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    Elon Musk es conocido en el mundo entero, pero no por eso lleva un estilo de vida propio de cualquier 'influencer': al fundador de Tesla no le gusta el deporte, no dedica mucho tiempo a dormir y la comida sana tiene poco que ver con él. Veamos cómo compagina estos hábitos con su carrera estelar.

    Musk es hijo de una dietista, pero eso nunca valió para inculcar en el empresario hábitos alimenticios sanos. De joven, cuando aún era estudiante, el físico decidió probar a gastar solo un dólar al día en comida para comprobar si podía vivir con unos gastos mínimos.

    El experimento funcionó: el joven Musk podía dedicarle el mínimo tiempo y dinero a su alimentación y así dejar más espacio en su vida para sus grandes proyectos o ambiciones. Con el tiempo dejó el hábito de gastar poco, pero sigue saltándose desayunos y almorzando en cinco minutos.

    Eso, sin embargo, no significa que no sepa disfrutar de la comida: el emprendedor adora las barbacoas y la gastronomía francesa. De hecho Musk dice que "la comida es genial. La verdad es que preferiría comer cosas ricas y vivir una vida más corta".

    Lo mismo se puede decir del alcohol: el multimillonario tiene una debilidad con el güisqui. Y es que el director general de SpaceX cree que un poco de alcohol al día, lejos de ser perjudicial, es incluso beneficioso para vivir una vida más larga. Como dice él, "una de las personas más longevas fue una mujer de Francia que bebía una copa de vino al día".

    En lo que respecta al deporte, a Elon no le gustan los excesos: tiene un entrenador personal con el que admite que lleva tiempo sin verse y corre en la cinta o hace ejercicios de musculación una o dos veces a la semana... Y porque se lo toma como obligación. "Siendo totalmente sincero, si pudiera, no entrenaría nada", admite el empresario, citado por el medio ruso Reminder.

    El sueño tampoco es una prioridad para este empresario. Volvemos a remontarnos a la época de estudiante de Elon Musk y vemos que al joven le faltaban horas en el día para sacar adelante sus proyectos.

    Tanto era así que sustituía horas de sueño por hasta ocho latas de cola light y unos buenos tazones de café. Y es que fundar Zip2, una de sus primeras empresas, estaba antes que cualquier otra cosa. La filosofía del empresario era la siguiente: "Si otros dedican 40 horas semanales al trabajo y tú le dedicas 100, conseguirás en cuatro meses lo que ellos tardarán un año en conseguir".

    No obstante, como es evidente, este ritmo de vida es insostenible y afecta a la productividad, y el magnate pronto tuvo que revisar su rutina de sueño. Ahora duerme entre seis y seis horas y media al día, y si es necesario, recurre al somnífero Ambien. Él mismo es consciente de que la falta de sueño le "afecta a la agudeza mental".

    Todos estos hábitos están dirigidos a optimizar la productividad de manera indirecta, pero en lo que respecta al trabajo, Musk tiene unas costumbres aún más sorprendentes. El empresario tiene muy claras sus prioridades y trabaja en bloques de cinco minutos: divide cada día en estos breves espacios de tiempo en los que completa todas sus tareas.

    Lo más sorprendente es que incluso en esos intervalos hace varias tareas a la vez: incluso juega con sus hijos mientras envía correos. Es el método conocido como batching, que propone comer y realizar otras actividades cotidianas sin dejar de trabajar. Ese es el precio de llegar a la cima y convertirse en una de las personas más ricas del planeta.

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