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    Los científicos de EEUU han logrado esclarecer un poco más el secuestro aéreo más famoso del siglo XX al analizar los restos de algas en los dólares que cayeron en manos del secuestrador como rescate. Nueve años después se encontraron en la arena de una playa cerca del lugar donde el secuestrador abandonó el avión en paracaídas.

    En noviembre de 1971, en EEUU, un hombre que se identificó como Dan Cooper secuestró un avión de pasajeros de la empresa Northwest Orient Airlines que cubría la ruta de Portland a Seattle. Desde su asiento en la parte trasera de la nave entregó una nota a la tripulante Florence Schaffner​: "Tengo una bomba en mi maletín. La usaré si es necesario. Quiero que se siente junto a mí".​ Cooper exigió 200.000 dólares en billetes sin marcar y, después de recibirlo, saltó del avión con un paracaídas en plena tormenta en noviembre. Nadie resultó herido. El caso de Dan Cooper sigue siendo el único secuestro sin resolver en la historia de la aviación comercial.

    Cooper nunca fue encontrado. Pero en 1980, en una playa a orillas del río Columbia, cerca del lugar previsto para el aterrizaje, un niño llamado Brian encontró parte del dinero del rescate.

    Precisamente estos billetes atrajeron la atención de Thomas Kay, de la Fundación de Desarrollo Científico en Arizona, y su colega Mark Meltzer. Analizaron los rastros de algas diatomeas que habían quedado en los billetes. Como explican en su estudio, publicado en la revista Scientific Reports, examinaron pequeños fragmentos de los dólares con un microscopio electrónico. Con su ayuda, lograron recopilar información sobre la composición, estructura y algunas otras propiedades de las capas cercanas a la superficie.

    Kay y Meltzer también comprobaron hasta qué punto las diatomeas penetraban en la arena. Para ello, colocaron billetes modernos en un recipiente con arena a diferentes profundidades, y luego rociaron la arena con agua que contenía algas. Además, colocaron fajos de billetes en el agua de un acuario para averiguar cómo reaccionaba el papel y a qué velocidad se hundía hasta el fondo.

    Pasaron nueve años entre el secuestro del avión y el descubrimiento del dinero, pero en el billete estudiado solo había rastros de ciertos tipos de algas estacionales. Aparentemente, el dinero había acabado en la arena poco antes de que Brian los encontrara.

    "El billete de Cooper mostró rastros de especies de diatomeas que solo florecen en verano. Esto muestra que el dinero no fue enterrado en el suelo de inmediato", subrayan los científicos.

    Según una teoría, el dinero podría haber caído al agua cuando Cooper saltó del avión y luego fue llevado por la corriente a la playa. Sin embargo, nuevos datos refutan esta teoría.

    "El dinero no estuvo flotando en el agua durante años. De lo contrario, habríamos encontrado rastros de algas que florecen en otras épocas del año. Por lo tanto, crea un marco temporal muy estrecho durante el cual el dinero se mojó y fue enterrado en la playa", cuenta Kay.

    Los experimentos han demostrado que las diatomeas pueden penetrar los billetes a través de la arena, pero solo las más pequeñas. Los investigadores han encontrado especies de algas que apenas aparecen en noviembre, cuando Cooper secuestró el avión, pero florecen profusamente a finales de la primavera y principios del verano boreal.

    Además, es poco probable que Cooper enterrase paquetes secos de billetes en la playa: se encontraron diatomeas grandes que no pueden penetrar a través de la arena. Esto descarta la teoría de que tras caer a tierra Cooper se moviese a lo largo del río y decidiese ocultar parte del dinero en la playa. Los científicos también descartaron la versión de que el dinero se mojó cuando Cooper aterrizó, y luego lo enterró.

    Sin embargo, los nuevos datos generan más preguntas que respuestas.

    ¿Cómo llegó el dinero al agua después de tanto tiempo? ¿Por qué los billetes terminaron en este lugar en particular, cerca del punto donde se suponía que aterrizaría Cooper? ¿Cómo llegaron al río Columbia y por qué permanecieron prácticamente intactos?

    "Cooper todavía nos confunde", reflexiona Kay.

    Los autores del estudio creen que, aunque los nuevos datos no brindan la oportunidad de aprender más sobre el destino de Cooper, sí abren nuevos horizontes para la ciencia forense. La búsqueda del rastro de algas se puede utilizar para determinar el intervalo de tiempo en el que la víctima o la evidencia caen al agua. Kay y Meltzer esperan que este método sea útil para realizar exámenes forenses.

    Etiquetas:
    investigación, algas, avión, aviación, secuestro
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