metro de Moscú Mayakóvskaya. Los 35 paneles (ahora son 34), encajados en las concavidades del techo, retratan Un día en el cielo soviético, basados en bocetos del artista Alexandr Deineka e inspirados en la visión del futuro soviético imaginado por el poeta Vladímir Mayakovski.
© metro.ru
© metro.ru
© metro.ru
© metro.ru
© metro.ru
© metro.ru
© metro.ru
© metro.ru
Pero todo cambió con el inicio de la Gran Guerra Patria. En 1941, el maestro que ya tenía 67 años, se quedó atrapado en Leningrado durante el bloqueo con el encargo de crear nuevos paneles para las nuevas estaciones del metro de Moscú que no dejó de funcionar en plena guerra.
El metro como búnker
El metro siguió funcionando no solo como transporte, sino también como refugio antibombas para los moscovitas durante los ataques nazis. Era posible pasar la noche en las estaciones y en los túneles, también había puntos médicos organizados, bibliotecas e incluso proyecciones de películas. Durante la guerra nacieron más de 200 niños en el metro de Moscú. Los talleres de reparación del metro se enfocaron en productos militares, se reparaban los tanques. En algunas estaciones había instituciones y organizaciones militares y gubernamentales.
El metro solo un día dejó de funcionar, un día que se llamó 'pánico moscovita'. Cuando los nazis estaban cerca de Moscú, hubo una orden de evacuar la capital de la URSS; muchas instituciones fueron trasladadas a la retaguardia. El 15 de octubre de 1941 se emitió una orden de cierre del metro de Moscú. En caso de que la ciudad se rindiera, estaba previsto destruirla e inundarla. Se cortaron los cables, se desmontaron las escaleras mecánicas y se prepararon los coches y el equipo para la evacuación. El 16 de octubre, el metro no se abrió.

Sin embargo, ese mismo día se consideró errónea la decisión y los trenes empezaron a circular esa misma tarde. Durante el día siguiente, se realizaron las obras para restablecer totalmente las comunicaciones, la electricidad y devolver los coches y el equipo al servicio.

La construcción del metro
© Sputnik/Anatoly Garanin
El 6 de noviembre de 1941, en vísperas del aniversario de la Revolución de Octubre —y del desfile histórico en la Plaza Roja— en la estación de Mayakóvskaya se celebró una reunión solemne del Consejo de Moscú, en la que habló Iósif Stalin. En la estación se reunieron 2.000 personas, para las que se trajeron sillas del Teatro Bolshói, y tras la reunión se ofreció un concierto. El discurso de Stalin provocó un enorme auge patriótico en el país.
En diciembre de 1941 se reanudó la construcción de las nuevas estaciones. A pesar del estado de guerra, la decoración artística todavía se consideraba muy importante. Mientras tanto, Vladímir Frolov trabajaba en los paneles en la Academia de las Artes de Leningrado en pésimas e inadecuadas condiciones para cualquier actividad humana.
Arte y deber a la patria: el precio de la vida
El período más difícil del sitio de Leningrado fue el otoño de 1941 y el invierno de 1942, cuando debido a la situación extremadamente dura en las afueras de Moscú y a la amenaza de toma de la capital por las tropas alemanas, el abastecimiento de la ciudad asediada sufría aún más de lo normal.
© Sputnik/Boris Kudoyarov
Para la estación de Donbáskaya (ahora Pavelétskaya) se decidió crear paneles de mosaico en honor a los fogoneros y mineros del Donbás. Al igual que en Mayakóvskaya, estos paneles debían convertirse en una especie de 'ventanas al cielo'.

En 1940 Alexandr Deineka pintó 14 cartones en Moscú y se los envió a Vladímir Frolov en Leningrado. Allí el experimentado maestro comenzó a crear un mosaico y en enero de 1941 se envió el primer lote a Moscú. Tuvo que continuar el trabajo en el sitio. En el invierno de 1941-1942 Frolov tenía 68 años.
Vladímir Frolov (centro) en el taller
CC BY-SA 4.0
Vladímir Florov no dejó el taller durante el asedio. El Consejo de la ciudad decidió poner fin a todas las obras y el artista pudo evacuarse, pero no fue capaz de abandonar su 'casa' y su estudio, ni abandonar las obras terminadas. Siguió trabajando solo, ya que los estudiantes jóvenes y los ayudantes se habían ido al frente y los viejos habían muerto de hambre, frío y agotamiento.

Las ventanas del taller estaban rotas y cubiertas apresuradamente con madera contrachapada. Solo había una lata de queroseno para la calefacción; escribió cartas pidiendo más, pero no consiguió ayuda. Con mucho frío y sin electricidad se crearon los paneles con imágenes sobre un cielo tranquilo.

Sus obras terminadas se transportaron desde el Leningrado asediado por la vía que atravesaba el lago Ládoga —el Camino de la vida—.
Frolov consiguió completar el último panel y acompañar su envío a Moscú tres días antes de su muerte. El 3 de febrero murió de agotamiento en el sitio y fue enterrado en una fosa común de la Academia de las Artes.
La fosa común de la Academia de las Artes en San Petesrburgo
CC BY-SA 3.0
El proyecto cambió, la hazaña se mantuvo
Curiosamente, el proyecto para el que Frolov creó los mosaicos tuvo que ser modificado. Las peculiaridades de la estación Donbáskaya requerían ciertas construcciones metálicas, que se hicieron en Dnepropetrovsk, ciudad que al principio de la guerra era territorio ocupado. En consecuencia, la línea de metro se inauguró en 1943, pero sin esa estación. El arquitecto de la vecina estación de Novokuznétskaya, cuando se enteró de la existencia de los paneles ya listos, decidió utilizarlos en su proyecto.
Arina Iliná
Todavía se encuentran en la estación de Novokuznétskaya como recuerdo de la hazaña profesional de Vladímir Frolov que sacrificó su vida por la patria.
Dominio Público
Dominio Público
Dominio Público
Dominio Público
Dominio Público
Dominio Público
Se rindió homenaje a Frolov ya en 1945 en un libro sobre la construcción del metro:

"La historia de la creación de estos mosaicos está rodeada de la pasión de una hazaña laboral. Las pinturas se realizaron en Leningrado, en la Academia de las Artes, según los bocetos del artista Deineka, por el mayor experto en mosaicos de nuestro país, el artista Frolov. Algunas de las pinturas fueron creadas en los duros días del sitio. En el Leningrado asediado, en la ciudad dañada pero no conquistada, cuando los proyectiles de artillería estallaban en las plazas y calles, el maestro Frolov seleccionaba tonos delicados, buscaba minuciosa y cuidadosamente los mejores colores para expresar más plenamente el triunfo de la vida y la fe insaciable en la libertad de la patria y en el hermoso futuro del pueblo".
Hoy en día, en la estación de Novokuznétskaya hay una placa conmemorativa de Vladímir Frolov, porque, como se dice en Rusia sobre los héroes de la guerra,
nadie es olvidado, nada se olvida.

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Fotos: Sputnik, Wikimedia Commons, Creative Commons, metro.ru
Texto y d
iseño: Arina Iliná
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