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    Senegaleses en Argentina: derribando barreras (fotos)

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    Francisco Lucotti
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    No huyeron de la guerra ni del hambre sino del desempleo, pero hoy se enfrentan a desafíos como el idioma, la discriminación, la precariedad laboral, la persecución policial y el aumento del costo de vida.

    "Nunca van a ver un senegalés vendiendo droga o robando. No somos importadores ni fabricantes, somos pobres comerciantes", dijo a Sputnik Abdoul Ahad Faye, de 28 años, en un castellano fluido, dudando a veces hasta encontrar la palabra exacta.

    Abdoul, oriundo de la región senegalesa de Diourbel, llegó a la Argentina hace tres años
    © Sputnik / Francisco Lucotti
    Abdoul, oriundo de la región senegalesa de Diourbel, llegó a la Argentina hace tres años

    Oriundo de la región senegalesa de Diourbel, llegó a la Argentina hace tres años siguiendo los pasos de su hermano mayor, Aliou, quien vive en Buenos Aires desde 2013. Abdoul trabaja como empleado en el local de accesorios y carteras que logró montar Aliou tras mucho esfuerzo y ahorro hace cinco meses, en una galería del barrio de Once.

    "Me pone triste la discriminación de la gente, pero es la de la Policía la que realmente nos afecta", aclaró. Abdoul cuenta que en junio allanaron el local sin ninguna justificación. Una vecina del comercio le avisó y él fue el primero en llegar.

    "Lo primero que me preguntaron fue '¿Tenés un arma?' y me esposaron. Mi hermano tiene facturas de todo, paga impuestos y yo estoy empleado en blanco", contó el joven, y en sus ojos se veía la indignación y la impotencia.

    "Dejaron el local vacío; 150.000 pesos de mercadería. Se llevaron 26 bultos, los conté, pero en el expediente anotaron que eran dos. Todavía no nos devuelven documentos personales y un teléfono. De toda la galería, solo a nosotros, porque somos negros", asintió Abdoul, antes de aclarar que no le gusta insistir con la idea del racismo: "Se aprovecharon porque no podemos defendernos".

    La situación de los hermanos Faye es una excepción si se los compara con la gran mayoría de sus compatriotas. No existen números actualizados pero se estima que son entre cinco y 10.000 los senegaleses radicados en la Argentina, casi todos hombres, una gran parte con residencia precaria, muchos sin formación académica y muy pocos con dominio del castellano, por lo que es común encontrarlos en las calles trabajando como vendedores ambulantes.

    Este es el caso de Ibra Diuf, de 28 años, quien se dedica a la venta de accesorios y relojes los sábados y lunes en La Saladita, uno de los centros comerciales y bazares más grandes de Once, un barrio característico en la ciudad por la venta minorista a precios populares.

    Por la zona también se encuentra el departamento que alquila junto a un amigo, donde, según explica, el precio se disparó en los últimos tres años. "Cuando llegué pagaba 1.000 pesos [27 dólares] y ahora nos piden 11.000 [casi 295 dólares]. Es muy difícil la cosa acá", repite a lo largo de la conversación por lo menos unas cuatro o cinco veces. Más allá de que su español es limitado para comunicarse, es evidente que el tema le preocupa.

    Una tarde de agosto, Ibra se acercó a hacer ejercicio a una de las plazas del barrio cuando de repente le llamó la atención que varios hombres de su mismo color de piel entraban uno detrás de otro a un edificio. Vio que cargaban mochilas y se acercó para saciar su curiosidad. Allí descubrió que sus "paisanos" estaban tomando clases gratuitas de castellano y no dudó en inscribirse.

    Las clases son ofrecidas por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en alianza con el Centro Universitario de Idiomas (CUI) los martes y jueves en dos turnos, uno matutino y otro vespertino. El más concurrido es el segundo, donde asisten aproximadamente unas 50 personas.

    Ibra Diuf, 28, inmigrante senegalés en Argentina, se dedica a la venta de accesorios y relojes
    © Sputnik / Francisco Lucotti
    Ibra Diuf, 28, inmigrante senegalés en Argentina, se dedica a la venta de accesorios y relojes

    "Llevamos adelante desde 2017 el programa BA Migrante con el objetivo de promover la inclusión social, generar igualdad de trato y de oportunidades, ampliación de derechos y el conocimiento de obligaciones de parte de la población migrante. Ofrecemos distintos dispositivos de información, sensibilización, consulta y gestión participativa, y este curso forma parte de este programa", explicó a Sputnik Pamela Malewicz, subsecretaria de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural.

    "Con la colectividad senegalesa se está trabajando en dos grandes sentidos; uno es la inclusión a través del idioma y el otro es la inserción laboral junto a la subsecretaría de Trabajo, Industria y Comercio. A principios de este año se realizó una capacitación de tres meses orientada a brindar herramientas de empleabilidad, emprendedurismo y habilidades comerciales. Se les ofrecieron distintas oportunidades laborales y la posibilidad de presentarse a entrevistas de selección", dijo Malewicz.

    A diferencia de otras comunidades de inmigrantes, la senegalesa carece de representación institucional (no hay embajada ni consulado) y no cuenta con una colectividad sólida y con tradición en el país porque se trata de una oleada que empezó a llegar recién en este siglo.

    La Asociación de Residentes Senegaleses en Argentina es prácticamente el único organismo que los nuclea, pero no tienen sitio web y su forma de contacto es una página de Facebook. Abdoul Faye dejó en Diourbel a su mujer y su hijo de cuatro años. "Fui a visitarlos por última vez del 18 de agosto al 24 de octubre de 2017. Me gustaría traerlos pero ahora es más difícil ahorrar para mandar y mucho más para pasajes. No quiero que mi hijo sufra como yo. Yo vine a juntar plata para ayudar a mi familia: de la casa al trabajo y del trabajo a la casa. Así somos los senegaleses".

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    Etiquetas:
    sociedad, futuro, refugio, inmigración, Argentina