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    Moto del viajero ruso Oleg Jaritónov

    Diarios de motocicleta: la increíble hazaña del ruso que recorre el mundo

    © Sputnik / Oleg Vyazmitinov
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    Un día, hace tres años, a Oleg Jaritónov, de 46 años, le llegó el momento de comenzar a cumplir un sueño que tenía desde la infancia: partió con su moto a un viaje alrededor del mundo.

    "Quería demostrarme a mí mismo, a los que me rodeaban y sobre todo a mis hijos que los sueños se pueden realizar", dijo en los estudios de Sputnik en Montevideo, Uruguay este motoquero ruso, padre de un jóven de 18 y una niña de seis.

    Como en toda gran aventura, a este ruso intrépido se le presentarían obstáculos que debería sortear. El primero llegó incluso antes de partir. No sabía conducir el tipo de motos necesarias para desafíos todo terreno, tampoco tenía licencia para conducirlas.

    El viajero ruso Oleg Jaritónov
    © Sputnik / Oleg Vyazmitinov
    El viajero ruso Oleg Jaritónov

    "No sabía manejar motocicletas construidas para atravesar caminos no aptos para otros vehículos. Mis amigos, al ver que yo tenía esta limitación dedicaron su tiempo y esfuerzo para enseñarme a hacerlo. Estoy muy agradecido", aclaró y agregó que este dato tuvo que ocultarlo a los sponsors que apoyaron viaje. A contrarreloj, obtuvo el carnet un mes y medio antes de encender el motor.

    Tras tres años conduciendo por rutas, caminos y a veces solo siguiendo su instinto a campo traviesa, Oleg ya lleva recorridos 63 países. Atravesando el Himalaya, alcanzó la altura de 5.350 metros por encima del nivel del mar. En Tayikistán, en una presa en construcción, estuvo a 350 metros por debajo de la superficie de la Tierra. En Siberia su cuerpo resistió los —20 grados centígrados. En Pakistán tuvo que ajustarse a los más de 44 al rayo del sol.

    Este ruso a prueba de todo sobrevivió a la versión más peligrosa de malaria. En su trayecto recurrió a los cirujanos en dos oportunidades. Una vez porque se quebró el brazo, la otra por problemas con su rodilla. Su estómago le generó afectaciones en 10 oportunidades, de las cuales cuatro fueron en la India. Pinchó sus neumáticos cinco veces, tres en la República de Mali. Cambió 10 juegos de llantas, y lleva gastados unos 20.000 litros de combustible. Un día hizo 1850 kilómetros y otro día solo pudo avanzar 50 kilómetros.

    El viajero ruso Oleg Jaritónov
    © Sputnik / Oleg Vyazmitinov
    El viajero ruso Oleg Jaritónov

    "Viajando en la moto comprendí una cosa: lo más interesante comienza cuando sucede un imprevisto. Cuando todo está en regla no es interesante, pero cuando surgen los problemas comienza la parte interesante", señala, y agrega que al dejar su hogar iba en busca de lindos paisajes, pero resultó al conocer los distintos pueblos del mundo se dio cuenta que "lo más importante son las personas".

    "En un futuro cercano tendré que realizar otro viaje igual a este, porque muchas personas que conocí en el camino ahora son seres muy cercanos a mí. No les distingo de mis familiares, a muchos les digo que son mis hermanos. En todos los lugares del mundo la gente simple siempre es muy sensible con el viajero. Cientos de veces he pedido ayuda, ninguna vez he recibido rechazo. He llegado a la conclusión de que todos los seres humanos somos un solo organismo y la fuerza que nos empuja es el bien", asegura este ruso viajero.

    Para sustentar los costos del viaje contó con el apoyo de la Federación de Mototurismo de Rusia, la Sociedad Geográfica Rusa y de sus seres queridos, pero la devaluación del rublo en 2015 hizo que las cosas se complicaran. "Mis ingresos se achicaron muy considerablemente, muchos sponsors dijeron que ya no podían dar más apoyo. Parecía que tenía que volver a casa pero gracias al apoyo de mis amigos pude continuar", confiesa este personaje cuya historia fue replicada en varios medios de América Latina.

    El viajero ruso Oleg Jaritónov en los estudios de Sputnik, Uruguay
    © Sputnik / Oleg Vyazmitinov
    El viajero ruso Oleg Jaritónov en los estudios de Sputnik, Uruguay

    Hoy, en tierras latinoamericanas dice sentirse "muy feliz". "En Argentina encontré un país con una larga historia cultural, con personas que me resultaban cercanas y me daban ánimo. Encontré una enorme hospitalidad. No estaba en mis planes pasar por Uruguay, pero Sputnik me invitó a pasar y estoy muy contento de haberlo hecho. Este es un país más chico que los demás, pero su hospitalidad no tiene rival", valora el motoquero, a quien todavía le queda un sueño: visitar en Bolivia el sitio donde murió uno de sus máximos ídolos, el Che Guevara.

    "Su figura puede generar polémica, pero nadie puede decir que no era justo consigo mismo. Además era motociclista", concluye. Oleg continuará su viaje por de sur a norte de América hasta llegar a Alaska, cruzará a Rusia y atravesará Siberia para volver a Moscú en agosto de 2018 y cumplir una deuda de honor: acompañar a su hija en el primer día de escuela primaria, el primero de septiembre de ese año.

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