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    Los nuevos términos y condiciones de WhatsApp preocupan a los usuarios, que empiezan a preocuparse por su privacidad. Sputnik conversó con expertos de seguridad informática para conocer qué implicancias reales tienen estos cambios, a qué obedecen, y por qué no aplicarán en la Unión Europea.

    Hace unas semanas, cuando los usuarios de WhatsApp comenzaron a recibir un aviso que advertía que los términos y condiciones de la aplicación de mensajería instantánea cambiarán a partir del 8 de febrero, múltiples preguntas comenzaron a surgir en torno a su funcionamiento y a la naturaleza de su cambio normativo.

    Las preocupaciones por la privacidad de los datos, acerca de la gratuidad del servicio y, especialmente, qué vínculo se establecerá con Facebook —y con las otras empresas propiedad del empresario estadounidense Mark Zuckerberg— surgieron entre los usuarios, lo que quedó evidenciado en la fuerte demanda que provocó en la red social rusa Telegram, que cumple similares funciones.

    Sin embargo, es posible que no se trate de nada nuevo, asegura el experto en seguridad informática José Luis López, director de la empresa de seguridad informática ESET en Uruguay. "Lo que más confunde es el aviso que están recibiendo los usuarios de WhatsApp, que básicamente es algo genérico pero que también genera un poco de alerta y no agrega en el fondo nada nuevo", explica a Sputnik.

    No hay nada gratis en la vida, y menos en InternetFME

    El asunto principal dentro de los cambios en los términos y condiciones de WhatsApp es que, ahora, los datos de sus usuarios se "cruzarán" con los de la red social Facebook, Instagram, y las otras empresas propiedad de Zuckerberg. 

    A grandes rasgos, esto significa que esta red de redes tendrá la posibilidad de intercambiar los datos que una persona brinde en cada una de ellas, con el fin de aumentar sus respectivos ingresos, fundamentalmente a partir de la venta de publicidad, que es su principal fuente principal de ganancia, ilustra López. 

    "No hay nada gratis en la vida, y menos en internet", subraya. Como cualquier otro en la red, WhatsApp no es un servicio gratuito en absoluto, reafirma, sino que se trata de una "herramienta para hacer dinero", en este caso a partir de la venta de los datos personales de los usuarios para empresas que luego les ofrecerán publicidad, hecho que, según él, el público en general tiende a olvidar. 

    Sin embargo, esto ya ocurría antes. La primera vez que se descarga WhatsApp, la aplicación pide al usuario la aceptación del clásico "He leído y acepto los términos y condiciones" para su uso. Lo que ocurre es que, en general, "mucha gente lo pasa por alto, y muy poco lo leen", dice López. 

    Desde 2014 WhatsApp es propiedad de Facebook, luego de que la empresa de Zuckerberg la adquiriera por un valor de 16.000 millones de dólares. Desde entonces, por defecto, ambas redes sociales tienen sus datos cruzados, entre sí y con el resto de las empresas propiedad del empresario. La diferencia central, remarca López, es que antes las condiciones daban al usuario la opción de si permitir que sus datos sean compartidos con Facebook o no, opción que ya no estará disponible en los nuevos términos de privacidad. 

    Aunque el usuario podía elegir no vincular los datos de una red social y otra, la mayoría lo estaba haciendo por defecto, explica López, por lo que, en esencia, "no es algo nuevo, es algo normal: lo que pasa es que ahora en las condiciones de WhatsApp va a estar explicitado". 

    En el mismo sentido lo analiza Federico Kirshbaum, experto en seguridad y miembro de la conferencia anual sobre seguridad informática argentina Ekoparty. En resumen, lo que cambia es que ahora la empresa explica en detalle, —y por ende se ampara legalmente—, qué clase de datos va a utilizar, bajo la premisa del "consentimiento: lo que yo recopilo de tu información vos tenés que saberlo", dice a Sputnik. 

    ¿Cuál es esa información? En síntesis, tu nombre y apellido, el o los dispositivos desde los que utilizas el servicio, tu número de teléfono, tus contactos, tu ubicación y, en redes como Facebook e Instagram, todo aquel contenido con el que interactúa el usuario y sobre el que manifiesta interés —páginas de música, arte, animales, o lo que fuere—, que luego determinará qué clase de publicidad te será sugerida en dichas redes sociales. 

    Aun así, uno de los puntos que la empresa ha hecho énfasis en aclarar es que los mensajes personales de los usuarios no son, de ningún modo, visibles ni para ellos ni para las otras empresas. "Con el cifrado de extremo a extremo, no podemos ver sus conversaciones o llamadas privadas, tampoco lo puede hacer Facebook. Estamos comprometidos con esta tecnología y estamos comprometidos a defenderla a nivel mundial", subrayó el 8 de enero el jefe de WhatsApp, William Cathcart, en su cuenta de Twitter.

    ¿Por qué cambian los términos y condiciones de WhatsApp? 

    Es cierto que el cruce de datos genera mayores ingresos a las empresas vinculadas, y tiene sentido atribuirle un fin puramente mercantil a la obligatoriedad de la aceptación de estos nuevos términos y condiciones para que el usuario permita, sí o sí, ceder sus datos a estos fines. 

    Sin embargo, si esto ya ocurría antes, y de todos modos la gran mayoría de los usuarios autorizaba a la aplicación a usar sus datos, tiene sentido preguntarse por qué hacer explícito dicho aviso, con todo el revuelo que estaba previsto podía ocurrir. En este sentido, Kirshbaum asegura que lo que ocurre va más allá de una simple "explicitación" de la política de la empresa.

    En 2015, se publicaba por primera vez en el periódico británico The Guardian el uso ilícito de datos de la consultora política Cambridge Analytica obtenidos a través de Facebook, escándalo que se terminaría de consolidar en 2019, con el estreno en Netflix del documental Nada es Privado, donde se desarrolla el accionar de ambas empresas durante las campañas para Donald Trump en Estados Unidos, el Brexit en Europa, y otras varias más. 

    Cuando las investigaciones en torno a Facebook comenzaron, cuenta Kirshbaum, "bajaron el perfil" y detuvieron o, al menos, redujeron el cruce de datos. Con este mensaje, "ahora te dicen: 'podríamos cruzarlos', lo que significa 'vamos a cruzarlos'", asegura. 

    ¿Cómo es la ley que presionó a WhatsApp?

    Hay un capítulo en esta historia que los especialistas en seguridad informática tienen muy presente, pero del que poco se ha hablado en la prensa. Se trata del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), aprobado en 2016 y que empezó a aplicarse en 2018 en la Unión Europea.

    "El Reglamento es una medida esencial para fortalecer los derechos fundamentales de las personas en la era digital y facilitar la actividad económica, ya que aclara las normas aplicables a las empresas y los organismos públicos en el mercado único digital. Además, la existencia de una norma única pone fin a la fragmentación en distintos sistemas nacionales y a las cargas administrativas innecesarias", define la UE.

    A grandes rasgos, la legislación no solo exige la explicitación de los usos de los datos personales de los servicios como WhatsApp y Facebook al usuario, sino que prohíbe el cruce de datos para estas aplicaciones. De hecho, WhatsApp funciona para los países del bloque de modo muy distinto: tiene su propia filial con sede en Irlanda para proveer sus servicios, a cargo de la Comisión de Protección de Datos de Irlanda, y su nueva disposición, por ende, no aplicará en los países de la Unión Europea. 

    Si se va a la web de WhatsApp, a la sección de Seguridad y Privacidad, queda explícito su funcionamiento para los usuarios del bloque: "Actualmente, Facebook no usa la información de tu cuenta de WhatsApp para mejorar las experiencias con los productos de Facebook ni proporcionarte anuncios más relevantes en la plataforma".

    Sin embargo, este tipo de legislación sirve a modo de "presión" para el uso de la aplicación en otros lugares, y le exige una mayor transparencia para con los usuarios, asegura Kirshbaum. "Legalmente están cubiertos", resume. 

    En América Latina, el interés por legislar en esta materia no suele estar entre las prioridades de los Gobiernos, pero Kirshbaum sostiene que una vez que un país toma la determinación de amparar a los usuarios en su protección de datos —especialmente si se trata de los países "que mueven la aguja" a nivel comercial—, eso genera un efecto de influencia en otros más pequeños, ya que los vínculos empresariales entre países suponen condiciones de datos. 

    Por ello, una eventual ley en países de influencia pueden llevar "hacia un lugar" de mayores políticas de protección de datos a nivel regional. Con el reglamento de la Unión Europea, supone, en América Latina, eventualmente "probablemente va a haber una reacción" en ese camino.

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