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    A comienzos del siglo XIX, el Imperio ruso y el Imperio Británico estaban bastante lejos de ser amigos, y el mundo esperaba una confrontación entre los dos gigantes, que luchaban por el poder militar y político en Asia Central y el Cáucaso.

    El punto de encuentro de los dos gigantes fue Afganistán, una de las regiones más peligrosas y menos exploradas del planeta en ese entonces. La historia empieza en 1831, cuando Alexander Burnes, un explorador escocés de 26 años, pasa por Afganistán y entabla amistad con Dost Mohammed Khan, emir de Afganistán. Esto le serviría a Burnes para convertirse en agente político del Imperio británico en el país asiático.

    Por la misma época, Iván (Jan) Vitkévich, militar ruso de 27 años, conoce a Hussein Alí, un enviado de Dost Mohammed Khan. El emir había enviado a Alí a encontrarse con el zar de Rusia en la capital del Imperio, San Petersburgo. Vitkévich se convirtió, gracias a esta casualidad, en intérprete del afgano y comenzó a recoger valiosa información sobre la situación política en Afganistán.

    En 1837, Vitkévich fue enviado a Kabul en una misión diplomática secreta, pero estando en Persia, los británicos se enteraron por casualidad de los planes del espía ruso. El Imperio británico empezó a sospechar que Rusia quería instar a Persia a atacar Afganistán.

    A finales del mismo año, Vitkévich y Burnes se encontraron en Kabul, y la presencia rusa en Afganistán comenzó a preocupar al Imperio británico, que comenzó a sospechar de las ambiciones rusas en este país.

    "Esta paranoia mutua llevó a un aumento de las operaciones de inteligencia internacional alrededor de Afganistán, con agentes rivales, como Vitkévich y Burnes, enviando a sus países incontables reportes sobre sus colegas", explica el director de cine y político Rory Stewart en un documental 'Afganistán: El Gran Juego', citado por RBTH.

    Vitkévich, como Burnes anteriormente, entabló amistad con Dost Mohammed Khan, lo que llevó la paranoia británica a límites inimaginables.

    "Cada vez que los británicos veían un pintor ruso llegar a la ciudad, un cazador ruso aparecer en la frontera, inmediatamente asumían que era un juego doble de espionaje", detalla el experto.

    Según algunos historiadores, antes de que Vitkévich regresara a su patria, Dost Mohammed Khan consiguió que le asegurara el apoyo ruso en caso de una invasión británica. Las expectativas del emir no se hicieron realidad, pues en 1839 el Imperio británico invadió Afganistán sin que Rusia se inmutara.

    Vitkévich fue devuelto a San Petersburgo, donde los resultados y el éxito de su misión en Afganistán fueron celebrados. Sin embargo, una semana después de regresar, fue encontrado muerto en la habitación de su hotel, junto a un puñado de documentos incinerados.

    La historia oficial apunta a que Vitkévich se suicidó, pero muchos historiadores creen que se trató de un asesinato. Como en todo drama de espionaje y contraespionaje, los rusos creen que el espía murió a manos de los británicos, mientras que estos últimos creen que fue el Imperio ruso el que acabó con la vida de su propio hombre.

    Lea también: 'Caballo de Troya' soviético: el dispositivo espía dentro de un escudo norteamericano

    En todo caso, Vitkévich fue un dolor de cabeza para el Imperio británico, y la desaparición de los documentos hace más factible la versión de un asesinato por parte del enemigo. Lastimosamente, Iván Vitkévich ha sido olvidado en Rusia, mientras que el legado de Alexander Burnes, quien murió en 1841 en Kabul, es bastante celebrado en el Reino Unido.

    Etiquetas:
    espías, Imperio Británico, Imperio ruso, Oriente Medio
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