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    Hace 50 años, los nativos de Lituania Pranas y Algirdas Brazinkas —padre e hijo— secuestraron un avión de pasajeros soviético An-24 para escaparse a Turquía. Mataron a la azafata que estaba a bordo e hirieron a los pilotos, pero nunca sufrieron el castigo correspondiente. Llegaron a EEUU, desde donde nunca fueron extraditados a la URSS.

    Un oficial falso y un adolescente

    El 15 de octubre de 1970, un An-24 estaba realizando un vuelo regular de media hora en la ruta Batumi-Sujumi (ahora ciudades en el territorio de Georgia y Abjasia; entonces, ciudades de la República Socialista Soviética de Georgia). Había 44 pasajeros y cinco miembros de la tripulación a bordo. Unos minutos después del despegue, un hombre con uniforme militar de oficial que volaba con su hijo adolescente llamó a la azafata que estaba a bordo, Nadezhda Kúrchenko, de 19 años, y le entregó un sobre de papel para el comandante del avión.

    ​La chica inmediatamente sospechó que algo iba mal. Abrió el sobre y leyó una nota: el terrorista ordenaba a los pilotos cambiar la ruta y detener la comunicación por radio con los servicios en tierra. De lo contrario, todos morirían. No había instrucciones claras sobre cómo reaccionar en tales situaciones en aquel entonces, y Nadezhda se apresuró a la cabina de mando.

    ​El falso militar y su hijo agarraron fusiles y pistolas. Kúrchenko les bloqueó el camino e intentó quitarles las armas, después de que los criminales empezaran a disparar. La azafata cayó muerta. El adolescente descargó un fusil en dirección a los pasajeros que intentaron ayudar a la azafata. Por suerte, las balas acabaron en las paredes del avión. El adolescente también abrió su vestimenta y mostró granadas atadas a su cinturón para que no hubiera más resistencia.

    Mientras tanto, su padre, Pranas, irrumpió en la cabina de los pilotos y abrió fuego de nuevo. Más tarde, se contaron unos 20 agujeros en el revestimiento de la cabina. El comandante de la aeronave, Gueorgui Chajrakia, fue herido por una bala en la columna vertebral, el navegante y el asistente de vuelo también fueron heridos. El copiloto tuvo suerte: la bala destinada a él se atascó en el respaldo de la silla. Amenazando con hacer explotar el avión, los Brazinkas ordenaron a la tripulación que se dirigiera a Turquía.

    Los pilotos intentaron engañar a los secuestradores y aterrizar en un aeródromo militar soviético cercano, pero los bandidos se dieron cuenta rápidamente de su plan, obligando a la tripulación a tomar altura de nuevo. Para no caer bajo el fuego de la defensa aérea turca, los pilotos enviaron una señal SOS. El avión cruzó la frontera y aterrizó en el aeropuerto de Trebisonda.

    Los médicos ayudaron a los heridos, y al día siguiente todos los ciudadanos de la URSS y el cuerpo de la azafata muerta fueron llevados a su tierra natal. La chica fue condecorada póstumamente con la Orden del Estandarte Rojo y fue enterrada en Sujumi. 20 años después, a petición de su madre, las cenizas fueron transferidas a Udmurtia, su ciudad nativa.

    Chajrakia recordaba que antes del vuelo, Nadezhda le había contado que iba a casarse muy pronto, la boda ya estaba planeada. Una hora después, sin embargo, quedó claro que no sucedería.

    Escape a Estados Unidos

    Los Brazinskas se entregaron a la policía local. Turquía, a pesar de muchos días de negociaciones a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, no los extraditó a las autoridades soviéticas. Los turcos decidieron investigar el incidente por sí mismos y juzgar a los criminales según sus propias leyes.

    El secuestro del avión se consideró no intencionado, ya que los Brazinskas insistían en que lo habían hecho por temor a ser perseguidos debido a su apoyo al movimiento rebelde lituano durante y después de la Gran Guerra Patria. Cabe señalar que este apoyaba a los nazis durante la guerra. Además, acusó a —inexistentes— guardias armados a bordo del avión de haber matado a la azafata. Así, Pranas fue condenado a ocho años de prisión, y su hijo, Algirdas, a dos años de prisión.

    Pranas cumplió solo la mitad de su sentencia. En 1974, se le concedió una amnistía y se le conmutó la pena de prisión por arresto domiciliario. El padre y el hijo se establecieron en Estambul, y en 1976 solicitaron asilo político en la Embajada de EEUU, pero sin éxito.

    Sin embargo, fueron a Canadá a través de Italia y Venezuela. En una escala en Nueva York, ambos se bajaron del avión y se quedaron ilegalmente en Estados Unidos.

    Una nueva vida

    Las autoridades de EEUU detuvieron a los inmigrantes ilegales, pero no los extraditaron a la URSS. Por el contrario, les ayudaron a establecerse en su nueva patria. Los Brazinskas fueron disidentes antisoviéticos y además recibieron el apoyo activo de la diáspora lituana local. Pronto, Pranas y Algirdas recibieron permisos de residencia y nuevos nombres: Frank White y Albert Victor White.

    Se establecieron en California, se unieron al movimiento antisoviético y escribieron un libro sobre la ocupación soviética de Lituania. Pero pronto el interés por ellos se apagó, los patrocinadores dejaron de darles dinero, y la gente también se negó a ayudar a esta dupla agresiva, en la que el padre ni siquiera hablaba inglés e intentaba atacar a los vecinos tomándolos por agentes de la KGB.

    Pranas murió a manos de su propio hijo en 2002. En una pelea, Algirdas le rompió la cabeza a su padre con una pesa de deporte. El tribunal condenó al asesino a 20 años de prisión.

    Etiquetas:
    Turquía, secuestro, An-24, URSS
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