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    "La sociedad española no está basada en el conocimiento, y por lo tanto no es competitiva"

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    España prorroga el estado de alarma por el coronavirus (165)
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    El coronavirus desató varios efectos dominó. Entre ellos, la suspensión de las clases para los estudiantes en varios países. En el caso de España esta situación ha provocado que el Sindicato de Estudiantes lanzara una exigencia a las autoridades educativas del país: cancelación de todos los exámenes y aprobado de curso para todos.

    Aprender vs pasar de curso

    Este sindicato español incluye en el paquete la prueba de acceso a la universidad. Escuda sus exigencias en prevenir la posible expulsión del sistema educativo a jóvenes con menores recursos. Arguye que muchos de ellos pierden pie en las clases online por no disponer de dispositivos informáticos o conexión a internet en sus hogares. Sí, eso pasa en la España de hoy, según esta institución.

    Según reza el texto de su reivindicación, "Los y las estudiantes de familias más humildes tenemos todas las de perder: a nosotros no nos pueden ayudar en casa en muchos casos y por supuesto no tenemos fibra óptica, ni clases particulares, ni espaciosas e iluminadas habitaciones para estudiar y recuperar el tiempo perdido. Sin acceso a la tecnología necesaria para seguir el temario estamos condenados a repetir curso o, directamente, a ser expulsados del sistema educativo", argumenta la organización en el comunicado.

    Esto implica una cuestión filosófica, y también una económica. Por un lado, podría parecer que aprender no es lo importante aquí, ya ni siquiera ser un 'salvador de exámenes', que tampoco implica un aprendizaje, sino pasar de grado.

    "Desde la perspectiva puramente filosófica entramos en una serie de dinámicas en torno a lo que puede ser una discusión entre lo que puede ser el hecho de aprender, y el hecho de tener un título. Se presupone que cuando uno obtiene el título es porque ha aprendido determinadas cosas", señala al respecto el economista José Luis Carretero Miramar.

    Luego está la parte 'logística'. En las historia hay incontables ejemplos de grandes profesionales que para estudiar han tenido que hacerlo a la luz de las velas, en condiciones edilicias muy lejanas de las mínimamente ideales, y a las mencionadas en el texto sindical. Y aunque se pueda argumentar que por estos días gran parte de la educación sea informatizada, y más en tiempos de cuarentena, también ha habido casos de gente que por distintas razones, imprevistos, imponderables, le ha tocado perder un año lectivo o más en su vida.

    "Es verdad que en muchos países del mundo se estudia con muy peores condiciones y gente que estudia con muy peores condiciones. Pero también es verdad que luego cuando se pongan la calificaciones en torno a todo esto, en cierta manera van a ser bastante injustas en el sentido de que va a haber gente que va a tener muy pocas dificultades para obtener una buena calificación, y sin embargo otra gente va a tener muchas dificultades para obtener un aprobado o una buena calificación", defiende el economista.

    Entre la filosofía y el impacto en la vida y la economía real

    Hace unos años el periódico el Confidencial de España publicaba una investigación hecha en la Universidad Complutense de Madrid. Su título "A cambio de euros, títulos universitarios a tutiplén para chinos que no hablan español".

    El reportaje apuntaba a que "a cambio de unos ingresos extra para paliar sus maltrechas cuentas, la universidad española acepta en programas académicos y otorga títulos oficiales a estudiantes chinos que no dominan el idioma a un nivel aceptable para seguir estudios superiores".

    También enumeraba las consecuencias. "[…] Pone en entredicho la reputación de muchas universidades. Redunda negativamente en la calidad de la enseñanza, enoja al resto de estudiantes porque perciben que se ralentiza el aprendizaje y porque observan una discriminación positiva a favor de los compañeros asiáticos".

    "A su vez, los profesores se ven incapaces de lidiar con alumnos que no entienden los contenidos de las materias y que no se adaptan al sistema universitario español. Los docentes sienten que el negocio prima sobre la calidad de la enseñanza y que el afán recaudatorio de los órganos rectores de las universidades los deja en una posición de debilidad ante un problema nuevo cuya solución metodológica no está planificada", reza el reportaje.

    Al respecto, Carretero Miramar sostiene que la sociedad española nunca ha valorado el conocimiento como un elemento fundamental de sí misma. A su entender, "el problema es que una sociedad que tiene su base económica fundamental en trabajar en la construcción, en distintas burbujas inmobiliarias recurrentes, y en el turismo –en servicios con muy bajo valor añadido muy basados en un trabajo flexible, barato, precario– pues no es una sociedad que valore en demasía el hecho de tener profesionales dedicados al conocimiento o con un conocimiento amplio".

    El economista argumenta que eso implica necesariamente que la economía española sea muy sensible a circunstancias externas, y que el coronavirus está dejando al descubierto esta situación.

    "Si tenemos un 30% del Producto Interior Bruto que depende de la hostelería y del turismo, en el momento que los visitantes extranjeros no pueden venir, no tenemos nada: no tenemos una industria que funcione, no tenemos productos de alto valor añadido, no tenemos una Investigación y Desarrollo [I+D] que funcione, y finalmente no tenemos tampoco un aparataje científico que pueda responder frente a una situación de crisis que necesita de ese conocimiento científico, como pueda ser la del Covid-19", afirma José Luis Carretero Miramar.

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    Etiquetas:
    Universidad Complutense de Madrid, economía, exigencias, estudiantes, educación, coronavirus, España
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