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Maya Plisétskaya, la prima del Bolshói que enamoró a millones con su danza
por Arina Iliná


© Sputnik/Sergey Pyatakov
Maya Plisétskaya tuvo una vida tan larga y llena de acontecimientos que se hace imposible describirla en una sola línea de tiempo. No le hace honor una simple sucesión de hechos. La lista de sus estrenos teatrales y premios está publicada en el sitio web del Teatro Bolshói y es una de las más grandes. Sin embargo, el amor que le tiene el público es aún mayor.

A pesar de que falleció en el 2015, su paso por el siglo XX dejó una estela tan grande que su presencia aún se hace sentir.

El 20 de noviembre cumpliría 95 años. Sputnik recuerda la vida de una de las más grandes bailarinas de todos los tiempos.
Maya nació en 1925 y ya en 1934, a los 9 años, ingresó en una escuela de coreografía. Desde entonces, no paró de bailar. La Segunda Guerra Mundial inició y culminó, Stalin murió, el poder en el país y dentro del propio teatro cambió varias veces, aparecieron (y migraron) nuevas estrellas del ballet, la URSS colapsó, Vladímir Putin se convirtió en presidente por un tercer mandato, todo mientras Maya Plisétskaya bailaba inspirando a millones de amantes de las artes escénicas.

La dinastía que nos regaló a Maya
La historia de Maya Plisétskaya es inseparable de la de su familia, la famosa dinastía artística Messerer. La mayoría de sus parientes por el lado materno llegaron a ser destacados artistas del siglo XX.
Raquel Messerer
Dominio Público
Sulamif Messerer
© Sputnik/Anatoly Garanin
Asaf Messerer
© Sputnik/Anatoly Garanin
Mijaíl Messerer
© Sputnik/Vitaly Belousov
Su madre, Raquel Messerer, fue una popular actriz del cine mudo.
Sulamif y Asaf Messerer, hermanos de Raquel y tíos de Maya, fueron unos de los más destacados bailarines del teatro Bolshói de los años 1920-1950. Al terminar sus carreras, Sulamif y Asaf se convirtieron en instructores y se dedicaron a cultivar a las nuevas generaciones.
Otros miembros de la dinastía Messerer que alcanzaron la gloria fueron Borís Messerer (nacido en 1933), hijo de Asaf, emérito diseñador teatral —fue él quien creó el escenario para el ballet Carmen suite—; y Mijaíl Messerer (nacido en 1948), hijo de Sulamif, bailarín y coreógrafo.
Sus raíces judías fueron motivo de múltiples contrapies para la familia de Maya. Su padre, Mijaíl Plisetski, también judío, fue cónsul general de la URSS y jefe de minas de carbón en el archipiélago noruego de Svalbard. Sin embargo, durante el gobierno de Stalin, Mijaíl fue arrestado y en 1938 fusilado. Nadie le dijo a Maya que su padre fue sometido a represión y pensaba que le habían delegado con urgencia a Svalbard. Raquel, que se negó a testificar en contra de su marido, fue enviada al campo de trabajo para esposas de traidores a la patria de Akmólinsk, por ser la mujer de un enemigo del pueblo, con un bebé de siete meses en brazos, el hermano menor de Maya, Azari. Sulamif tuvo que adoptar de manera oficial a Maya para que no fuese enviada a un orfanato. En 1941, a solo dos meses de la Gran Guerra Patria, Raquel y su hijo regresaron a Moscú donde vivió hasta 1993.
Destino: el Bolshói
Desde muy joven, Maya impresionó por su perseverancia: logró regresar a Moscú en 1942, justo después de la evacuación en la ciudad de Sverdlovsk (actual Ekaterimburgo), a pesar de que la capital estaba cerrada para los que no tenían permiso. Sin embargo, necesitaba seguir estudiando si quería ingresar en el Bolshói al año siguiente. Y lo consiguió.
Desde el comienzo de su carrera participó en muchas piezas de ballet. Al principio en papeles pequeños, pero en 1944 consiguió el papel de Masha en el Cascanueces, al año siguiente el de Raymonda en la obra homónima y en 1947 interpretó a Odette-Odile en El lago de los cisnes. El Quijote, Romeo y Julieta, Giselle, Espartaco, La flor de piedra, estuvieron entre los éxitos más grandes de Maya Plisétskaya.
Maya era tan popular que, por raro que parezca, no le dejaban salir del país para realizar giras con el Bolshói en el extranjero. Ella reclamó por su derecho a viajar con el teatro, pero las autoridades tenían miedo de que ella pudiese migrar o convertirse en una espía. Solo después de 1958, cuando se casó con el compositor Rodión Schedrín, fue que la dejaron salir.
En 1960, cuando la grande Galina Ulánova se retiró, Maya fue nombrada prima ballerina del Bolshói.
El secreto del cisne
El ballet La muerte del cisne siempre estuvo presente en la vida de Maya. Lo bailó a los 14 años, cuando visitó a su madre en su exilio en Kazajistán. Lo ensayaba en el teatro Bolshói con su tía Sulamif en 1942, en plena Gran Guerra Patria. Incluso lo bailó durante el concierto de su 70 aniversario, en 1995.
Para lograr una máxima suavidad en el movimiento de sus brazos, ya de joven Maya iba al parque zoológico para observar y copiar el andar de los cisnes. Esta devoción por la perfección —y su afán de ser ideal— nunca la abandonó.

Muchos años más tarde, Maya confesó que su actuación como cisne era pura improvisación y que cada vez lo bailaba de manera distinta porque, al fin y al cabo, "no es nada interesante bailar dos veces de la misma manera".
Carmen: revolución sexual y la batalla con el Ministerio
El cisne moribundo es el personaje por excelencia de Plisétskaya, pero en nuestra memoria ella está eternamente viva. Y así era su Carmen.


En los años sesenta, el coreógrafo cubano Alberto Alonso llegó a Moscú con la gira de su espectáculo El Solar. Maya estaba presente en la sala y se sintió muy afectada por lo que había visto: en la coreografía de los artistas cubanos vio la gracia que podía tener una Carmen, el papel de sus sueños. Después del espectáculo, se aproximó a Alonso para pedirle que creara una Carmen para ella. El coreógrafo se mostró muy entusiasmado.

En el Moscú de la década de 1960, invitar a trabajar a un coreógrafo extranjero era impensable, pero Maya consiguió con gran dificultad una invitación para Alberto Alonso. Ayudó que era cubano, ciudadano de un país hermano de la URSS.

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Su marido, Rodión Schedrín, escribió la música y su primo, Borís Messerer, creó el escenario, un círculo de corrida de madera con una bandera roja sobre la escena. El estreno se celebró el 20 de abril de 1967 y al día siguiente la ministra de la Cultura, Yekaterina Fúrtseva, prohibió el ballet por su alto contenido de erotismo.

Fúrtseva calificó a Maya como una traidora del ballet y la amenazó con la frase "Carmen va a morir". La respuesta de Maya fue temeraria: "Carmen solo morirá cuando yo muera".
Más tarde, Maya escribió una carta a su hermano Azari, quien trabajaba en Cuba en la compañía de Alicia Alonso:
Los acontecimientos no se están desarrollando a favor de Carmen (o tal vez a favor). Ya he tenido tres 'reuniones' con Fúrtseva de tres horas cada una. Ella, aparentemente, no leyó a [Próspero] Merimée en absoluto, ya que dijo que estoy haciendo una mujer caída de la heroína del pueblo español. Ellos caracterizaron el trabajo como burgués.
Maya Plisétskaya
Sin embargo, tras prometer que iban a "reducir todas las impactantes escenas eróticas", Fúrtseva se rindió. De otra carta de Maya a Cuba:
Día 22, Carmen otra vez en escena y otra vez con tremendo éxito. Treinta minutos de aplausos y gritos como flamenco en una obra de teatro. Me gusta más el ballet, lo critican cada vez menos. Los principales críticos van a las funciones todo el tiempo. Lo odian pero no pueden evitar venir.
Maya Plisétskaya
Fue su papel favorito, su tarjeta de presentación. Plisétskaya bailó Carmen por primera vez cuando tenía 41 años y a los 62 todavía actuaba con esplendor, recibiendo aplausos clamorosos y toneladas de flores.
Arte sin fronteras
"Schedrín prolongó mi vida en el arte al menos 25 años", decía la bailarina. En vez de terminar de bailar a los 40 años, Plisétskaya siguió activa hasta la edad que suele inspirar respeto: dejó la escena a los 65, pero no dejó de participar en conciertos o dar clases.

Aún más, en 1975, ya con 50 años de edad, Maya bailó en Bolero, el ballet del coreógrafo francés Maurice Béjart. Esta actuación sigue siendo para muchos una de las mejores versiones de un ballet que ha sido protagonizado por los mejores bailarines del mundo.
En lo que concierne a las grabaciones, en sus últimos años Plisétskaya admitió que el nivel de las bailarinas modernas era mucho más alto, completamente incomparable con las bailarinas del pasado: "Ahora miras las grabaciones de las bailarinas a las que todos admiraban alguna vez y no puedes demostrarle a nadie que eran hermosas: las grabaciones muestran un nivel técnico pobre".

Sin embargo, las grabaciones de Maya demuestran que siempre bailó con una pasión infinita, lo que hace imposible menospreciar el nivel de su técnica de baile.


Además de ballet en el teatro, Plisétskaya protagonizó varios ballets grabados para la televisión, documentales e incluso la película Anna Karenina, en la que hizo su debut como actriz dramática en el papel de la princesa Betsy Tverskaya.

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Maya siempre fue un ícono de estilo. En 1961, en París, se reunió con muchos migrantes rusos, incluido el bailarín Serge Lifar. Él, a su vez, la presentó a Coco Chanel, quien le regaló uno de sus trajes. Más tarde, Plisétskaya se convirtió en musa del diseñador francés Pierre Cardin. Ella lo consideraba un genio y él la adoraba. En la URSS la criticaron por una apariencia "no apropiada para una joven comunista", pero Maya hizo una vista gorda y ganó la batalla por el derecho de ser una mujer bonita.
En los años 1980 viajó mucho y realizó giras por Europa, visitó Francia y España. La invitaron a dirigir el ballet de la Ópera de Roma y del Teatro Lírico Nacional de Madrid, donde obtuvo la nacionalidad española. De verdad —y ella lo reconocía— no era una buena directora, no le gustaba ocuparse de la burocracia o enseñar a otros. Decía que nunca consideró el trabajo de una coreógrafa o directora como su vocación. Su vocación era bailar.
"El carácter marca el destino"
La imagen de una bailarina clásica suele ser suave, frágil y efímera. Maya era todo lo contrario: su Carmen se bajó de las zapatillas de punta y sus pies la mantuvieron firme en el suelo.
No quiero ser una esclava. No quiero que personas desconocidas decidan mi destino. No quiero un collar alrededor de mi cuello. No quiero una jaula, ni siquiera una de platino. (…) No quiero inclinar la cabeza y no lo haré. No nací para esto.
Maya Plisétskaya
Nació para bailar, pero no fue rehén de un solo papel.

Entre la romántica Odette y la diabólica Odile se inclinaba por la segunda. Era igualmente perfecta como un cisne moribundo y la sexual Dueña de la montaña, como la inocente adolescente Julieta y la poderosa reina oriental Mejmené-Banú. Cuando en el teatro ya no había nuevos papeles para ella, Maya los creó para sí misma con la ayuda de su marido, el compositor Rodión Schedrín, y su amigo Pierre Cardin: así nacieron Ana Karénina, Gaviota y La dama del perrito. No tenía miedo de experimentar y arriesgarse y todo lo que hacía en escena, siempre lo hacía a tope. No era simplemente talentosa, era genial.
En el arte no importa el 'qué', lo más importante es el 'cómo'. Se necesita que toque a todos, toque el alma, entonces es real, y no hay otra forma.
Maya Plisétskaya

Tenía rivales y enemigos (por ejemplo, odiaba a Yuri Grigoróvich, el principal coreógrafo del Bolshói, al que llamaba "un pequeño Stalin"), pero tenía más amigos y admiradores. Trataba a las personas que le eran interesantes y a los que amaba con un amor absoluto. Entre los espectadores de sus bailes figuraron Iosif Stalin, Mao Zedong, Fidel Castro, Jawaharlal Nehru, Josip Broz Tito y Yuri Gagarin. Fue admirada por el presidente estadounidense John Kennedy y su hermano Robert.

No era secreto que tenía un carácter difícil. Ácida, sarcástica, directa en sus expresiones, a menudo despiadada, Maya luchó toda su vida por la verdad y la libertad —de ballet, arte, palabra, modo de pensar, vivir y simplemente ser.

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No se resignen hasta el límite. Incluso entonces: luchen, disparen, toquen las trompetas, toquen los tambores, llamen a los teléfonos, envíen telegramas desde las oficinas de correos, no se rindan, luchen hasta el último momento, luchen. Incluso los regímenes totalitarios se retiraron frente a la obsesión, la convicción, la perseverancia. Mis victorias se basaron solo en eso. El carácter marca el destino.
Maya Plisétskaya

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Además de muchos premios teatrales, Maya Plisétskaya fue condecorada con varias órdenes, entre las cuales está:

  • Artista del pueblo de la URSS
  • Orden de Lenin — tres veces
  • Héroe del Trabajo Socialista
  • Orden al Mérito por la Patria (Rusia) – cuatro veces
  • Orden de las Artes y las Letras (Francia)
  • Medalla al Mérito en las Bellas Artes, Real Orden de Isabel la Católica, el Premio Príncipe de Asturias (España)

En su honor bautizaron al planeta 4626 y a un tipo de peonía y gladiolas. En Moscú, a unos 400 metros del Bolshói, hay una plazuela con un grafiti y un monumento a Maya.
Ahora para todos es 'grande', 'diosa', 'reina', pero a pesar de ese amor popular toda su vida fue una lucha constante por la libertad de ser tal como era.

El testamento conjunto de Plisétskaya con su esposo dice: "Quemar nuestros cuerpos después de la muerte. Y cuando llegue la triste hora de la muerte de uno de nosotros que ha vivido más tiempo, o en el caso de nuestra muerte simultánea, juntar nuestras cenizas y dispersarlas sobre Rusia".

Incluso después de su muerte, quiso seguir siendo libre. Y así lo es en la memoria de todos los que la amaron.
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Fotos: Sputnik, AFP, Wikimedia Commons
Texto y d
iseño: Arina Iliná