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    Biopiratas del siglo XXI y la "transmaterialización" de la vida (I parte)

    © CC0 / Pixabay
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    Lo que está a punto de leer, bien vale un guión de cine. Claro que primero tendríamos que sustituir el galeón por jets privados, el icónico parche en el ojo por un microscopio y la tradicional bandera de la calavera y los huesos, por algún logo de una farmacéutica.

    "Son los biopiratas de nuestro siglo y esta es su desconocida  historia", diría alguien a baja voz mientras lee un artículo digital que bien podría ser este.

    En un no tan lejano 1993…

    La película, lamentablemente basada en hechos reales, comenzaría con una particular reunión en el pequeño poblado de Jackson Hole, en Wyoming, Estados Unidos.

    Estamos a principios de la década de los noventa y la borrachera neoliberal, producto de la desintegración de la Unión Soviética, es el terreno ideal para que Charles Sandford Jr, CEO de Bank Trust, diserte sobre los mercados financieros que serán modelados desde ese momento hasta el año 2020.

    Su discurso suele conocerse como la 'carta magna' de una nueva perspectiva donde queda claro que "ya no es la verdadera economía la que impulsa (rá) los mercados financieros" sino viceversa.  

    Para el gurú bancario Sanford, la riqueza existe en la medida en que entendemos que todo en el mundo puede ser convertido en un producto financiero. En otras palabras, nos propone que dejemos de percibirla como 'bienes tangibles' y la veamos más como 'riesgos asumidos' frente a ella, como ocurre en el caso de los derivados.

    Solo para hablar el mismo lenguaje: "Los derivados son instrumentos o contratos financieros cuyo valor depende del precio de otro activo (subyacente). Se usan para protegerse contra un riesgo de mercado. Operan tanto en el mercado regulado y no regulado (OTC)".

    Esto al menos en la jerga aséptica de la economía financiera. Para quienes asistimos en primera fila al colapso económico de las hipotecas de vivienda en Estados Unidos, en el año 2008, la definición es un eufemismo. Pero no nos adelantemos…volvamos a Wyoming.

    Allí, un filosófico Sanford, proclamaría que la economía debía abandonar el punto de vista  newtoniano, es decir, el enfoque 'en los objetos tangibles' y debía comenzar a preocuparse por "una perspectiva más acorde con el mundo no lineal y caótico de la física cuántica y de la biología molecular". Bautizó su nueva invención como 'finanza de partícula'.

    En este momento del imaginario film que describimos, los extasiados banqueros danzan felices ante su nuevo tótem, mientras una voz en 'off' da paso a dos preocupados expertos.

    Hay que recordar que no es una película heroica, sino más bien una que se mueve en las salvajes fronteras de la comedia oscura y el cine documental. 

    El investigador, Fernando Coronil, confía a la audiencia que esta "finanza de partícula permitirá a las instituciones financieras consolidar toda su riqueza e inversiones en 'cuentas de riqueza', y fragmentar estas cuentas en partículas de riesgo derivadas de la inversión original, las cuales pueden ser vendidas como paquetes en una red global computarizada".

    ¿Cómo cuando juntas muchas inversiones dispares, como por ejemplo, un lote de hipotecas por aquí, unas deudas de grandes constructoras por allá y lo aderezas con la expectativa de producción de unos pozos de petróleo en Medio Oriente? Bueno así.

    El periodista del Time, Joshua Cooper Ramo en un artículo titulado hábilmente The Big Bank Theory, abordará por su parte, los cambios suscitados en el mundo financiero a partir de que Sanford mostrara la nueva tierra prometida.

    Describe cómo los llamados 'derivados', producto estrella de la nueva forma en que el sector bancario 'gerencia los riesgos', rediseñaron el mundo de los negocios:

    "Imaginemos el mundo como un paisaje de oportunidades —todo, desde los bienes raíces en peligro de Japón, hasta los valores futuros (futures) del petróleo ruso— es mercadeado y empacado por bancos gigantes como Bankamérica, o por compañías financieras como Fidelity Investments y el Vanguard Group. (…)", apunta Cooper Ramo.  

    Coronil añade que esto era solo el comienzo. Más allá del petróleo o los bienes raíces, también son susceptibles de entrar en esta lógica "los valores futuros de los aromas de Gabón, el turismo de Cuba, la deuda externa de Nigeria, o cualquier cosa o fragmento de cosa que pueda ser convertida en mercancía".  

    El cambio de paradigma tiene dos consecuencias profundamente demoledoras. La primera, puede que la más obvia, refiere a la apropiación total del planeta como un bien transable dentro del mercado de valores. Lo segundo, la perpetuación de estas megacorporaciones como males inevitables para el resto de la población mundial.

    Así como lo refiere el periodista del Time "El efectivo E-(lectrónico), las cuentas de riqueza, y los derivativos de los consumidores harán que estas firmas sean tan esenciales como lo fue antes la moneda. (…) Si la inmortalidad del mercado puede ser comprada, éstas son las personas quienes averiguarán cómo lograrlo. Y lo estarán haciendo con su dinero" concluye Cooper Ramo.  

    La "transmaterialización" del mundo

    Lógicamente al asistir a la película, pensaremos que no viene a ser una particularidad histórica la apropiación de la naturaleza con fines comerciales, y nos vendrá a la mente los minerales o especias comercializadas desde hace siglos.

    Ni siquiera nos tomará por sorpresa la expansión del mercado a los más variados aspectos de la vida humana, pues tenemos el ejemplo de la esclavitud como un ejemplo de vergüenza, demasiado cercana. 

    Lo realmente nuevo de la religión creada por los banqueros de riesgo del mundo occidental, es lo que desde la perspectiva del sociólogo Edgardo Lander son las formas en las cuales hoy se está buscando superar las barreras en la que será posible "mercantilizar la vida del planeta tierra".

    Para ello, las corporaciones han emprendido diversas cruzadas para empaquetar el mundo y venderlo a voluntad.

    Dichos obstáculos se representan en la eliminación cada vez más evidente de los Estados Nación, como ente regulador de los territorios y las sociedades. Con lo cual es posible el acceso a los recursos de maneras más rápidas y sin contraloría de ningún tipo. Por otro lado, la superación de las barreras tecnológicas hace cada vez más viable "la conversión de la naturaleza en mercancía" y la incorporación al mercado de nuevos elementos, "tales como materiales genéticos o plantas medicinales", es decir, la creación de una 'tecnonaturaleza'.

    Pero uno de los aspectos más preocupantes es cómo extensiones del sistema financiero global, el Banco Mundial en especial, creó una doctrina para conceptualizar la riqueza de las naciones, donde tuviesen cabida tanto "el capital natural" como los "recursos humanos".

    Según Coronil en dos libros editados por dicho banco, Monitoring Environmental Progress (1995), y el segundo Expanding the Measures of Wealth: Indicators of Environmentally Sustainable Development (1997), se expresa sin ningún pudor, que tanto seres humanos como materia prima sean vistos como capital y manejados bajo la noción de un 'portafolio' de negocios.

    En este caso, el Banco Mundial alienta a que los "agentes de desarrollo sean como corredores de la bolsa, y que el desarrollo sea como una especie de apuesta en un mercado riesgoso, en vez de un imperativo fundamentalmente moral", señala el investigador.

    Las consecuencias que de esto se derivan ya las estamos viviendo. Al confluir la revolución paradigmática de Sanford y sus finanzas de partículas con la conversión de prácticamente cualquier cosa en un valor financiero a ser transado en una red computarizada a nivel global, estamos asistiendo a lo que Coronil reconoce es la "transmaterialización" de la riqueza.

    Los comerciantes trabajan en la NYSE en Nueva York
    © REUTERS / Brendan McDermid
    El resultado es que la economía del planeta ya no esté impulsada por "el comercio de carros ni de acero y trigo, sino por el comercio de acciones, bonos y monedas", es decir, no por la economía real sino por la especulativa.

    Con el añadido, por supuesto, de que los Estados pierden cada vez más soberanía sobre sus riquezas energéticas y minerales, dándole la batuta a los comercializadores de 'derivados' quienes ya superaban tres veces al PIB mundial para el año 2012..

    El episodio de Wyoming se disuelve, mientras una voz que nos guiará en el complejo y vedado mundo de la Biopiratería declara: "El mundo es un paisaje de oportunidades, puesto allí para que los más poderosos lo naveguen".

    Y sin que su identidad sea aún conocida, deja una pregunta al vuelo:

    "¿Sabes por qué nadie está hablando del proyecto para internacionalizar la Amazonía?"

    Por supuesto, la única respuesta posible es encender el grabador y prestar máxima y profunda atención.

    No te pierdas la segunda parte del material sobre la biopiratería del siglo XXI


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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