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    EEUU usa un plan comprobado para sumergir Oriente Medio en el terror y el caos

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    La noticia sobre el supuesto uso de armas químicas contra los oponentes de Bashar Asad que puede provocar un ataque estadounidense contra Siria, coincide con el aniversario del derrocamiento de Sadam Husein.

    Ahora es especialmente útil recordar cómo Washington manipula la información sobre las armas de destrucción masiva y a qué conducen sus métodos en Oriente Medio, escribe Dmitri Liskov, columnista del diario Vzglyad.

    Hace exactamente 15 años, la coalición liderada por EEUU derrocó al "dictador sangriento" Sadam Husein y "liberó al mundo" de la amenaza del uso de armas de destrucción masiva por Irak y Al Qaeda. Sin embargo, al final, no encontraron armas ni vínculos de Bagdad con el terrorismo internacional.
    Mientras tanto, la población vivía objetivamente mejor cuando gobernaba el "dictador sangriento" y no había organizaciones terroristas en Irak, observa el periodista.

    "Político árabe progresista"

    Al empezar la campaña militar contra Irak en 2003, el presidente estadounidense George W. Bush apostó por la propaganda de libertad y democracia. En 2006, al evaluar la situación en Irak, Bush calificó los últimos años de "maravillosos" para el país. En ese momento, Irak ya estaba sumergido en plena masacre religiosa.

    El autor reconoce que Sadam Husein realmente puede llamarse dictador porque estableció en su país un régimen de poder personal. El epíteto "sangriento" también es aplicable en su respecto: la operación contra los kurdos en el norte de Irak, durante la cual se utilizaron armas químicas, puede calificarse como crimen contra la humanidad.

    Pero entonces, en 1980, Occidente hizo la vista gorda sobre estos hechos y no llevó a cabo ninguna investigación, ni convocó a los tribunales internacionales ni formó una coalición para derrocar al tirano, subraya Liskov.

    En aquel el momento Sadam contaba con el apoyo de EEUU, y el "bastión mundial de la democracia" no vio nada criminal en lo que estaba pasando.

    En cambio, durante mucho tiempo, Husein fue considerado en Occidente como un "político árabe progresista". Con su participación directa, fue nacionalizada la industria petrolera en el país, y los ingresos se invirtieron en electrificación y construcción de carreteras. Paralelamente, tuvo lugar la modernización de la agricultura, se implementaron programas de desarrollo industrial.

    Como parte de la lucha contra el analfabetismo, se construyeron escuelas e institutos por todo el país. Se creó uno de los sistemas de salud más efectivos en Oriente Medio. Y a comienzos de los años 80, Irak se había convertido en un estado desarrollado, a donde llegaban inmigrantes laborales de todo Oriente Medio. La popularidad de Sadam Husein crecía a un ritmo sin precedentes.

    Apoyo de EEUU

    Un proyecto alternativo en la región era la revolución islámica en Irán. Teherán apoyó a los grupos chiíes en Irak, y en 1980, Husein lanzó una guerra en su contra. Durante los combates, ambos usaron armas de destrucción masiva.

    En el conflicto entre Irán e Irak, EEUU apoyó a Bagdad. En 1982 Washington eliminó a Irak de la lista de países que apoyaban el terrorismo. Un año más tarde, Husein se reunió con Donald Rumsfeld —el mismo Rumsfeld que en 2003 encabezaría el Pentágono y llevaría a cabo la operación militar contra Irak—. Otro año después, se restablecieron las relaciones diplomáticas entre los países, interrumpidas después de la guerra árabe-israelí.

    Para evitar la sospecha de parcialidad, el autor cita el mensaje de la BBC: "Reagan decidió no admitir la derrota en Irak y proporcionarle datos de inteligencia sobre la ubicación de las tropas iraníes (…) El Gobierno estadounidense sabía que las fuerzas iraquíes usaban casi a diario sustancias químicas contra los iraníes (…) Washington no saludaba estos métodos, pero tampoco los condenaba (…) Los fabricantes estadounidenses suministraron a Irak un gran número de productos químicos y tubos de acero, que podían usarse para fines militares (…) A mediados de la década de 1980, el Departamento de Comercio de EEUU emitió una licencia para la venta a Irak de las cultivos de ántrax".

    El Gobierno EEUU no solo pasó por alto el ataque químico contra las aldeas kurdas en el norte de Irak, sino que fabricó un informe que aseguraba que las aldeas afectadas habían sido atacadas por los iraníes.

    Es decir, los propios estadounidenses criaron al malo de Sadam, analiza Liskov.

    Cambio de política

    La guerra entre Irán e Irak terminó con que cada parte se quedó con lo suyo. Sin embargo, el prolongado conflicto sacudió seriamente la economía iraquí. Para corregir la situación, Husein decidió en 1990 ocupar Kuwait, rico en petróleo.

    Según el autor, el líder iraquí esperaba quedarse impune siendo, de hecho, aliado de EEUU. Sin embargo, la situación geopolítica cambió drásticamente: la ocupación de Kuwait interrumpió el suministro de petróleo al mercado mundial, y las fuerzas iraquíes en la frontera con Arabia Saudí inquietaban a los aliados de EEUU.

    En noviembre de 1990, el Consejo de Seguridad de la ONU autorizó la operación para liberar Kuwait, y pronto las fuerzas de la coalición internacional liderada por EEUU hicieron retirarse a los iraquíes del territorio del país. Además, el Consejo de Seguridad impuso una serie de sanciones a Bagdad, y exigió, entre otras cosas, que destruyera los misiles y las armas de destrucción masiva.

    ¿La culpa es de Bush?
    © Sputnik / Vitaly Podvitski
    ¿La culpa es de Bush?

    A partir de entonces, EEUU se puso a convertir cuidadosamente a Irak en enemigo del mundo, acusándole de represiones, apoyo del terrorismo internacional y creación de armas de destrucción masiva, señala el periodista.

    En 1998, el líder iraquí expulsó a los observadores de la ONU del país. Este impulsivo paso solo añadía leña al fuego. Todo el mundo sabe lo que sucedió después.

    Husein realmente aplicó un extremo antiamericanismo en sus discursos, admite el columnista. Al mismo tiempo, en Irak se un régimen laico, en su Gobierno había cristianos, y los grupos terroristas islamistas se reprimían severamente en su territorio.

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    A juzgar por los hechos confirmados, las armas de destrucción masiva en el territorio de Irak fueron destruidas todavía bajo el control de la ONU, subraya Liskov. Y las "evidencias" de su presencia, demostradas por el secretario de Estado estadounidense, Colin Powell, en la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU en febrero de 2003, fueron falsificadas, añade.

    Ninguno de los políticos que cometieron agresión contra un Estado soberano sobre la base de acusaciones falsas, fue castigado.

    Mientras tanto, los resultados de la "democratización" de Irak son los siguientes: el Gobierno central no controla una parte significativa del territorio del país, donde operan las organizaciones terroristas y continúa la guerra civil. El número de víctimas del conflicto, que continúa desde 2003, se desconoce. La infraestructura ha quedado destruida, el sistema de salud, eliminado, las instituciones educativas, desmanteladas, los museos, saqueados y florece la trata de esclavos.

    Sin embargo, Washington todavía no ha abandonado la idea de montar algo similar en Siria, concluye Dmitri Liskov.

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    armas de destrucción masiva, armas químicas, información falsa, ataque, guerra, intervención, Sadam Husein, Oriente Medio, Siria, Irak, EEUU