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    La entrada anunciada de Egipto en la guerra civil de Libia supone la internacionalización definitiva de un conflicto armado en un Estado fallido pero rico en recursos petrolíferos, donde convergen intereses políticos, religiosos y económicos contrapuestos de distintas potencias regionales.

    Desde hace meses, Turquía y Rusia aprietan en favor de la consecución de un alto el fuego creíble y sostenible en esta castigada parte del norte de África que enfrenta desde 2014 a dos bandos que se muestran irreconciliables. Por un lado, el Gobierno de Acuerdo Nacional, encabezado por Fayez Sarraj, con sede en Trípoli, la capital. Enfrente, el Ejército Nacional Libio, asentado en Tobruk y comandado por el mariscal Jalifa Haftar.

    Las tropas de Haftar ya controlan buena parte del territorio libio, desde Tobruk hasta Sirte, pasando por Bengasi, pero la ofensiva que lanzaron hace 14 meses para tomar Trípoli no ha conseguido sus frutos. Eso se debe esencialmente a la potente ayuda militar que Turquía presta hace prácticamente ocho meses a las milicias que defienden la capital y sus suburbios. Esa colaboración salvó a Sarraj del colapso, pero prolongó las hostilidades.

    Ankara presente

    La decisión, tomada a finales de 2019, fue evidentemente iniciativa del todopoderoso presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. Desde enero Ankara ha enviado a la zona al menos a un centenar de oficiales militares turcos; ha transferido armamento, equipo militar y defensas aéreas a Trípoli y la cercana Misrata, violando así el embargo internacional de armas decretado por la ONU sobre Libia; ha estacionado buques de guerra que hostigan con misiles a las fuerzas de Haftar, mientras sus cazas controlan los cielos libios.

    También, Turquía ha desplegado un contingente de 2.000 combatientes del Ejército Nacional Sirio, un grupo rebelde sirio adepto a Ankara, para apoyar a los partidarios de Sarraj. Todo eso equilibró la balanza de la guerra.

    Erdogan asegura que su participación es legítima y no supone una flagrante injerencia extranjera. Alega que fueron invitados por el primer ministro y el Parlamento nacional. Y no duda en calificar de hipócritas a las autoridades de Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Francia y Rusia, países que siguen reconociendo el Gobierno de Sarraj, pero simpatizan de distinta forma con su oponente.

    ¿Por qué se metió Erdogan en el avispero libio? ¿Qué le movió a entrar en esta compleja partida de ajedrez donde participan múltiples jugadores?

    Se aprecian tres razones de peso:

    • geoestratégicas,
    • religiosas,
    • económicas.

    Los motivos geoestratégicos apuntan a sus ambiciones en la parte oriental del Mediterráneo, lo que explicaría la fuerte respuesta egipcia. Durante más de una década, Ankara ha estado buscando acuerdos de delimitación marítima con Egipto y Libia que desafiaran la pretensión de Grecia, su histórico rival, de obtener grandes áreas de jurisdicción alrededor de las islas griegas y de Chipre, lo que dejaría así una estrecha franja de agua y lecho marino a Turquía.

    Los planes de Erdogan y Al Sisi

    El papel fuertemente activo de Erdogan en esta guerra civil se entiende dentro de sus planes expansionistas. Para encajar mejor las piezas de puzle, baste recordar que Libia formó parte del extenso imperio otomano hasta 1911. Las intenciones del líder turco son imposibles de ignorar tanto para una OTAN paralizada y abiertamente en crisis como para una Unión Europea demasiado ocupada en gestionar los terribles efectos del COVID-19. La acción exterior de países como Francia, Italia, España y Grecia, todos ellos Estados de la orilla norte del Mediterráneo, no atraviesa precisamente un buen momento en estos tiempos de pandemia.

    ​También existe un importante elemento personal que conecta las motivaciones políticas con las religiosas. Erdogan ha actuado contra el presidente egipcio, Abdelfatah al Sisi, desde que este llegó al poder en 2013 como consecuencia del golpe de Estado militar que acabó con el gobierno islamista democráticamente elegido y presidido por el difunto Mohamed Mursi, destacado miembro de los Hermanos Musulmanes.

    "Ambos son la némesis uno del otro. Un general secular que encierra a políticos islamistas [Sisi] frente a un político islamista que encierra a generales seculares [Erdogan]", resume con precisión el analista turco-estadounidense Soner Cagaptay, citado por el diario The Washington Post.

    Las razones religiosas se presentan a largo plazo y trascienden el turbulento marco de Libia; se fundamentan en la lucha por ampliar (Turquía) o reducir (Egipto) el poder de los Hermanos Musulmanes y otros grupos integristas que El Cairo considera fuentes de terrorismo e inestabilidad.

    Los lazos del presidente turco con los Hermanos Musulmanes son aun muy estrechos y por eso abundan las imágenes donde se le ve haciendo el gesto de la "rabaa" que se suele usar en Egipto como manifestación de protesta y es, por tanto, una provocación para Al Sisi. En el fondo, Erdogan trata de contener a sus principales adversarios musulmanes: Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Egipto.

    Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía, haciendo el gesto de la rabaa
    © REUTERS / Kayhan Ozer/Turkish Presidential Press Office/Handout
    Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía, haciendo el gesto de la "rabaa"

    El petroleo libio

    Finalmente, los móviles económicos buscan acceder a los yacimientos libios de gas y de petróleo, así como continuar con las compensaciones financieras por las enormes pérdidas, miles de millones de dólares, que diferentes empresas turcas, especialmente las dedicadas a la construcción, sufrieron en Libia, cuando el régimen de Muamar Gadafi se desmoronó en 2011 hostigado por las bombas de la Alianza Atlántica.

    Al Sisi considera que la situación en la vecina Libia no salo amenaza los intereses de Egipto sino la seguridad de los países del Mediterráneo. Con esos firmes argumentos, el Parlamento de El Cairo dio luz verde, el pasado 20 de julio, a una resolución que autoriza la intervención de las tropas egipcias fuera de sus fronteras. 

    "Creo que será una aventura militar peligrosa para Egipto", respondió Ibrahim Kalin, consejero y portavoz del presidente turco, al conocer esa noticia. La voz de Erdogan señaló que el despliegue egipcio dañará los esfuerzos para encontrar una solución política al conflicto. Kalin insistió en que cualquier negociación de alto el fuego debe incluir que las fuerzas de Haftar regresen a las líneas del frente que existían en 2015, una exigencia que el mariscal no acepta.

    La iniciativa de Al Sisi y la actitud de Erdogan acercan la temible posibilidad de que se produzca un choque militar entre turcos y egipcios en Libia, un escenario que no beneficiaría a nadie o solo a terceras partes. ¿Se convertirá Libia en la Siria del Magreb?

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Etiquetas:
    guerra, petróleo, conflicto, Recep Tayyip Erdogan, Abdelfatá Sisi, Turquía, Egipto, Libia
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