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    Hace 37 años se produjo un milagro en un bombardero soviético durante unos ejercicios militares. Una cadena de factores favorables a la tripulación salvó al mayor Mijaíl Chizhov, al teniente mayor Stanislav Drozdetski y al capitán de la nave Viacheslav Merzlikin de lo que podría haber sido una catástrofe.

    En la noche del 24 de marzo de 1983, un Tupolev Tu-22K que despegó del aeródromo de Mozdok debía realizar un lanzamiento de un misil de entrenamiento contra un objetivo situado en el mar Caspio.

    Tras el lanzamiento, la ruta planificada preveía que la nave pasaría por Kursk para aterrizar en la base aérea de Baránovichi, en Bielorrusia. Pero algo inesperado ocurrió y el avión acabó
    aterrizando en Turkmenistán.

     Todo empezó por un error durante el despegue: la radio de la cabina estaba en modo silencio y la tripulación del portamisiles no escuchó la orden de cambiar el rumbo que se le transmitió. Ni el director de operaciones de vuelo ni los centros de control de tráfico aéreo notaron ninguna anomalía, por lo que la ruta del vuelo se configuró a la inversa sin que nadie lo advirtiera.

    Así, llegado el momento de disparar el misil virtual, este impactó contra un objetivo aleatorio en el mar de Azov para poner después rumbo a Baránovichi. O eso creía el comandante de la aeronave.

    A partir de aquí la suerte se puso del lado de la tripulación del Tu-22K: en cuanto las unidades técnicas de radio de la defensa aérea soviética interceptaron un avión que volaba en dirección a la frontera georgiana de la URSS, el aeródromo de Marneuli lanzó dos cazas Su-15 para eliminar la supuesta nave enemiga.

    No obstante, precisamente en ese momento del vuelo, el avión ruso tenía previsto desplegar sus dispositivos de lucha radioelectrónica, lo cual perturbó las señales de radar de los cazas, salvando así al bombardero del ataque. Este pronto se hallaba sobrevolando suelo iraní.

    Todo esto sin que la tripulación fuera consciente de lo que estaba ocurriendo

    Al amanecer, el comandante del nave de serie Tupolev se dio cuenta finalmente de que estaba volando en la dirección equivocada. El piloto reaccionó y se apresuró a poner rumbo hacia el norte para aterrizar en el aeropuerto de Mary-2, en la república soviética de Turkmenistán.

    Sobre el territorio persa la suerte también estuvo de lado de la tripulación del Tu-22K: el vuelo tuvo lugar durante una fiesta musulmana del Ramadán, y durante 2 horas y 6 minutos el sistema de defensa aérea de la República Islámica no detectó el portamisiles. Eso salvó a la tripulación de unas consecuencias mayores y la URSS pudo evitar un escándalo diplomático.

    Etiquetas:
    Tu-22, Túpolev, URSS
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