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    ¿París es cosa de mujeres?

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    Quien hasta hace poco era un hombre del riñón del presidente de Francia, Emmanuel Macron, miembro de su guardia pretoriana desde las primeras horas, se cayó de la lista de buena fe de quienes pelean por alzarse con la Alcaldía de París. Esto, a cuenta de unos vídeos sexuales aparecidos en las redes en un caso bautizado como el 'penegate'.

    La nueva desgracia de Macron tiene nombre: Benjamin Griveaux. Quien fuera Secretario de Estado de Economía y portavoz de Gobierno en los comienzos de la llegada al poder del mandatario galo, ha pecado de imprudente con su vida privada, y las consecuencias saltan a la vista.

    "Estar en política significa estar expuesto", dice al respecto Eduardo Moggia, profesor de la Universidad de Mar del Plata y la Universidad Buenos Aires, y Consultor en Relaciones Internacionales.

    Así, París siempre recordará el Día de San Valentín de 2020 por haber estallado el 'penegate'. Pero a grandes males, grandes soluciones. El inquilino del Elíseo decidió jugarse a todo o nada y tiró la casa por la ventana: puso en las gateras a su ministra de Salud, Agnès Buzyn, quien cuenta con pocas horas de vuelo en esto de la política.

    Ella, junto a la actual alcaldesa de París, Anne Hidalgo, nacida en España, y la conservadora Rachida Dati, antigua ministra de Justicia del exmandatario Nicolas Sarkozy, son el tridente que está en punta para hacerse con las riendas de la ciudad de la luz.

    Los sondeos previos a que estallara el escándalo, adjudicaban a Hidalgo un 25% de la intención de voto, seguida por Dati con un 19%, y en tercer lugar con el 15% se situaba Griveaux, miembro de La República en Marcha, partido que a su vez tiene un díscolo en sus filas, el diputado Cédric Villani, quien se lanzó por cuenta propia, y que le robaba votos al caído en desgracia.

    Ante este río revuelto, Dati se erige para sacar la ganancia de los pescadores: quitarle a Buzyn, quien es de corte progresista, los votos conservadores que pudo haber arriado Griveaux, quien a su vez fue discípulo de otro político caído en desgracia en su día también por un escándalo sexual, aunque de mayor calado, el exdirector gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn.

    Para Moggia, "los franceses quizás no siguieron la lógica de los anglosajones, en el sentido de que en Inglaterra o en EEUU, una cuestión de la vida privada que sale como un escándalo o que sale a la luz, puede costarle la carrera política a cualquier candidato".

    "Hoy en día, siglo XXI, es muy difícil, y más que nada en política, conservar vidas privadas. Y después hay que ver otras cosas: las operaciones que pueda haber para 'voltear' a un candidato", reflexiona Eduardo Luis Moggia.

    Etiquetas:
    escándalo, vida privada, Benjamin Griveaux, Emmanuel Macron, Francia
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