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    La auxiliar de cirugía pediátrica del Instituto Portugués de Oncología (IPO) de Oporto (Portugal) que murió dos días después de vacunarse contra el COVID-19 falleció por otra causa. Sónia Azevedo no presentó ningún efecto secundario de la vacuna.

    La mujer falleció mientras dormía el 1 de enero. La institución donde trabajaba explicó al medio portugués JN Directo que su empleada fue vacunada contra el COVID-19 el 30 de diciembre del 2020. Era una de los 538 trabajadores que recibieron la vacuna. No presentó ningún efecto indeseable ni en el momento de la vacunación ni en los días posteriores, y la autopsia ha descartado que su fallecimiento tenga algo que ver con la vacuna de Pfizer.

    Al contrario, estaba orgullosa de haber participado en la vacunación. Cambió la foto del perfil de su cuenta en Facebook para poner en ella la inscripción "vacunada contra el COVID-19".

    El padre de Azevedo aseguró a los medios locales que su hija no había tenido problemas de salud.

    "No sé lo que pasó. Sé que quiero respuestas. Quiero saber qué mató a mi hija", declaró antes de que se le hiciera la autopsia. 

    Posteriormente, esta descartó cualquier conexión. En su informe el Ministerio de Justicia de Portugal no ha ofrecido más detalles, pues ha indicado que estos se hallan "bajo secreto judicial".

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